Guion: Jill Thompson.
Dibujo: Jill Thompson.
Páginas: 208.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Junio 2018.
El descomunal legado del Sandman de Neil Gaiman (aquí, reseña de su primer volumen) ha tenido diferentes garantes, pero se puede decir que desde que nació la serie quien ha desempeñado ese papel con más cariño es Jill Thompson. Jugar con los personajes de otros es algo que puede hacer cualquiera, hasta los aficionados, porque a todos se nos pueden ocurrir historias, ideas o cambios para nuestros personajes favoritos. Pero tener la capacidad de reinterpretar de una manera diferente lo que ya está establecido es algo que no todo el mundo puede hacer. Y Thompson lo hace con Sandman. Lo hizo con sus Pequeños Eternos, el salto de estos personajes al cuento infantil que vimos en El libro de cuentos de los Pequeños Eternos (aquí, su reseña) y después en La fiesta de Delirio (aquí, su reseña). Y lo hace con Muerte. A las puertas de la muerte, con una revisión en clave manga de uno de los grandes acontecimientos de la epopeya que diseñó Gaiman, el momento en el que Sueño tiene que hacer cargo del Infierno porque Lucifer no quiere seguir a él, pero contado desde el punto de vista de una de sus hermanas, Muerte, claro está. Thompson consigue que, cambiando por completo la clave narrativa, nos sigamos sintiendo dentro del mundo de Sandman. Hacer manga no es solo dibujar de una manera concreta, sino que se modifican muchas más cosas.
Y eso Thompson, que también dibujó en la Sandman original, lo entiende de una manera espléndida. Para empezar, por su manera de escribir. El tiempo no funciona igual. Los personajes se manifiestan de maneras diferentes. La misma historia, siendo la misma, enfatiza cosas diferentes. Qué difícil es encontrarle costuras a la historia, incluso conociendo y adorando la original de Gaiman, con la que comparte de hecho algunas secuencias, aquellas en las que Sueño aparece. Y lo que Thompson utiliza para completar el relato es tan divertido que no hay muchas pegas que ponerle a su trabajo. Al contrario, es, probablemente, una muy buena forma de que quien todavía establece barreras de género y procedencia tenga un enganche fundamental para lanzarse de lleno a descubrir la historia original. Thompson propone una dosis de locura mucho más amplia y un tono desenfadado que lógicamente el relato de Gaiman no tiene (porque no quiere tenerlo, ojo, no se trata de confrontar versiones, sino de entenderlas como lo que son, complementarias), usando de una manera divertidísima tanto a Delirio como a Desesperación, y planteándonos una forma alegra y ligera de ver lo que sucedió con las almas que salieron del Infierno mientras Lucifer se planteaba qué hacer en el futuro.
En el dibujo, la cosa queda clara desde la misma cubierta del libro. Thompson es la responsable de haber creado las versiones más adorables de los Eternos, y gana todavía más puntos con la forma en la que interpreta a todos los personajes desde una estética manga. Tiene tanta imaginación, que no importa los pasos que dé en la historia porque lo hace con la más absoluta seguridad de que cuando toque dibujarlos lo va a poder hacer. Todo lo que sucede en la fiesta que organiza Delirio va en ese sentido. Cada vestuario nuevo para Muerte, y tiene unos cuantos en estas páginas, también. Y el blanco y negro con el que ejecuta el tebeo no es impedimento alguno para que Sandman esté en nuestra cabeza de principio a fin y para que, en cada página, estemos pensando en lo genial que es Thompson para ser capaz de hacernos reír con lo que hace tantos años nos impresionó de tal manera que todavía hoy la obra de Neil Gaiman sigue siendo uno de esos cómics a recomendar y redescubrir. Como lo que Thompson hace con esta franquicia, porque solo ella sabe moldearla de una manera tan hábil, divertida y, por qué no decirlo, bonita. Porque esta mujer dibuja de una manera preciosa, con un encanto indiscutible y sabiendo exactamente lo que hace. Y más si Muerte y sus hermanos, los Eternos, están de por medio.
Vertigo publicó originalmente Death: At Death’s Door en octubre de 2013. El único contenido extra es un portafolio de bocetos de Jill Thompson.
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