Guión: Carles Santamaría.
Dibujo: Cesc F. Dalmases.
Páginas: 52.
Precio: 17 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2017.
El primer álbum de Victus, Veni (aquí, su reseña), ya nos mostró el espléndido trabajo que Carles Santamaria y Cesc F. Dalmases hicieron para adaptar la novela de Albert Sánchez Piñol. Vidi, segundo de los tres álbumes que conformarán la obra, y a pesar de que el capítulo intermedio de una trilogía siempre parece el más complicado de culminar con éxito, no hace más que confirmar las buenas sensaciones del arranque. Sigue siendo modélica como adaptación y su ritmo sigue siendo espléndido, a pesar de la necesidad de cubrir el espacio del tiempo con elipsis y la narración con continuos cartuchos de texto, elementos que siempre son un riesgo y que acentúan el carácter de excesivo rigor con el que pecan algunas obras históricas. Victus no es una de ellas porque sus autores entienden que la documentación y la verosimilitud no se pueden comer el relato y el entretenimiento que tiene que ofrecer una obra de estas características. No sabemos qué pensara Sánchez Piñol de este trabajo, pero cabe intuir que lo habrá recibido con la satisfacción que produce haber puesto una creación personal en manos de autores tan solventes y acertados, porque Victus, el cómic, recoge las virtudes de la novela y cumple con la necesaria obligación de todo trabajo de adaptación, honrar el original pero sin limitarse a ser una simple copia.
Sin restar méritos a nadie, la papeleta de Santamaria es siempre la más complicada en este tipo de cómics, por una razón muy sencilla: la extensión de un álbum en formato europeo es muy escasa para permitirse demasiadas alegrías a la hora de trasladar el material de referencia a viñetas. Son sólo 46 páginas de cómic, y si pensamos al terminar de devorarlas la cantidad de acontecimientos a los que hemos asistido nos daremos cuenta de la ingente labor del escritor para que todo tenga la necesaria coherencia. Santamaría maneja muy bien el tiempo y el ritmo, porque sabe aprovechar de manera muy inteligente las anécdotas que son significativas para entender a Martí Zubiria, el protagonista de este relato ambientado en la guerra de sucesión española, sin frenar para nada un relato que abarca algo mucho más grande y extenso. En Victus se trata de seguir al protagonista, y hay muchos momentos que nos llevan a entender su personalidad, lo bueno y lo no tan bueno, aspectos ambos que conforman su manera de ser, pero también de entender un período histórico, un conflicto bélico y una forma de pensar que, en una sociedad tendente a olvidar con demasiada frecuencia, no tenemos demasiado presente. Y eso Santamaría lo hace muy bien, con mucha documentación y con un respeto inmenso a sus personajes.
Lo mismo se puede decir del notable trabajo de Dalmases para construir este universo histórico. Lo mejor que se puede decir de un tebeo como este es que no hace falta esfuerzo alguno para sentirse dentro de la época que retrata. No es un tebeo preciosista, que se recree en el detalle más pequeño, pero sí uno tremendamente eficaz y con un nivel de acabado bastante interesante. El ilustrador acierta con los escenarios, con todo aquello que saca de los libros de historia, pero al mismo tiempo no se le olvida que está construyendo un relato que tiene que ser algo más que un libro de texto ilustrado. Sus personajes son carismáticos y son buenos actores en la viñeta, con lo que ese trabajo está realizado con honores. Sin recrearse demasiado en su espectacularidad, pero sin rechazar las posibilidades de las viñetas de mayor tamaño, las escenas bélicas que hay en esta entrega cumplen a la perfección. Como todo en general en Victus, estamos ante una serie que anima a bucear en su mundo. A través de su guion y de su dibujo, desde luego, pero también sintiendo que se puede recurrir a la novela original o a cualquier libro, película o documental que nos lleve a esta época que tanto se disfruta en estas páginas.
El único contenido extra es una introducción de Vicent Sanchis.
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