Guión: Ryan Ferreira.
Dibujo: Matías Bergara.
Páginas: 56.
Precio: 15 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Mayo 2018.
Cuando se está tan cómodo en un sitio, es difícil imaginar que pueda haber un final. Sons of Anarchy, la serie de televisión, echó el cierre después de siete temporadas y 92 episodios. El cómic, ya traducido como Hijos de la Anarquía, cogió el relevo con vigor, fidelidad a la propuesta original y muchas ganas de contarnos buenas y nuevas historias. Pero en el sexto volumen, con 25 números americanos y dos años de lectura, la carretera también llega a su final. Nunca se puede estar seguro de que esto sea un adiós definitivo, y cuando la despedida se produce sin que haya un agotamiento real el sueño de que volvamos a vernos en el camino es más factible. Dejémoslo en que este es un punto y aparte, que siempre es, además, una manera más romántica de verlo. Es un punto y aparte notable, que ahonda en las raíces de lo que hace de Hijos de la Anarquía una franquicia atractiva en cualquiera de sus manifestaciones, los lazos familiares y las conexiones delictivas. El grupo en sí mismo, con sus problemas y sus historias personales, y el IRA, el grupo terrorista irlandés, todo mezclado en una historia que tiene dos escenarios muy bien llevados de manera paralela por Ryan Ferrier y que Matías Bergara dibuja con firmeza y sabiendo aceptar el mimetismo hacia los personajes televisivos pero sin verse atrapado por esa exigencia.
Quizá el gran enemigo que haya podido tener Hijos de la Anarquía hasta este punto, aspecto que un número final no tiene nunca la pretensión de borrar, es que no estamos ante un tebeo realmente diferente, que tenga una marcada personalidad independiente del producto del que se desgaja. No quiere seguir ese camino, nunca lo ha querido, pero es cierto que eso puede ir en contra de las expectativas de algunos lectores y reducir su nicho de mercado a quienes provengan de la serie de televisión. Ferrier, en todo caso y por mucho respeto que manifieste, que lo hace, no escribe solo para fans, y eso es lo bueno que ha tenido siempre este cómic y que se mantiene hasta esta despedida. La historia final, que en realidad no es un final más que editorialmente hablando, es eficaz sobre todo por lo bien que maneja tiempo y espacio. Sus dos historias son sencillas, claras y directas, tópicas en algún aspecto incluso, pero están muy bien hiladas y mejor ambientadas. Es puro Hijos de la Anarquía, lo que resulta más que suficiente para convencer teniendo en cuenta que nos hallamos dentro de esa franquicia, y a la vez una historia inteligente que está bien narrada y que entiende el ambiente en el que tiene que desarrollarse. Ferrier comprende buen el marco y los personajes, y eso le permite acertar con lo que está contando con relativa facilidad.
Bergara, que no es nuevo en este mundo de Hijos de la Anarquía, maneja muy bien a los personajes y los distintos escenarios. Se amolda muy bien a la historia, domina un entorno rural con lluvia tanto como el interior de un almacén destartalado y desarrolla bien la historia, a los personajes y la violencia que tiene el relato. Ahí es, quizá, donde mejor se desenvuelve Bergara. Hijos de la Anarquía tiene que ser violenta, pero no tiene por qué ser siempre explícita. El ilustrador acepta ese reto y no se queda en lo fácil ni en lo previsible. Hay mucha tensión en su dibujo, en la forma en la que plantea las secuencias o en cómo enfoca a los personajes, y ahí es donde demuestra fundamentalmente que es un ilustrador perfectamente capacitado para contentar a los fans de la serie y también para contar una historia que transmita todos sus mensajes a quienes nunca hayan visto un episodio del producto televisivo. Esas sensaciones, como decíamos, las hemos tenido en todos los volúmenes del cómic, y eso es digno de elogio, porque evidencia un respeto hasta el lector que se añade a la fidelidad que se le ofrece al aficionado previo. No hay mejor manera de servir un tebeo que trata de aprovechar un éxito pero que a la vez sabe dónde está su techo, aunque eso mismo pueda ser una gran piedra sobre su tejado.
El volumen incluye los números 23 a 25 de Sons of Anarchy, publicados originalmente por Boom! Studios entre julio y septiembre de 2015. El contenido extra lo forman las portadas originales de Toni Infante y Robert Sammelin y uno de los guiones de Ferreira con los bocetos y páginas a tinta de Bergara.
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