Director: Rob Bowman.
Reparto: Jennifer Garner, Goran Visjnic, Will Yun Lee, Cary-Hiroyuki Tagawa, Terence Stamp, Kirsten Prout, Collin Cunningham, Hiro Kanagawa, Natassia Malthe, Bob Sapp, Chris Ackerman, Jason Isaacs.
Guión: Raven Metzner, Zak Penn y Stuart Zicherman.
Música: Christophe Beck.
Duración: 97 minutos.
Estreno: 14 de enero de 2005 (Estados Unidos), 28 de enero de 2005 (España).
Sin demasiada necesidad de análisis, parece evidente que la razón de que Elektra sea una de las películas basadas en personajes Marvel peor valoradas por los aficionados y con peor resultado en taquilla es no haber entendido a la protagonista. En la ya por sí misma debatible Daredevil (aquí, su crítica), la Elektra de Jennifer Garner convencía porque tenía un papel claro, fiel a su origen en viñetas. Pero en Elektra la cosa cambia y se adentra en terrenos que no sirven para que para desaprovechar una base que la propia película deja escapar entre los dedos. La asesina implacable, fantasmal y mítica que se nos presenta en la escena inicial de la película no puede ser la misma mujer insegura, errática y dubitativa que vemos a partir de ahí en todas las facetas salvo en las habilidades de pelea, algo en lo que Garner, una vez más, sobresale para deleite de las cámaras lentas que impone Rob Bowman para mostrar muchas de las escenas de acción. No es que los personajes Marvel tengan interpretaciones únicas, la historia del cómic está llena de ejemplos que prueban lo contrario, pero no se puede estar en misa y repicando. O Elektra es una asesina perfecta, fría y objeto del más puro y elemento deseo sexual aterrador que plantea Frank Miller, o es la heroína que supera sus miedos en base a sentimientos tan bonitos como el amor o lo maternal. ¿Las dos cosas? Inviable.
Y más cuando la misma película nos deja una historia confusa, muy plana, con diálogos absurdos y situaciones inverosímiles. Si hablamos de una guerra con la Mano de fondo, perfecto. Si tenemos una historia legendaria del clásico elegido, fenomenal. Si se trata de mostrar la redención personal y espiritual de la propia Elektra, nada que objetar. Pero juntar todo eso sin mucha ambición, en una película muy corta y algo atropellada y en la que los personajes entran y sobre todo salen con una facilidad que no les hace justicia, es un error. Porque eso hace que solo haya una baza para sostener la película, y es el carisma de su protagonista. Jennifer Garner hace un buen trabajo en ese sentido. No tanto actoral como de presencia, porque su pasado, su resurrección (no se olvida lo que sucedió con su personaje en Daredevil, no), sus traumas y sus miedos son un elemento quizá incluso demasiado presente. Son armas para una actriz, pero aquí son, en realidad, oportunidades perdidas. Cuando Garner convence es cuando coge sus sai, cuando se mueve, cuando pelea. Ahí podría haberse agarrado Elektra. Pero como le sucedió al Lobezno de Hugh Jackman al tratar de darle aventuras independientes con la mafia japonesa marvelita de fondo, la cosa se desmorona con demasiada facilidad.
Bowman se lanza a un camino sin complicaciones y, por desgracia, sin ambición. El guion, en realidad, no le permite demasiadas alegrías. La tan cacareada guerra de la que habla con tanta vehemencia un Terence Stamp muy desaprovechado nunca se siente como tal. No se ve más que un pintoresco enfrentamiento entre Elektra y un puñado de tipos con llamativos poderes, también muy desaprovechados y liquidados sin que tenga demasiada importancia. Y uno se pregunta si Typhoid Mary, por ejemplo, no podría haber tenido más tiempo en pantalla. O si el propio traje rojo de Elektra, algo necesario después de oscurecerlo demasiado para Daredevil, no tendría que haber sido casi lo único que vistiera la protagonista. O si el trasfondo no podría haber sido más inteligente. Muchas cosas. Porque el principal problema de Elektra es que nunca parece quedar claro qué tipo de película querían hacer. Y por eso la sensación final es que lo único que se buscaba era tratar de aprovechar una aparición agradecida en una película de superhéroes vapuleada por otros motivos para tratar de conseguir una cinta de género protagonizada por una mujer. Lo que Wonder Woman (aquí, su crítica) sí consiguió unos cuantos años después por méritos propios. Porque aquí, lamentablemente, lo que predomina son los démeritos. Y es una pena, porque el arranque y la protagonista prometían.
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