Guión: Howard Chaykin.
Dibujo: José Luis García-López.
Páginas: 160.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Diciembre 2017.
Nunca es fácil moverse en la frontera que hay entre el cariño hacia unos personajes semiolvidados que pueda sentir un autor y la necesidad de presentárselos a una audiencia mayoritariamente nueva. El peligro de dar demasiadas cosas por supuestas o explicarlas demasiado va a estar ahí haga lo que haga un escritor. Y, probablemente, eso implicará cierto nivel de decepción en buena parte de los lectores. En Crepúsculo, Howard Chaykin se lanza a recuperar a un puñado de personajes creados para viajar por toda la galaxia dentro del universo DC, héroes que se mueven muy lejos de la continuidad de sus principales estandartes. Esa lejanía da carta blanca a Chaykin para su reformulación. Pero eso mismo también hace que cueste mucho entrar en la historia. A Chaykin siempre le ha gustado contar muchas cosas, abarcar incontables temas, y en Crepúsculo añade ese escollo para complicar las cosas todavía más. Sería ingenuo decir que esta es una obra de fácil lectura. No lo es, a pesar del gran trabajo del siempre eficaz José Luis García-López o su colorista escenario de ciencia ficción. Y no lo es, porque no hay espacio para tantos temas y porque en estas páginas, sin saber algo más sobre quienes se mueven entre sus viñetas, no se genera la cercanía suficiente con los personajes que requiere un relato tan ambicioso.
No se trata de cargar las tintas contra Chaykin, porque Crepúsculo es un homenaje sincero a unos personajes que merecerían algo más que una miniserie de tres volúmenes, quizá se podría intentar con ellos algo parecido a lo que DC hizo en los Nuevos 52 con Tierra 2. Pero sí que es evidente que el escritor no consigue el nivel de compromiso del lector que busca. Porque la apuesta es muy alta. Son muchos los temas, la forma de mostrarnos héroes en desgracia y abriéndose camino. Hay muchas historias dentro del relato. Y muchos personajes que aspiran a tener el rango de principales. El esfuerzo, por tanto, es grande y bastante exigente con el lector. Aunque hay conceptos que se comprenden a primera vista, la mejor lectura de Crepúsculo es la más pausada, la que se hace con tiempo y con calma, degustándolo todo. Las prisas, en este caso desde luego, son malas consejeras. Chaykin, eso sí, se deja devorar en ocasiones por su propio placer. Está disfrutando tanto de lo que hace y de los personajes que maneja que sufre cierto olvido, no repara en que a este lado hay lectores que probablemente no hayan oído hablar nunca de Homero Glint, Rick Purvis o Tony y Brenda Tomorrow. Y para estos lectores, Crepúsculo tardará demasiado en arrancar, más allá del impacto de la escena inicial.
El asidero que pueden tener es, cómo no, el dibujo de García-López. Su eficacia es tan grande que su estilo clásico no está en tela de juicio ni siquiera viendo la luz en los complicados años 90, que es cuando Crepúsculo se publicó por primera vez. El aire retro que emana de cada página, del diseño de los personajes y de la forma en la que el ilustrador les hace moverse, acaba convirtiéndose en la razón esencial por la que vamos pasando páginas con gusto. Puede que la historia se nos escape en demasiados momentos y que la ambición autosatisfactoria de Chaykin sea un escollo demasiado grande como para convertir esta obra en una de profundo deleite, que es realmente a lo que podría haber aspirado, pero el dibujo de García-López compensa esas flaquezas. Da a la ciencia ficción de la obra un toque colorista y un sabor antiguo a vestuario y tecnología que se disfruta muchísimo. A fuerza de ser sinceros, esto no basta para que Crepúsculo remonte del todo, pero la historia acaba siendo una de esas obras que pueden adquirir un carácter de culto por los autores que la firman pero también por los elementos que sí funcionan bastante bien en la serie. Su ambición es su peor enemigo, pero a la vez es también una buena razón para recuperar la obra de vez en cuando y tratar de entender la propuesta de Chaykin. Porque la de García-López no deja de funcionar.
El volumen incluye los tres números de Twilight, publicados originalmente por DC Comics entre abril y junio de 1991. El único contenido extra son las portadas originales de José Luis García-López.
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