Guión: Mark Waid.
Dibujo: Mike McKone, Eduardo Barreto, Rod Whigham, Barry Kitson, Mike Wieringo, Rob Haynes, Kris Renkewitz, Carlos Pacheco.
Páginas: 448.
Precio: 38,50 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2017.
Si Mark Waid ya había sido capaz de traer de vuelta a Barry Allen (aquí, su reseña), ¿por qué no se iba a sacar de la manga a un nuevo Flash? Mejor dicho, a Impulso, Bart Allen, una nueva versión juvenil de Flash que es quien da título a este nuevo volumen de la etapa de Waid en la serie. Puede que en algunos momentos tengamos una justificada sensación de intrascendencia leyendo las historias que abarca este volumen, algo totalmente lógico sobre todo en los números de Justice League Quarterly que abren el libro, pero hay que reconocerle al escritor la habilidad de ir modificando la mitología del personaje, y hacerlo sobre todo con la constante presencia de eventos que afectan a toda la editorial. Si en la anterior entrega fue Bloodlines, cuyos efectos todavía se sienten aquí con la presencia de Argus, personaje que nació de aquella saga en las páginas de Flash, en esta ocasión es Hora Zero. Y la cuestión es que Waid lo integra de una manera inteligente y adecuada. Es Waid quien se sirve del evento, sobre todo para un número final que sirve de homenaje a la trayectoria de Flash, y no al revés. Cuando además logra encontrar un dibujante que sí saca partido de la propuesta, como es Mike Wieringo, el resultado es todavía más agradable y resalta la elegancia que hay en esta forma de entender al superhéroe.
Sorprende por eso que el libro arranque con los mencionados números de la Liga de la Justicia, porque aunque estén escritos por Waid tampoco cuentan con un protagonismo significativo de Flash. De hecho, incluso tarda en aparecer. No es que sean malos, porque el entretenimiento lo tiene, pero tienen poca relevancia y provocan la duda razonable porque estamos hablando de nada menos que 150 páginas antes de llegar a lo que realmente queremos ver. Aunque el arranque es puramente noventero, dicho esto con todo su significado, hay dos elementos con los que Waid remonta el vuelo. Por orden cronológico, el segundo es la mencionada presencia de Impulso, porque remover el árbol e incluir nuevos personajes siempre viene bien, y más cuando perpetúan el legado de Flash de un modo tan familiar. Pero el primero es probablemente el más convincente, porque se acerca a aspectos que promueven el debate realista sobre la figura del superhéroe. Flash, cuya identidad es pública, se enfrenta a la demanda de una mujer por no salvarla. El debate es fascinante: ¿se puede culpar, incluso condenar, al hombre más rápido del mundo por no a todos los rincones cuando se produce una catástrofe o el ataque de un supervillano? La resolución es, gran acierto de Waid, tan positiva como amarga. El espectáculo llega después, pero donde convence es aquí.
Para ese momento, Wieringo ya es el dibujante de referencia de Flash. No el único, porque se van colando otros autores, incluyendo a un Carlos Pacheco que se ocupa con brillantez del capítulo final de la introducción de Impulso, o un Eduardo Barreo que es, con diferencia, el que más partido es capaz de sacar en los números de la Liga de la Justicia. Wieringo, incluso lejos de sus mejores trabajos, por ejemplo en Los 4 Fantásticos, le da una personalidad muy marcada a la serie. Destaca, como hay que hacerlo cuando se dibuja Flash, en mostrarnos los efectos de la velocidad, pero se las arregla bastante bien en todas las situaciones que le plantea Waid. El último número, el mencionado homenaje a Flash como personaje dentro de Hora Zero, es el que sirve para marcar el estándar que impone el dibujante en la serie. Impulso se cierra así con mucho mejor sabor de boca que el que provocan sus primeros números, y nos devuelve la sensación de lo bien que entiende Waid al superhéroe, algo que ha mostrado a lo largo de toda su carrera con picos brillantes. Flash no es, probablemente, de los más indiscutibles, pero hay elementos de sobra para disfrutar de la lectura, incluso aunque Flash no se encuentre entre las preferencias del lector. Desde luego, pocos como Waid han sabido contar sus aventuras de una manera que puedan leerse sin una enciclopedia delante.
El volumen incluye los números 84 a 94 y 0 de The Flash, y los números 5, 6, 8 y 9 de Justice League Quarterly, publicados originalmente por DC Comics entre octubre de 1991 y julio de 1994. El único contenido extra lo forman las portadas de Kevin Maguire, Eduardo Barreto, Dave Cockrum, Andy Smith, Alan Davis, Rob Haynes y Mike Wieringo.
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