Guión: Raúl Cuadrado.
Dibujo: Raúl Cuadrado.
Páginas: 64.
Precio: 16 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Marzo 2018.
La aportación de Isaac Asimov al terreno de la ciencia ficción es tan descomunal que nadie la podrá poner en duda nunca. Sus tres leyes de la robótica han sido base de incontables relatos. Yo, robot, lejos de ser una adaptación literal o tan libre como la de la película que protagonizó Will Smith hace ya algunos años, es un tebeo que se inspira en Asimov para contar cosas diferentes. Como dice la cubierta del libro, Raúl Cuadrado nos ofrece tres historias de robots que están inspiradas en Asimov. Es decir, que el título no tiene que llevar a ninguno. Esto no es Asimov. No son sus relatos. Pero sí su mundo. Es la mejor manera de homenajear al genio y esquivar al mismo tiempo la sensación de que estemos ante más de lo mismo. El libro de Cuadrado apuesta por una engañosa sencillez. Será que todavía nos dejamos embaucar por un trazo más o menos juvenil o cómico, pero es verdad que el libro tiene una apariencia que no transmite los ambiciosos objetivos que tienen sus relatos. Porque estos, aunque en un primer vistazo pueda pasar algo desapercibido, son muy complejos. Mucho. Así son las leyes de Asimov, que permiten que de las situaciones cotidianas más elementales surjan emociones complicadas y que no necesitan de una elaboración en páginas y páginas para alcanzar lo que buscan. El libro de Cuadrado es, en ese sentido, un gran trabajo.
Lo es, básicamente, porque le valen entre 17 y 21 páginas por relato para dejarnos pensando en lo bien que ha sabido entender el mundo de ciencia ficción de Asimov. Sentido giratorio, Robbie (es inevitable pensar que ahí también hay un homenaje a la extraordinaria película Planeta prohibido) y Mentiroso son los títulos de los tres relatos del libro, una reducida antología que en todo momento deja la impresión de que podría haber sido mucho más larga. Cuadrado busca rincones interesantes de las leyes de la robótica para mostrar una aventura espacial en la que los robots juegan un papel fundamental en la exploración, otra cotidiana en la que una niña es tan protagonista como el robot que le hace de niñera y amigo a pesar de la oposición de su madre, y una tercera, probablemente la más interesante y compleja, en la que se plantea un debate espléndido sobre el conflicto de las famosas leyes. A pesar de la complejidad que se puede encontrar en cada uno de estos relatos, su lectura es tremendamente sencilla. Son pocas páginas, bien estructuradas, con diálogos certeros y situaciones en las que es muy fácil entrar. Cuadrado ha encontrado la manera de decir mucho sin abrir demasiado la boca, y eso tiene mérito porque va a satisfacer tanto a los lectores ocasionales como a los que busquen ciencia ficción pura y dura.
Y el dibujo, a pesar de los prejuicios que se puedan tener, y que casi siempre va a despertar una obra de este estilo de dibujo que se aleja tanto del realismo más marcado, no es ningún obstáculo. Al contrario, ofrece una cercanía necesaria para conectar con las historias a otros niveles, no solo al del género. Ahí, el diseño de robots que hace Cuadrado habla por sí solo. Es imaginativo, con encantador aire retro pero sin parecer obsoleto, algo que también se siente con el coloreado de la obra, en el que destacan poderosamente los rojos ya desde su cubierta. Cuadrado consigue que sus robots tengan carisma, no menos que el de sus personajes humanos, y eso es clave para que la lectura sea tan sencilla. Yo, robot es, en ese sentido, una obra de muchas capas y de varias posibilidades de asimilación. Para lectores apresurados, se puede pasar por sus páginas de una manera relativamente veloz, comprendiendo la historia y disfrutando del dibujo. Pero lo que pide a gritos este tebeo es que le dediquemos algo más de tiempo. La elaboración de sus historias lo merece, porque son relatos pensados e inteligentes, con mucho terreno psicológico que explorar y que, como no podía ser de otra manera, son fieles al mundo imaginado por Asimov, uno en el que los robots forman parte de nuestras vidas pero en el que el ser humano puede no haber cambiado tanto.
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