Guión: Bastien Vivès, Mickaël Sanlaville y Balak.
Dibujo: Bastien Vivès, Mickaël Sanlaville y Balak.
Páginas: 216.
Precio: 14,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Enero 2018.
Todos tenemos series que, no importa cuántos números pasen o cuánto cambien con respecto a su arranque, nos adentramos en sus páginas con el deseo irrefrenable de que no decaiga el espectáculo. Eso tiene una vertiente más negativa, la del miedo a que nos falle. Esas dos sensaciones se tienen en cada número de Last Man. Cuando empezó (aquí, reseña de su primer número), la serie de Bastien Vivès, Balak y Mickaël Sanlaville fue un bombazo, un homenaje nostálgico al manga de combates pero visto desde un prisma europeo. La sorpresa, que la serie mantuvo un crecimiento espectacular durante unos cuantos números. Y el shock, cuando los autores decidieron pegar un salto hacia adelante valiente y bestial, marcándose una elipsis que modificaba parcialmente el elenco de protagonistas. Llegamos ya al noveno número, y el miedo, precisamente por todos esos cambios, es mayor que el deseo de que nos siga gustando tanto como al principio. Pero, y he aquí el enorme mérito de Last Man, aunque por momentos puede dar la sensación de que no estamos a la altura, Vivès, Balak y Sanlaville siempre alcanzan un punto en el que recuperamos la emoción del primer momento. Sí, efectivamente, en este noveno número lo vuelven a hacer. Y vuelven a dejarnos con el mismo deseo y el mismo miedo de cara al décimo volumen.
Desde que decidió cambiar el escenario de una manera tan radical, no es la primera vez que Last Man apuesta por convertir un volumen completo en un gran clímax como sucede en esta ocasión. Hay menos sorpresa en ese sentido, pero la manera en la que acaba el volumen compensa con creces la ausencia de sorpresas narrativas iniciales. Es tan fuerte el golpe del final es tantos sentidos (sobre todo en cuanto a misterios descubiertos y en cuanto a la emoción que imprimen a la escena clave), que cualquier sensación de déjà vu queda enterrada casi al instante. No impide eso seguir reconociendo que la primera etapa de Last Man parece seguir un peldaño por encima de esta segunda, pero hay que reconocer que el movimiento no es baldío. Al contrario, es valiente y tiene sentido. No están los autores alargando la historia de una manera artificial o vacía, ni mucho menos, sino que están haciendo un ejercicio de fan fiction soberbio. Ellos mismos han imaginado, como podría haber hecho cualquier lector, cuál sería el futuro de Aldana y su mundo. Y están dando con un escenario fascinante que está empezando a encajar mucho más con lo que ya conocíamos. No es nada fácil esa tarea, y por eso la serie sigue manteniendo la atención del lector con tanta intensidad, porque nunca sabes lo que va a pasar en la siguiente página.
El estilo visual de Last Man sigue siendo otro de sus enormes alicientes. Sin haberse notado para nada un cambio radical, no prima ya tanto la economía de líneas que sí vimos en los primeros volúmenes. Es más difícil ver viñetas sin demasiado detalle, aunque se mantiene las que no tienen fondos para potenciar efectos dramáticos (y como muestra, la última de esta novena entrega), quizá como una señal de que la propia trama se está complicando mucho. Eso sí, el estilo es innegociable. La manera en la que entendemos a los personajes, sus rasgos físicos esenciales, su manera de moverse, todo eso sigue teniendo la misma fuerza y las mismas directrices que al principio. Y la manera en la que se han integrado los personajes ya conocidos, con la necesaria evolución del paso de los años, con los nuevos que han introducido los autores, sigue siendo modélica. Last Man se mantiene en la brecha, sigue creciendo de una manera fascinante, y por mucho que cambie, por muchos elementos nuevos o diferentes que vayan apareciendo en cada entrega, sigue siendo una referencia en el marco de esas rarezas del cómic europeo que rompen fronteras, estilos y géneros. Que siga la fiesta, porque desde luego lo que nos dejan en este noveno volumen incita a pensar que va a ser así, que todavía nos queda mucho y muy bueno por llegar.
Casterman publicó originalmente el noveno volumen de Lastman en octubre de 2016. El contenido extra lo forman las habituales pegatinas y el making off en viñetas que narran sus tres autores.
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