CÓMIC PARA TODOS

‘Carvalho. Tatuaje’, de Hernán Migoya y Bartolomé Seguí

Editorial: Norma.

Guión: Hernán Migoya.

Dibujo: Bartolomé Seguí.

Páginas: 80.

Precio: 19,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2017.

Pepe Carvalho es uno de esos personajes que, aunque no lo sepamos, nunca pasarán de moda. No mientras haya gente dispuesta a tratar con tanto respeto la criatura de Manuel Vázquez Montalbán como lo hacen Hernán Migoya y Bartolomé Seguí. Carvalho tendría que ser como James Bond. Sabiendo que nunca llegará a la popularidad mundial de 007, por supuesto, pero sin la necesidad de reinventarse. Puede que hoy Carvalho no tuviera el mismo éxito, porque no es un personaje que se mueva precisamente por los márgenes de lo políticamente correcto, pero Migoya y Seguí, siguiendo la novela de Vázquez Montalbán, plantean un ejercicio de inmersión en una época que no tiene nada que ver con lo presente y por eso Tatuaje funciona tan bien. Tiene el exotismo del cambio de escenario, sin abandonar claro está esa Barcelona que retrataba Vázquez Montalbán y que en los lápices de Seguí es una auténtica maravilla, pero también todo lo que funcionaba en las novelas del escritor. Migoya introduce un misterio, un asesinato, mujeres intrigantes y hombres misteriosos. Y Tatuaje se convierte de esta manera en una historia envolvente por el fondo y por la forma, con un misterio bien desarrollado y con una puesta en escena magnífica. Tanto se disfruta que ojalá no sea un acontecimiento único, sino el comienzo de una larga amistad.

Las buenas adaptaciones literarias, al medio que sea, hacen que no importe haber pasado antes por el original (o por otras adaptaciones, Bigas Luna llevó Tatuaje al cine a mediados de los 70 con Carlos Ballesteros dando vida a Pepe Carvalho) pero a la vez provocan las ganas de acercarse a él (y, claro está, a sus adaptaciones). Migoya mantiene todo lo que hacía funcionar a Carvalho en esta segunda novela del personaje, la primera en la que actuaba como detective privado, y le da mucho ritmo en su adaptación al cómic. Tatuaje no era un libro extenso, y sin embargo el álbum nunca parece corto. Suceden muchas cosas y, sobre todo, hay muy buenos diálogos dentro de este carrusel de personajes atractivos con secretos que ocultar. Eso es lo que da frescura a una historia que en manos de otros podría haber sonado algo rancia. No es el caso. Pide al lector, efectivamente, un ejercicio de contextualización, pero lo hace muy fácil cuando las dos primeras páginas sirven para presentarnos el misterio y al detective protagonista de una manera tan eficaz. A partir de ahí, Tatuaje solo pide que nos dejemos llevar, y el thirller detectivesco es un género en el que esa es una labor nada complicada. Migoya, siguiendo a Vázquez Montalban, nos deja pistas para que vayamos atando cabos, y se pone en manos de Seguí para que el escenario sea creíble.

Y ahí es donde Tatuaje se eleva definitivamente. Sin menospreciar la historia de Vázquez Montalbán y el espléndido trabajo de Migoya, es Seguí quien nos convierte en espectadores privilegiados de la historia. La meticulosidad con la que recrea escenarios y ambientes es impresionante. Su Barcelona de los años 70 se convierte en un personaje más de la obra, y es el marco ideal para que este Carvalho, un tipo normal, alejado de los prototipos musculosos de los héroes del pasado siglo reinventados para que nos los creamos en este, se convierte en el protagonista perfecto del relato. Seguí domina la puesta en escena, desde luego, pero a todos los niveles, no solo para los escenarios. La manera en la que aporta emociones a los personajes es impresionante. Su dominio de la erótica femenina es sublime, sobre todo porque sabe que no maneja mujeres de medidas imposibles ni Chicas Bond. Y a Carvalho, dentro de esa aparente normalidad, le da un carisma espectacular. Ojalá Tatuaje sea solo la primera de una serie de adaptaciones, porque el mundo contemporáneo, ese que tan poca memoria tiene, merece tener su propia versión de Pepe Carvalho. Por supuesto, hay que recurrir a Vázquez Montalbán, pero tener como custodios de su legado a Migoya y Seguí no es algo que debamos menospreciar.

El único contenido extra es un portafolio de bocetos de Bartolomé Seguí comentados por Hernán Migoya.

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Esta entrada fue publicada en 22 mayo, 2018 por en Bartolomé Seguí, Hernán Migoya, Norma y etiquetada con , , , .

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