Guión: Frank Le Gall.
Dibujo: Michel Plessix.
Páginas: 72.
Precio: 25 euros.
Presentación: Cartoné con sobrecubierta.
Publicación: Mayo 2018.
No importa que los años pasen y que los tiempos sean cada vez más oscuros, el cuento, la fábula, ese pequeño relato limpio, sencillo, directo y metafórico, siempre va a seguir vivo. Siempre. Y será en forma de historia oral, de libro o de cómic, pero es un gustazo saber que hay quien vela por esa maravillosa manera de que los relatos pervivan. Allí donde van las hormigas encaja en esa categoría de una manera sencilla y elegante. Lo que hacen Frank Le Gall y Michel Plessix, que además nos llega en su todavía más especial versión en blanco y negro, es fantástico. Es un tebeo pretendidamente pequeño, de lectura sencilla, pensado para engatusar por igual a lectores de todas las edades. Y es, a la vez, un tebeo complejo, lleno de magia, metáforas y momentos que pueden provocar pensamientos y sensaciones ajenas a la historia de este pequeño muchacho que encuentra en el grupo de cabras que su abuelo le encomienda cuidar una que habla y es inteligente. Allí donde van las hormigas es una historia sobre bondad, la familia, el destino y la confianza, pero sobre todo habla de perseguir nuestros sueños. Y lo hace con unos diálogos certeros, cuidados y atrevidos que cimentan esas buenas sensaciones que deja la fábula y, al mismo tiempo, nos entretienen en el aquí y ahora. Como hacen los buenos cuentos.
La mejor arma de Le Gall para hacernos disfrutar está en la sencillez de la fantasía. Ahí no falla que sea un niño el protagonista y no chirría que su compañero de aventuras sea una cabra parlante y algo cascarrabias. El escenario se acepta con total normalidad, ese es el primer gran acierto del escritor, que nos lleva a un escenario en el que nos sentimos como si estuviéramos dentro de Las mil y una noches pero con una idea nueva, diferente y fresca. Y todo nace de una idea, efectivamente, sencilla pero que a la vez intriga. Said, un niño pequeño, sigue a una hilera de hormigas para saber hacia dónde se dirigen. Ya nos lo dice el sugerente título de la obra. Su abuelo, no obstante, se convertirá en el obstáculo de esa búsqueda, puesto que le encarga ocuparse de sus cabras. Y será allí, con ellas, en especial con Zakia, la más vieja de todas ellas, con quienes viva una aventura nueva que le aclarará su destino. Sencillo, ¿verdad? Lo es, pero se interpreta fácilmente como uno de los méritos de la obra. Demasiadas veces buscamos lo complicado como parte esencial de una gran obra, y se nos olvida que desde las pequeñas cosas y con un poco de imaginación se puede conseguir algo tan bonito como lo que nos enseña Le Gall, que arranca bien, continúa mejor y concluye de una forma casi perfecta, dando solución a todo y denotando que es una historia medida y pensada.
La sensación de cuento la completa el espléndido dibujo de Michael Plessix. Por Internet se pueden encontrar fácilmente páginas de la versión en color de la obra, por lo que se puede comparar con esta edición en blanco y negro que ha llegado a España. Y ha de considerarse un acierto esta elección, porque la ausencia cromática añade una elegancia todavía mayor al delicioso trazo de Plessix. Seguramente su estilo de dibujo encajará en otros tipos de historias, pero para la fábula es sencillamente perfecto. Tiene la mezcla perfecta de caricatura y realismo como para que nos creamos tanto los aspectos más fantasiosos del relato como los más auténticos y cercanos. Zakia sigue siendo una cabra que habla, pero Said es un niño de verdad. Y las dos cosas se encuentran de una manera clásica y hermosa en el dibujo de Plessix. Puede que los escenarios luzcan algo más en color, pero el blanco y negro es formidable para la fantasía que nos presenta Allí donde van las hormigas. Entre Le Gall y Plessix nos marcan un camino que se recorre con mucho agrado y con una sonrisa continua de oreja a oreja. Ambos dan vida a unos personajes muy acertados y a un cuento que, por pequeño que pueda parecer, es una de esas obras que merece la pena ser leída para uno mismo, pero también para otras mentes que quieran imaginarse que las hormigas van hacia un lugar concreto.
Casterman publicó originalmente Là où vont les fourmis en septiembre de 2016. El contenido extra lo forman un texto final de Frank Le Gall y unos bocetos de Michel Plessix.
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