CÓMIC PARA TODOS

‘El asco’, de Grant Morrison y Chris Weston

Editorial: ECC.

Guión: Grant Morrison.

Dibujo: Chris Weston.

Páginas: 352.

Precio: 32,50 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Diciembre 2017.

Han pasado tres lustros desde que El asco aterrizó en nuestras vidas, y a día de hoy se puede decir, sin miedo a equivocarse, que es la obra más indefinible de la carrera de Grant Morrison. El escocés es eclético, atrevido y provocador, y cuando se pone manos a la obra es capaz de provocar una perplejidad sin medida, hasta el punto de que no es fácil discernir lo que es un trabajo monumental y que merezca todo tipo de elogios de uno que sea una asombrosa ida de olla que no haya por dónde cogerla. Para recorrer los trece números de El asco hay que armarse de paciencia, asumir que lo menos extraño que vamos a ver es un simio parlante y armado que se jacta de haber matado a Kennedy y que, al final, no va a dejar conclusiones claras. Si El asco es un remedio contra algo, como nos avanza una introducción tan psicodélica como lo que estamos a punto de leer cuando la abordamos, hay que tener claro que el efecto puede ser real o un placebo en toda regla. Ese es el efecto que genera Morrison. No es que vayamos a poner en duda los aciertos narrativos e imaginativos que tiene este desconcertante relato, pero sí conviene dejar claro que es una de las lecturas más duras y complejas que nos ha propuesto nunca Morrison. De ahí que necesite el prospecto que es su introducción, porque es una de esas obras de efectos secundarios impredecibles.

Hay un nexo más o menos claro que puede ayudar a definir El asco, al menos en la mente del lector, y es Los invisibles (aquí, reseña de su primer volumen). Pero si en aquella había un hilo conductor más o menos claro, aquí no tiene tanta importancia. Lo hay, claro, se trata del agente Slade, un tipo que vive una vida anodina junto a su gato, una tapadera para ocultar su auténtico yo y un trabajo para una suerte de agencia del orden de lo más extraña, cuestiones de las que ni el propio Slade se acuerda. La narrativa de Morrison es apabullante. Hay incontables elementos, a la vista y ocultos, que demuestran un trabajo ingente a la hora de construir este relato. Metáforas y mensajes directos. Todo con el ánimo de eludir cualquier tipo de límite o barrera, da igual que hablemos de sexo, de pedofilia, de obsesiones, de violencia o de una psicodelia adictiva. Esto hace completamente imposible definir de qué va realmente El asco, pero sí parece claro que ese es justo el juego al que quiere jugar Morrison. Quiere hacernos sentir incómodos, perdidos, desconcertados. Quiere que nos enteremos de lo que está sucediendo casi a un nivel inconsciente, porque lo visible es una locura de proporciones inabarcables. ¿Lo consigue? Ahí radica el problema de El asco, que eso depende exclusivamente del lector. La genialidad está ahí pero no llegará igual a todo el mundo.

Sí es cierto que hay un nivel que permite agarrar el carrusel de locura que nos propone Morrison, y es el dibujo de Chris Weston, todo un torrente de imaginación para dar forma a las locuras que plantea Morrison, que solo se detiene a la hora de mostrar cosas para pixelar un pene y que no duda en mostrar el resto de perversiones y salvajadas de una manera contundente. A Weston le va mucho esta propuesta, y se la gana no solo con los excesos de Morrison sino también con los que le competen a él, mostrándonos a Slade de una manera cambiante, como un personaje tan enfermo como heroico, tan determinado como enloquecido, haciendo que El asco sea algo que va cobrando fuerza dibujo a dibujo. Como descansa tanto en la percepción del lector, sí que se puede decir que esto es toda una experiencia, a la que se pueden colocar adjetivos más o menos sencillos viendo el colorista trabajo de Matt Hollingsworth en los tres primeros números y de HI-FI después para encontrar la paleta cromática adecuada. No sabemos si El asco cura algo o perturba todavía más la mente de un lector que, eso sí, ha de entrar sin prejuicios a este brutal universo. Puede que esa sea la forma de exprimir una obra para la que no se han creado todavía definiciones adecuadas. Y eso que ya ha pasado un buen tiempo desde que la leímos por primera vez.

El volumen incluye los trece números de The Filth, publicados originalmente por Vertigo entre junio de 2002 y septiembre de 2003. El contenido extra lo forman las portadas originales de Segura Inc., un portafolio de diseños y bocetos y el guión original del quinto número con las ilustraciones originales de Chris Weston.

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Esta entrada fue publicada en 2 mayo, 2018 por en Chris Weston, ECC, Grant Morrison, Vertigo y etiquetada con , , .

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