Guión: Rick Remender.
Dibujo: Matteo Scalera.
Páginas: 128.
Precio: 16,50 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Febrero 2018.
Tenía que llegar el momento en el que Ciencia oscura lidiara con el género de superhéroes. Desde el primer número de la serie (aquí, su reseña), Rick Remender nos ha propuesto una sugerente odisea de ciencia ficción en la que volcaba su pesimista concepción sobre la humanidad y en la que trataba las cuestiones familiares que tanto le han preocupado siempre y que se ven en muchas de sus obras. Esta suerte de Perdidos en el espacio interdimensional y pesimista no pierde esas señas de identidad en este sexto volumen, al contrario, este pedazo de la historia sigue contribuyendo a que Ciencia oscura sea una serie tan desafiante y entretenida como lo viene siendo desde su primera página. Pero a la vez es cambiante. Vamos saltando de dimensión en dimensión, ¿cómo podría no serlo? Pero Renender, con la imprescindible colaboración de un Matteo Scalera formidable, sigue manteniendo la frescura y, sobre todo, la comprensión de un universo que no deja de enganchar con su propuesta de ciencia ficción tan aventurera como inteligente. Remender suele ser garantía de disfrute, incluso desde puntos de vista tan claramente pesimistas que confronta en una lucha constante con el heroísmo de lo que vemos, y aquí mantiene el nivel que desde hace algunos años le ha convertido en referente del cómic de ciencia ficción.
Y lo hace, además, con un reto adicional. Ciencia oscura ha sido desde el inicio la odisea de Grant McKay. Pero al finalizar el anterior volumen (aquí, su reseña), el que había cogido elementos del cuento de hadas más siniestro para complementar su ciencia ficción, le dejamos ingresado en un psiquiátrico y sin los conocimientos con los que tratar de arreglar los incontables problemas creados hasta este punto por los saltos entre diferentes dimensiones. No es el fin del personaje, por supuesto, pero Remender se obliga así a dar más peso a otros personajes de la familia McKay. El escritor, por supuesto, aprovecha la coyuntura para seguir hablando de la familia, algo que resulta consustancial a la historia, pero sin dejar de lado ni un solo elemento de sorpresa o espectacularidad de los que han hecho de Ciencia oscura una serie fundamental. Lo es, sin exagerar lo más mínimo. Y eso que la apuesta inicial de este nuevo punto de partida es un mundo de corte más o menos realista en el que la ciencia ficción parece importar un poco menos de lo que lo ha hecho hasta ahora. Hay que decir que solo lo parece, claro, porque cuando llegamos al final de este volumen, en pleno clímax y con uno de esos cliffhangers que hacen que nos comamos las uñas, nos damos cuenta de todo lo que hemos visto en las últimas páginas.
A Scalera ya no le vamos a describir a estas alturas de la serie, pero sigue siendo más que necesario atribuirle al menos el mismo nivel de responsabilidad que a Remender en el éxito de la serie. El estilo de Ciencia oscura es bestial. Impresiona la manera en la que Scalera ha sido capaz de llevar su caricatura física y de composición a una ciencia ficción que quiere ser adulta sin perder su componente de locura. Y su interpretación, aunque la veamos con brevedad, del mundo del superhéroe, invita a imaginarle dibujando a los Vengadores o a la Liga de la Justicia. Y lo curioso es que genera esas sensaciones desde un punto de visto épico que, en realidad, no es lo que quiere Ciencia oscura en su concepción. Su escala es inmensa, y eso Scalera lo entiende de maravilla, pero no deja de ser una historia familiar. ¿Cómo se conjugan esos dos aspectos? Fácil si se tiene el talento suficiente, como es este caso. No hay más que ver los contrapicados y escorzos que hay en las viñetas de Scalera y la expresividad que al mismo tiempo tienen sus rostros. Sabiendo que Ciencia oscura está en las manos en las que está, las de dos genios que están disfrutando con lo que hacen, lo fácil queda para el lector, que es el que se beneficia de este formidable ejercicio de imaginación y aventura del que, por suerte, no se vislumbra aún un final.
El volumen incluye los números 26 a 30 de Black Science, publicados originalmente por Image entre diciembre de 2016 y mayo de 2017. El contenido extra son las cubiertas originales de Matteo Scalera y Rafael Albuquerque, páginas en tinta y fotografías de referencia.
En nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.