CÓMIC PARA TODOS

Cine – ‘Kingsman. El círculo de oro’, de Matthew Vaughn

Título original: Kingsman: The Golden Circle.

Director: Matthew Vaughn.

Reparto: Taron Egerton, Colin Firth, Tom Strong, Julianne Moore, Hale Berry, Channing Tatum, Elton John, Jeff Bridges, Pedro Pascal, Edward Holcroft, Hanna Alstrom, Bruce Greenwood, Emily Watson, Sophie Cockson, Michael Gambon.

Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn.

Música: Henry Jackman, Matthew Margeson.

Distribuidora: 20th Century Fox.

Duración: 141 minutos.

Estreno: 20 de septiembre de 2017 (Reino Unido), 22 de septiembre de 2017 (Estados Unidos y España).

No es buena señal que la crítica de una secuela pueda llenarse de típicos. Inferior a la película original, carente de la frescura del primer filme, un intento de hacer algo más grande pero sin el mismo acierto… Y sí, todo eso encaja en la valoración de Kingsman. El círculo de oro, secuela lógica de la exitosa Kingsman (aquí, su crítica). Esas sensaciones pesan mucho en la primera media hora de la película, la que logra que este filme se vaya más allá de las dos horas de una manera innecesaria y exagerada. Pero la cosa va mejorando con el paso de los minutos hasta el punto de que la película llega a salir relativamente airosa del justo carrusel de tópicos y dejando el sabor de una cinta entretenida. La clave está en el carrusel de cameos y apariciones que va propiciando la historia y que, en el fondo, se ha sabido encontrar un contexto inteligente para expandir el universo de Kingsman desde el tópico de la aniquilación casi total de la agencia para que sus escasos supervivientes, lógicamente los protagonistas de la primera parte, encuentren al culpable de su destrucción y le hagan pagar sus crímenes, todo ello aderezado con la violencia digital que Matthew Vaughn lleva a cada pieza de acción, tratando de emular, aunque no siempre con el mismo acierto, la salvaje escena de la iglesia del primer Kingsman.

Esa sensación de repetición vacía, la que siempre amenaza a cualquier tipo de secuela, se siente en la primera escena de acción. La aparición de Julianne Moore como una histriónica jefa de un poderoso cartel de la droga no termina de ayudar a la película. Pero a medida que va tomando relevancia un sensacional Tom Strong (ojo a su escena final en esta película, uno de esos delirios que hacen de Kingsman algo muy divertido) y van sucediéndose esas apariciones de nuevos personajes, a cada cual más divertida, con la introducción en la historia de Statesman, la agencia americana análoga a Kingsman, la película va mejorando bastante, sabiendo aprovechar todo lo que necesita de las películas de James Bond, todo lo que funciona del toque Kingsman que aporta Vaughn y olvidándose ya por completo de su referencia comiquera, como ya hizo la primera película y por mucho que Mark Millar y Dave Gibbons sigan figurando como productores ejecutivos. Como el final vuelve a ser un carrusel de movimientos de cámara salvajes y coreografías de acción imposibles (y eso es quedarse corto en algunos casos), lo mejor, lo más sorprendente y lo que incide en el cinismo que da valor a El círculo de oro está en el tramo central, donde la más básica de las premisas da lugar a escenas bastante notables.

Ahí destaca el breve pero clave papel de Bruce Greenwood dando vida al presidente de los Estado Unidos. Es ahí donde la película se convierte en algo más que en una sucesión de saltos y mamporros difíciles de seguir por el ojo humano y donde podemos olvidarnos de una factura excesivamente digital en todo (hasta en los planos generales y las escenas de masas, que es donde mejor se puede enmascarar el efecto del ordenador). Desde luego, habrá quienes prefieran ese espectáculo descontrolado, que el mismo que fue marca de fábrica en Wanted (aquí, su crítica) y que Vaughn supo abandonar para adaptarse al universo Marvel en X-Men. Primera generación (aquí, su crítica), y tampoco es algo reprochable, habida cuenta de que seguramente es esto lo que ha permitido que haya una secuela. Y sí, es divertido, para qué negarlo. Pero lo que hace que El círculo dorado consiga remontar el vuelo no está ahí, sino en la desenfadada reflexión que hace sobre el consumo de drogas (qué cantidad de posiciones diferentes vemos en la película) y sobre las relaciones entre dos agencias gubernamentales tan peculiares como Kingsman y Statesman. Y por supuesto, la clase de Colin Firth aleccionando de nuevo a Taron Egerton hace su parte para que nos lo pasemos bien. No tanto como con la primera entrega, pero sí cumpliendo el expediente mejor de lo que se podía pensar de inicio.

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Esta entrada fue publicada en 3 agosto, 2018 por en 20th Century Fox, Cine y etiquetada con , .

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