Título original: Son of the Mask.
Director: Lawrence Guterman.
Reparto: Jamie Kennedy, Alan Cumming, Traylor Howard, Kal Penn, Steven Wright, Bob Hoskins, Ryan y Liam Falconer.
Guión: Lance Khazei.
Música: Randy Edelman
Duración: 94 minutos.
Estreno: 18 de febrero de 2005 (Estados Unidos)., 22 de julio de 2005 (España).
La historia la conocemos. A comienzos de los 90, y después del brutal éxito de Batman (aquí, su crítica) , todos los estudios buscaban una franquicia que explotar basada en algún personaje de cómic. Warner no apostaba firmemente por sus propiedades más populares quitando al Caballero Oscuros y la fragmentación de los derechos de Marvel suponía un lastre demasiado pesado. ¿Qué quedaba entonces? Las editoriales pequeñas. Pero estas daban lugar a películas de escaso presupuesto y personajes poco conocidos para el gran público. La Máscara (aquí, su crítica) fue una de esas películas, pero una de las que tuvo éxito. Mucho, sobre todo si tenemos en cuenta lo poco que costó. Pero, claro, esa película convirtió en estrella a Jim Carrey y a la debutante Cameron Diaz, por lo que el crecimiento de sus salarios imposibilitaba una secuela directa. La solución fue obvia, una que el cine de fantasía explotaba ya desde los años 40 del siglo XX: El hijo de la Máscara, que ese es el título original del filme que en España se quedó simplemente como La Máscara 2. El resultado fue bastante pobre, en realidad terrible, y no precisamente por la ausencia de las estrellas de la primera entrega, sino porque la película es francamente mala, se basa en una historia absurda y, aún asumidos los cambios infantilizadores de la primera entrega con respecto al cómic, no tiene nada de carisma.
La Máscara 2 es una de esas películas que se hacen por hacer y en la que ni siquiera los nombres reconocibles (un Bob Hoskins irreconocible, y no solo por el maquillaje, y un Alan Cumming pasado de rosca) ofrecen el mínimo exigible para salvar el naufragio. El filme es una colección de absurdeces sin pies ni cabeza. Y no por el hecho de que caigan en la comedia bufa, que eso sería asumible, sino porque realmente no tiene sentido. ¿Para qué quiere Loki recuperar su famosa máscara si ya tiene unos poderes descomunales? ¿A Odín qué le importa realmente esa misión? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver en todo esto la aburrida historia de un animador que busca crear la serie de su vida mientras su mujer le apremia para tener un hijo que él no quiere? Todo esto es una excusa para coger a un bebé, digitalizarlo y convertirle en un mal CGI que, se supone, tiene que hacer gracia cuando el poder de la máscara se manifiesta en él. Pero la película no ofrece ni eso. Cualquier dibujo animado de la Warner, de esos basados en golpes y porrazos, tiene más gracia que la película que tenemos entre manos, pobre en sus efectos especiales digitales e incluso en la ejecución visual más tradicional tampoco consigue sumar nada destacable (la peluca naranja del protagonista cuando se transforma es realmente risible).
Si echamos la vista atrás, podemos asumir que La Máscara no era tampoco una película brillante. Pero tenía personalidad. La de su historia, la de su estilo visual y la de sus protagonistas, caigan mejor o peor. Jamie Kennedy y Traylor Howard forman una pareja sin química, él abusa de las muecas como para parecerse a Jim Carrey y ni siquiera se acerca al cómico, ni en lo divertido ni tampoco en lo irritante, y ella parece perdida en este maremágnum de imágenes locas y absurdas. Tan escasa es la propuesta de La Máscara 2, excesivamente centrada en la moralina final del amor paternal, que incluso se carga las diferencias que había con respecto al filme original repitiendo el truco del perro. Ya vimos un perro poniéndose la máscara en la primera entrega. Aquí vemos no solo a un perro, sino a la misma raza de perro, en el detalle que colma el vaso y que confirma que no hay nada salvable en una secuela hecha para ganar algo más de dinero y que al final ni siquiera dio beneficios. Ver la película es entender su fracaso, y dado que no se trata tampoco de un personaje que haya tenido una presencia notable en el cómic contemporáneo, a pesar de su momento noventero de gloria, parece difícil que La Máscara 2 pueda encontrar cariño en ningún tipo de espectador.
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