CÓMIC PARA TODOS

‘Wild Worlds’, de Alan Moore

Editorial: ECC.

Guión: Alan Moore.

Dibujo: Carlos D’Anda, Al Río, Michael López, Jim Baikie, Travis Chearest.

Páginas: 224.

Precio: 22 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Mayo 2018.

Hay pocos autores tan polifacéticos como Alan Moore. Muy pocos. De casi todos los escritores podemos decir en qué son buenos, qué dominan por encima de cualquier otra cosa. En cambio, con Moore sería difícil destacar algo en concreto por encima del resto de inquietudes que asoman en su increíblemente variada trayectoria. Sí, sus revolucionarias obras de los años 80 sirven para definirle mejor que cualquier otra cosa, pero no le delimitan como artista. Historias como las de Wild Worlds, cuatro y de distinta extensión, ayudan a que nos demos cuenta de lo particular que era Moore, dicho en pasado por su retirada del mundo del cómic anunciada ya hace algún tiempo. En estas páginas asistimos al fin del universo con la misma inquietud que al baile hipnótico de una stripper o al combate entre una rotunda mujer de cabeza afeitada con un robot asesino. Por eso es tan imposible trazar una línea que defina a Moore, por eso en cada una de sus obras se pueden encontrar elementos que hagan de la lectura una sorpresa continua. Desde luego, quien espere ver Watchmen (aquí, su reseña) o algo parecido cada vez que Moore firma en una portada, se va a llevar un chasco, aquí como en Tomorrow  Stories (aquí, su reseña)  o en cualquier otro de sus libros de diversión pura y dura. Que los tiene, sí.

Y eso que el libro empieza fuerte. En Majestic. El gran frío es donde se aproxima al fin del universo. Lo hace con un tono melancólico y muy emocional, sin dar grandes razones sobre este final, simplemente enfocando la historia a través de los últimos supervivientes, entre ellos el mencionado protagonista, y con un muy buen dibujo de Carlos D’Anda. Es, probablemente, el segmento en el que más fácilmente se reconocerá al mejor Moore, y la pequeña joya que, por sí sola, justifica la existencia de Wild Worlds. El de Deathblow. By blows es el Moore que se entrega a la acción más frenética. Primero lo hace brindando a Jim Baikie una secuencia casi sin diálogo que nos invita a pensar en algo más experimental, pero que después se centra en una lucha por la supervivencia en un mundo extraño y en el que nada parece demasiado anormal para ser verosímil. El final, con una cita incluida de Winston Churchill, es lo suficientemente desconcertante como para regresar al comienzo del relato para estudiarlo las veces que sea necesario. Queda para el final del libro una muy breve historia de los WildC.A.T.S., a los que ya trató de una manera más extensa (aquí, su reseña), y que apenas nos deja disfrutar del dibujo de Travis Chearest en ocho páginas que casi tienen el único objetivo de que Moore pueda decir que estuvo en el número 50 de la serie.

La historia más larga del libro es la que aparece en segundo lugar. Voodoo. La gran oscuridad sigue a una bailarina exótica que encuentra una conexión mística con el vudú, con una parábola tan previsible que casi parece impropia de Moore pero que, en el fondo, invita a pensar en lo mucho que su erudita mente tiene que estar disfrutando a costa de los demás. La historia tiene una apariencia tremendamente sencilla, es un thriller de manual, y está pensada para establecer las conexiones más básicas, con una heroína no solo sexy en el misterio que busca resolver sino hasta en sus poses más cotidianas, pleitesía absoluta al personaje femenino que dominaba el cómic americano en los 90. Al Río y Michael López, con un dibujo a ratos jscottcampbelliano, consiguen llevar a la página la fantasía oscura y el erotismo sórdido pero light que quiere tener la historia de Moore, un relato de escapismo puro en el que resulta difícil encontrar la erudición habitual de Moore, más allá de las leves explicaciones sobre el trasfondo. Voodoo es exactamente lo que parece, el relato de una stripper con habilidades psíquicas vinculadas con el culto del que saca su nombre en una historia que no pretende ir más allá. No es este un mundo tan salvaje como pueda hacernos pensar el título, pero basta para que disfrutemos con un Moore menos grave y más liviano.

El volumen incluye el primer número de WildStorm Spotlight, los cuatro primeros de Voodoo, los tres primeros de Deathblow: By Blows y el 50 de WildC.A.T.S., publicados originalmente por WildStorm entre abril de 1997 y mayo de 1998.

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