Guión: Gabrielle Bell.
Dibujo: Gabrielle Bell.
Páginas: 160.
Precio: 19,90 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Noviembre 2017.
Hay dos formas de entender Voyeurs, y en las dos el objetivo no es el habitual. Por un lado, es un diario. Gabrielle Bell, como tantos autores en los últimos tiempos, se coloca en esta obra como protagonista. De hecho, ubica meticulosamente cada uno de los minicómics que acaba formando este cuaderno de bitácora. Por otro, es un slice of life que entronca con el tipo de historias que la gente se ha acostumbrado a ver en el cine independiente, en el que no hay personajes simpáticos. Resulta curioso que una obra autobiográfica parta de ese supuesto, pero es así, Bell no escribe Voyeurs para caerle bien a nadie. En realidad, y sin saber realmente cuánto hay de ella misma en este constructo de pseudoficción que nos ofrece, es que no es nada fácil conectar con ella como persona. No es cercana, cariñosa ni cálida. Es, en cambio, maniática, solitaria y de trato difícil. Y es ahí donde la obra de Bell encuentra su lado más atractivo. Siendo lo que probablemente otros autores no querrían que fueran sus diarios, una confesión de apariencia honesta, porque en realidad da igual si las cosas sucedieron así o si su personalidad es de esta manera, que nos permite adentrarnos en la mente y en la realidad de alguien que lleva unos cuantos años dedicándose al mundo de los cómics desde una perspectiva bastante alejada de la industria y volcándose en muchos aspectos personales.
En ese sentido, es fácil entender Voyeurs como una rareza. Su mismo título es una provocación al lector. ¿Somos nosotros los voyeurs? ¿Estamos espiando nosotros a Bell? ¿No es ella quien se expone? ¿Y por qué el término voyeur, si esa mirada traidora a lo más íntimo apenas se ve en el primer segmento del cómic y apenas hay situaciones sexuales en las 150 páginas que tiene el libro? Bell busca retarnos para que entremos en su vida, y para que lo hagamos hasta el fondo. No es una historia, o una historia de historias, en la que se guarde nada. Y eso, se mire como se mire, es atractivo. Es verdad que la autora usa mucho texto y la rotulación no es demasiado amable, lo que dificulta la lectura en algunos pasajes, pero su autodefinición personal intriga. Y más que intrigar, y a pesar de su difícil carácter, no cansa. Su entorno ayuda mucho. En Voyeurs vemos a una autora trabajando, promocionando su papel en la película que Michel Gondry hizo de uno de sus anteriores trabajos, Cecil y Jordan en Nueva York, la vemos en sus pasos iniciales en el mundo del cómic y conociendo a Robert Crumb, pero también a la persona que hay detrás de ese personaje. Sus relaciones, sus amistades, su forma de socializar. Y es, efectivamente, un conjunto que aprovecha su rareza para ser algo más que una simple conjunción de historias cortas para formar un libro más extenso.
Bell, en una de las historias, llega a decir que ella más que una dibujante es una escritora, y se nota que eso lo que más le gusta. No solo por esa cantidad de texto antes mencionada, sino porque es ahí donde añade capas a sus dibujos. Su estilo, no obstante, se adecúa muy bien a lo que cuenta. Es sencillo, directo y eficaz, con colores llamativos que, de alguna manera, nos llevan a una realidad un poco distinta de la que nos está mostrando, dándole un aire de cierta fantasía a una historia que no podría ser más auténtica. ¿Será esta la manera de Bell de decirnos que lo que nos cuenta es tan real que mejor si lo hace como ficción? Quién sabe. Pero el caso es que, como decíamos más arriba, engancha. Como el mismo relato, su dibujo no está pensado que para que nos enamoremos de sus protagonistas, ni mucho menos de ella misma, que sabe hacer arte de lo aparentemente cotidiano, incluso de lo anodino. Voyeurs es, efectivamente, algo fuera de lo común, y eso le da un valor añadido bastante notable. No es que Bell sea la única autora que ha emprendido el camino de la no simpatía, más que el de la antipatía, para acercarse a sus lectores, pero sí que lo hace de una manera bastante auténtica y divertida. Eso hace que esta obra no sea una comedia al uso, pero que sí vaya despertando sonrisas de poco en poco.
Uncivilized Books publicó originalmente The Voyeurs en septiembre de 2012. El único contenido extra es una introducción de Aaron Cometbus.
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