CÓMIC PARA TODOS

‘El mundo perdido’, de Christophe Bec, Fabrizio Faina y Mauro Salvatori

Editorial: Yermo.

Guión: Christophe Bec.

Dibujo: Fabrizio Faina y Mauro Salvatori.

Páginas: 160.

Precio: 35 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Febrero 2018.

Adaptar El mundo perdido, la novela de Sir Arthur Conan Doyle, tiene dos escollos evidentes. El primero, el más lógico, es la alargada sombra de su creador, la fascinante novela que escribió, a la que se rinde homenaje aceptando que se trata de una de las aventuras más inteligentes de su época con una labor fiel y adecuada. El segundo, el cine. Desde que Steven Spielberg nos demostró en Parque Jurásico que podríamos ver y sentir de esa manera a los dinosaurios en la gran pantalla, es difícil que cualquier otro medio audiovisual llegue a esa altura. Lo bueno es que Christophe Bec escribiendo y Fabrizio Faina y Mauro Salvatori en el dibujo aceptan los dos retos con humildad y con el claro propósito de crear una adaptación que entretenga. No se sienten en la necesidad de innovar, modificar o actualizar. Lo que hacen, lisa y llanamente, es honrar la historia de Conan Doyle con la pausa necesaria, la que tenía la obra original, sin necesidad de acelerar el ritmo o de acentuar las escenas de acción pensando en un público contemporáneo. Bien narrada y bien dibujada, funciona porque entiende que su fuerza motora está, fundamentalmente, en los hallazgos que El mundo perdido puso sobre el papel hace ya más de un siglo y no necesita mostrarse mejor o más innovadora que la obra de origen.

Bec, al que siempre han gustado las aventuras de corte clásico por mucho que la mayoría de ellas estén ambientadas en el presente, como Prometeo (aquí, reseña de su primer volumen) o Deepwater Prison (aquí, su reseña), está como pez en el agua en el mundo de Conan Doyle. Su estructura es bastante lineal, nos cuenta el viaje de los exploradores que descubrieron ese mundo perdido al que hace referencia el título, y las únicas licencias que se permite para romper ese viaje son los recuerdos de algunos personajes para ponernos en el contexto que nos permita entenderles, sobre todo a Ned y su amor por Gladys, la razón por la se embarca en la misión suicida que le permita regresar a ella como el hombre aguerrido y valiente que busca. Puede parecer un detalle menor en una aventura grandilocuente como esta, pero es ahí donde los personajes se asientan. Correr delante de dinosaurios, criaturas jamás vistas en el mundo moderno u hombres prehistóricos es divertido, y lo plasma bien en la página, pero si los personajes no tuvieran pasado y motivaciones no serviría de mucho. Bec recoge la base de Conan Doyle y la aplica para complementar la necesaria acción. Y luego, sí, estamos hablando de un tebeo de dinosaurios, lo que superando el escollo de saber que el cine ya los plasma mejor que nadie, siempre deja un poso de entretenimiento bastante grande.

Para eso es fundamental el trabajo de los ilustradores, y Faina y Salvatori pasan la prueba con nota. Sin alardes, sin grandes artificios y dominando más el escenario y la ambientación que el retrato de los personajes, a los que diseñan bien pero a los que manejan con algo de frialdad en algunos momentos. La idea es que el espectáculo y la aventura se sientan en cada instante, y eso lo consiguen, no solo explotando las viñetas grandes de una manera que el cómic franco-belga no suele hacer, sino también en las imágenes más pequeñas. Cuando hay peligro, se siente; cuando hay horror, también. Y las maravillas del entorno sobresalen con mucha facilidad. Las criaturas de todo tipo, los escenarios y la naturaleza son el punto fuerte del dibujo de esta serie, y eso sucede no solo cuando llegamos a tierras exóticas, sino también en la forma en la que muestran los primeros años del siglo XX en la civilización de la que parte la exploración. El mundo perdido no tiene como objetivo inventar nada, pero sí que colma con creces a quien busque una aventura de corte clásico, que sabe potenciar sus puntos fuertes y que sabe aprovechar una narración detallada para hablar del hombre y de su relación con el mundo, con el que conoce y con el que está por descubrir. No es una obra arriesgada, pero sí una sincera y cumplidora.

El volumen contiene los tres álbumes de Le monde perdu, publicados originalmente por Soleil en agosto de 2013, enero de 2015 y enero de 2017. El contenido extra lo forman las portadas originales y un portafolio de bocetos.

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