Guión: François Rivière, Nicolas Perge.
Dibujo: Javier Sánchez Casado.
Páginas: 96.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2018.
Siempre es agradable que un tebeo pensado para entretener a lectores juveniles, y Las sorprendentes aventuras de Benjamin Blackstone lo es, tenga premisas que incitan a la lectura tan claramente como lo hacen las que manejan Francois Rivière y Nicolás Perge al guion y Javier Sánchez Casado al dibujo. El cómic, más que cualquier otra cosa, es un canto de amor a la literatura de aventuras, la de siempre, la clásica, la que muchos han conocido a través de sus versiones cinematográficas y no en los libros originales. Es algo así como una especie de Jumanji literario. Lo que en la película de Joe Johnston protagonizada por Robin Williams era un juego de mesa, aquí son, simplemente, los libros de una formidable Biblioteca. En su interior transcurre está historia, protagonizada por un niño y por un fantasma, y da igual que hablemos de las obras de Homero, de Kypling o de Lovecraft, que de todo hay en esta trepidante y alocada propuesta, el caso es que hay un respeto reverencial por los libros. De esta manera, es fácil pensar que un buen rato en este mundo llevará a los lectores a interesarse por las obras a las que homenajea. No es un truco nuevo, pero sí uno eficaz, porque combina el sabor de lo conocido con unos personajes pensados para engancharnos, aunque por momentos el movimiento sea tan intenso que resulta fácil perderse.
Ese es con claridad el mayor enemigo que tiene Benjamin Blackstone, la intensidad del ritmo que coge en algunos momentos. La idea es buena y ganadora, todo lo que suponga un viaje dimensional va a tener gracia para un público de cualquier edad. Los dos personajes que idean Rivière y Perge son divertidos y están bien construidos, los tres en realidad si contamos al perro que sigue a nuestros héroes… perro que, por supuesto, habla. Los referentes literarios son agradecidos, sean los que caen al género de aventuras como los que se acercan algo más al terror. Y la trama de fondo, la que hace que haya una razón oculta para que el chaval protagonista tenga la habilidad de saltar al interior de los libros por sus lazos familiares, sostiene un interés a largo plazo que beneficia mucho a la serie. El problema que tiene Benjamin Blackstone es el orden. O la ausencia puntual del mismo, mejor dicho. Las cosas pasan tan rápido y sin la pausa necesaria que hay un claro peligro de dejarse llevarse sin entender la lógica interna del relato. Siempre es divertido lo que cuentan, pero cómo lo cuentan a veces resulta demasiado atribulado. Nada grave, nada demasiado trascendente como para no disfrutar del divertido juego literario y fantasioso que proponen los escritores, pero si un detalle para asumir que hay una palpable irregularidad en la historia.
Esta circunstancia se nota menos gracias al buen trabajo de Casado en el dibujo,, con una caricatura siempre divertida y con un despliegue de imaginación bastante intenso. Hay muchas locuras en estas páginas y de todas ellas sale Casado en muy buena situación. Define bien a los personajes, los integra con acierto en los diferentes mundos que hereda por obra y gracia del guion de Rivière y Perge, y maneja muy bien todo lo que requiere una fantasía juvenil como esta, en la que el movimiento y el color tienen una importancia igual de trascendente que el diseño de los personajes. Es difícil que un ilustrador no disfrute cuando le colocan páginas por dibujar en las que tienen que aparecer los monos de El libro de la selva, los trípodes marcianos de H. G. Wells o el Cthullhu de Lovecraft, todo mezclado y como parte de la misma historia, y Casado no defrauda en absoluto. Benjamin Blackstone es por ello un tebeo que entra muy fácil por los ojos y con su atractiva propuesta, pero al que le cuesta precisar del todo su apuesta y afinar toda la maquinaria que hace que avance la historia. Es entretenido como tiene que serlo y con muy buenas intenciones para el futuro pero con algún mínimo pero en este primer volumen que siempre podrá corregirse en cuanto la historia crezca como promete y todo esté algo más asentado.
El volumen incluye los dos primeros álbumes de Les aventures ahurissantes de Benjamin Blackstone, L’île de la jungle y La mysteriéuse Odyssée de la clé perdue, publicados originalmente por Casterman en agosto de 2016 y septiembre de 2017. El único contenido extra son las portadas originales de Javier Sánchez Casado.
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