Guión: Abel Alves.
Dibujo: Juan Caminador.
Páginas: 176.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2018.
Dice Abel Alves en la introducción de Segunda venida que su obra trata sobre la adolescencia. Hay momentos en los que no parece tan claro, viendo la particular manera en la que interpreta la religión católica, y no hay que negar que se trata de una aproximación muy divertida aunque seguro que hay quien quiere interpretarla con una polémica que sería absurda. Pero sí, sobre todo por su arranque y también después de terminar la obra, se le puede dar la razón sin problema a Alves sobre el fondo real del tebeo. Y de alguna manera, sin menospreciar en absoluto el desternillante y acertado desarrollo de la obra, el meollo de la cuestión está en las primeras páginas, antes de conocer quién es realmente Evangelina y qué misterio hay detrás de la identidad de su padre, al que no conoce. Es ahí donde hay más realismo y menos comedia, donde el personaje se define más por lo que hace y por lo que siente que por lo que le viene determinado, donde la cercanía con la historia se comenta de una manera sólida. Es verdad que decir que lo mejor de un cómic de más de 150 páginas parece algo negativo, pero en realidad no lo es. La razón es que, si Segunda venida no tratara así sobre la adolescencia, probablemente todo lo que viene después no sería ni la mitad de entretenido. Y lo es, muchísimo.
Alves nunca pierde de vista ninguno de los dos elementos que van moviendo la historia con eficacia. Por un lado, su protagonista, real en muchos sentidos. Y no sólo ella, sino también un grupo de secundarios que aprovecha bien los tópicos que hay en su nacimiento y que desde ese punto sabe crear los elementos diferenciadores que le convienen al relato. Por otro, el evidente componente religioso, entendido este como una base para una historia de ficción, acción y entretenimiento más que conseguida. Insistimos, quien quiera entender la irreverencia como el motor de la obra, aunque es evidente que la hay y tiene su importancia (con tergiversaciones tan divertidas como la del perro o la del aliado que nuestros héroes encuentran en el camino), seguramente perderá de vista otros elementos que sirven para que el tebeo funcione francamente bien. Y además lo hace en sus distintas fases. Lo hace en el retrato de una adolescente y sus complejos físicos, sexuales y emocionales, lo hace también cuando se convierte en una trepidante huida, y cómo no cuando alcanza su espectacular clímax, en el que confluyen, aunque sea de una manera sutil, teorías filosóficas, psicológicas y teológicas que ayudan a concluir la historia de la mejor manera posible. El disfraz de diversión sencilla le sienta muy bien para lograr esos objetivos.
No es nada fácil decidir qué tipo de dibujo le puede sentar mejor a una historia de esta naturaleza. El que nos deja Juan Caminador, desde luego, está entre las mejores elecciones posibles. Si nos queda alguna duda, no hay más que ver la primera escena de Evangelina en la cama, en la que ahuyenta los fantasmas del día a día con una autosatisfacción sexual hermosa y bien narrada sin palabras, una secuencia de esas que no se sabe muy bien por qué todavía nos sorprende encontrar en un tebeo. Esa cercanía con el personaje principal que se entiende ya desde los primeros dibujos es lo que hace que su caricatura encaje tan bien en los momentos más divertidos, pero con la misma eficacia en los más emotivos y serios. Caminador, casi con sencillez, construye muy bien a sus personajes, las secuencias y los fondos, tiene una puesta en escena que la diversión de su trazo puede esconder levemente a ojos de quien pase rápidamente más páginas y firma un muy buen trabajo, de esos que levantan expectativas para ver otros trabajos suyos en tonos bien distintos a este. Como con Alves, claro está, porque Segunda venida funciona entretiene tanto que, aún con un final definido que cierra la opción de que sea en este mundo casi con total certeza, deja con ganas de más tebeos de estos autores.
El contenido extra lo forman un prólogo de Abel Alves y un portafolio de bocetos de Juan Caminador.
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