CÓMIC PARA TODOS

‘La hierba del estío’, de Julio César Iglesias y Raquel Lagartos

Editorial: Diábolo.

Guión: Julio César Iglesias.

Dibujo: Raquel Lagartos.

Páginas: 90.

Precio: 17,95 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Marzo 2018.

Raquel Lagartos y Julio César Iglesias se presentaron en sociedad con Mary Shelley. La muerte del monstruo, pero sería bueno dejar a un lado las sensaciones que dejó aquella obra para sumergirnos en esta segunda tentativa de contarnos historias. Porque esta, La hierba del estío, no tiene nada que ver con aquella en muchos sentidos. Son los mismos autores, desde luego, pero los propósitos no son los mismos. En esta ocasión, seguimos los pasos de un samurái de cierta edad, de mucha experiencia y con muchas muertes a sus espaldas. No importa que sea un personaje a admirar o a odiar. Importa el momento. Lo que se nos cuenta es cómo, moribundo, es acogido por una aldea y de los problemas que eso acarrea a los campesinos que le han rescatado. La hierba del estío entra de esa manera muy fácilmente en el terreno de lo moral. No es una historia de acción, por mucho que se apunte a un duelo climático como forma de resolver la trama, sino una que ahonda en principios filosóficos que funcionan francamente bien. Es un tebeo bien ideado, incluso mejor armado, y que consolida a una muy sugerente pareja de autores que, además de apelar a los lectores que disfrutan con la cultura japonesa a la que honran con tanto acierto, aportan con este trabajo una dosis de versatilidad que siempre resulta necesaria.

Para construir una historia compleja no hace falta complicarse. Y eso es algo que parece que Iglesias entiende bastante bien. La historia de La hierba del estío funciona muy bien en ese sentido, porque no necesita perderse en explicaciones, en flashbacks o en otros artificios narrativos para explicar francamente bien no solo al personaje principal y al universo que le rodea. Es verdad que la cultura popular contemporánea nos ha mostrado la figura del samurái y del ronin con profusión y en historias francamente memorables, desde Usagi Yojimbo (aquí, reseña de su primer volumen) hasta el Ronin de Frank Miller (aquí, su reseña), lo mismo que en el cine de Akira Kurosawa y en otros tantos relatos de todo tipo. La hierba del estío, en ese sentido, no pretende ser innovadora. No lo necesita y probablemente habría sido un error lanzarse a ese terreno. Porque lo sencillo funciona. El cómic es eficaz abrazando lo que realmente quiere contar. Una historia puntual que une dos mundos, en el que samurái y campesino se dan la mano de una manera eficaz y solvente. Iglesias encuentra un punto de unión muy eficaz en un joven que quiere ser lo primero por honor y que vive siendo lo segundo por nacimiento. Y con él, la historia crece de una manera sencilla, mejorando la figura del protagonista central y dando importancia al duelo decisivo que gesta durante toda la obra.

Todo se cocina a fuego lento, y eso hace que el estilo de Lagartos encaje muy bien en esta forma de contar historias. El ilustrador despliega mucha elegancia para mostrarnos el Japón feudal y sobre todo supera la sencillez de su línea y de su color para aportar mucho carisma a cada uno de los actores de este drama. Puede parecer hasta exagerado, pero si La hierba del estío es la historia de un conflicto personal intenso, eso se refleja en cada viñeta, en la que nos asomamos al alma de un samurái que parece condenado pero al que la casualidad le da la oportunidad de vivir de nuevo, mostrando acertadamente las señales del tiempo y del cansancio, pero también las del futuro y la ilusión, porque Iglesias le da a Lagartos personajes para explorar todos estos aspectos. El dibujo no busca la espectacularidad porque no la necesita, porque esta no es una historia de grandes combates de espada sino de un combate interno mucho más emocionante. Pero la usa cuando la necesita, desde la sencillez de unos fondos tan básicos como adecuados. Y lo más importante es que la cultura japonesa encuentra en esta forma de narrar un camino espléndido. Lagartos e Iglesias convencen con un relato sincero y preciso, que no se excede más allá de lo que realmente necesita contar y que precisamente por eso cierra su historia de una manera brillante y acertada.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 26 abril, 2018 por en Diábolo, Julio César Iglesias, Raquel Lagartos y etiquetada con , , .

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