Guión: Adrian Tomine.
Dibujo: Adrian Tomine.
Páginas: 106.
Precio: 13,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Febrero 2018.
Quien haya leído Rubia de verano (aquí, su reseña), sabrá exactamente lo que se puede esperar de Sonámbulos y otras historias. Adrian Tomine es un tipo que busca en una realidad tan palpable como triste, que encuentra vidas complejas pero casi siempre melancólicas, apocadas o traumatizadas. Tomine habla de problemas. No de locos o de gentes que tendrían que estar encerradas, pero si nos mete dentro de mentes atribuladas. Con los relatos cortos que encierra en este libro, encontramos a un tipo enamorado sin ser correspondidos, a una pareja que se topa por casualidad con la posibilidad de espiar el sexo de los vecinos de enfrente, con la experiencia de un chaval que encuentra un trabajo de verano en una imprenta, con una mujer que se considera del montón y que se identifica en un anuncio por palabras que escribe alguien que quiere conocerla, con una dependientea que atiende a un hombre ciego en un supermercado o a dos hermanas gemelas y a un padre que sufren la incomunicación derivada de la adolescencia. Y Tomine no juzga a estas personas, pero sí nos deja claro que sus historias no van a ser felices. No busca escenarios de comodidad, ni siquiera de conformismo. Lo que escribe Tomine es un reflejo brutal y sin cortapisas del blanco y negro en el que dibuja.
Desde luego, teniendo en cuenta estas características, la lectura de Sonámbulo y otras historias es una de esas que exige un estado de ánimo antes de adentrarse en sus páginas. Tomine no transmite la idea de que la vida sea una mierda, no es ese su mensaje, pero sí es un retratista de la pobreza emocional. No por falta de sentimientos, sino porque estos se topan siempre con barreras que parecen infranqueables. Hay atisbos de esperanza, pero Tomine los machaca de una manera que, eso sí, no parece impostada y sí muy realista. No hace falta haber vivido lo mismo que cuenta el autor para comprender lo que nos está contando, traza igualmente una conexión con el lector que es hasta difícil de explicar. Y Tomine encuentra la mejor manera de expresarse a través del relato corto. De más o menos extensión, llega incluso a ceñirse a una sola página, pero lo que hace fascinante su lectura es precisamente la universidad de sus mensajes, el hecho de poder tener protagonistas tan diferentes entre sí y de edades y objetivos vitales son distintos. Como se decía en estas líneas, no es una lectura fácil. No todo el mundo va a conectar o, mejor dicho, va a querer hacerlo. Al final lo que Tomine hace es mostrarnos el vaso por la mitad. Verlo medio lleno o medio vacío es algo que depende del lector, pero quien escribe nos manda directamente al fondo del vaso.
Lo hace con una sencillez bastante envidiable. No alecciona, solo muestra. Pero lo forma en que lo hace marca muchísimo. Blanco y negro, sí, pero siempre mucho más negro que blanco. Su dibujo es realista, con un trazo grueso y firme, y eso mismo hace que las tonalidades oscuras se acaben apoderado de las diferentes narraciones. Tomine acierta al no predisponer de antemano. Pero sabe exactamente hacia dónde quiere ir. No hay sátira ni caricatura, no la hay en las historias ni tampoco en el dibujo. Y quizá esté ahí la clave de esa cercanía a la que nos gustaría sobreponernos para no caer en la espiral de tristeza que nos impone, en que Tomine sabe escoger todo lo que influye en nuestra percepción de la viñeta: cómo son los personajes, su lenguaje facial y corporal, el punto de vista desde el que vemos cada escena. El autor tiene una sutileza para dirigirnos que se comprende mucho más cuando cerramos el libro y reflexionamos sobre todos los diferentes universos personales de los que nos ha contado algo. Puede que, en ese sentido, Sonámbulos sea la guía perfecta para entender el libro. Conectar con este relato implica una conexión casi segura con el resto. Y son solo once páginas que cubren toda una vida. Como casi todo lo que escribe. Guste o no, por temática y por emociones, lo que resulta difícil negar es lo bien que Tomine hace lo que quiere hacer.
El volumen incluye historias publicadas originalmente entre 1995 y 1998, y recopiladas por Drawn and Quarterly bajo el título Sleepwalk and Other Stories en agosto de 1999. El libro no tiene contenido extra.
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