Guión: Joshua Dysart.
Dibujo: Scot Eaton.
Páginas: 112.
Precio: 12,95 euros.
Presentación: Rústica.
Publicación: Noviembre 2017.
Ángeles quebrados es la confirmación: Imperium es una serie fantástica. Joshua Dysart ya nos dejó claro en su arranque, Coleccionando monstruos (aquí, su reseña), que iba a ser una historia ambiciosa y compleja, que no se iba a conformar con ser lo de siempre. Y, como toda buena serie, ni siquiera se recrea en la repetición. Eso, y el cruce con Divinity, tan imposible como certeramente ejecutado, nos lleva a un escenario fascinante. Todo lo que tiene de especial el universo superheroico de Valiant tiene su mejor razón de ser en esta serie, en el periplo de Toyo Harada, un personaje formidable al que Dysart ha rodeado de una manera casi inmejorable. Y eso que Ángeles quebrados da la sensación al principio de ser una simplificación de los objetivos del primer volumen. Parece como si alguien se hubiera quejado de su complejidad y por eso en este segundo arco argumental se contara algo más sencillo, una aparentemente fácil historia de asalto a un submarino. Pero las apariencias engañan, como el propio relato confirma a sus personajes, y como el lector va descubriendo según va pasando las páginas. Porque con cada número, con cada secuencia, con cada giro, Imperium va creciendo y, sí, confirmando que es una de las grandes series Valiant por su forma pero también por su fondo.
Dysart, de hecho, da la sensación de que sabe que está construyendo una mitología muy especial. Todas las piezas están sobre la mesa desde la primera secuencia, en la que queda totalmente claro que el miedo a Harada es el tema fundamental de este arco. Y todo cambia cuando Ángeles quebrados se convierte en una brutal lucha de poder entre el propio Harada y Divinity, algo que resulta difícil de asimilar sobre el papel pero que Dysart desarrolla de una manera magnífica, verosímil y abierta, porque semejante choque de titanes no puede quedar tan fácilmente resuelto. Esa es la guinda, porque este volumen deja muchas más cosas que analizar y disfrutar. Muchísimas, de hecho, y esa es una de sus grandes virtudes. Es incluso difícil asimilar todo lo que el escritor ha puesto en estos números, porque todo encuentra su momento y su camino, todo tiene significado, cada personaje tiene un aquí y ahora pero también una agenda más o menos oculta. Imperium es así, complicado y seductor, porque habla de poder, de cómo conseguirlo y administrarlo, y del difícil equilibrio entre las distintas fuerzas que hay en el universo. Enmascarar tantas cosas desde una historia de acción tan entretenida y trepidante es algo que no todo el mundo puede hacer con la naturalidad con la que Dysart ejecuta su relato.
Lo que narrativamente es una continuación bastante natural, nos lleva desde el punto de vista visual con cambios, Doug Braithwaite deja paso en este segundo arco argumental a Scot Eaton, y el resultado, distinto, es igualmente sugerente. No hay más que llegar a las páginas en las que se produce el enfrentamiento entre Harada y Divinity para comprobar la enorme imaginación que despliega el ilustrador en la serie, para seguir fascinando por lo que ha venido mostrando hasta llegar a ese punto y por lo bien que entiende a todos los personajes. Eaton no es un dibujante que innove en demasiados aspectos, pero su puesta en escena es casi perfecta. Es menos espectacular que Braithwaite, pero consigue lo fundamental, que no se eche en falta a su predecesor, gracias a que el ritmo de la acción es perfecto y a que los personajes funcionan, los realistas y los que no lo son. Imperium, de esta manera, sigue creciendo. Lo hace argumental y visualmente, siempre aportando elementos nuevos consiguiendo que sea una serie que resulta difícil dejar de lado. Si se empieza, se va a querer seguir. Pasaba con el primer volumen, pasa todavía más con este segundo, porque Imperium es inteligente, sofisticada y creativa a partes iguales.
El volumen incluye los números 5 a 8 de Imperium, publicados originalmente por Valiant entre junio y septiembre de 2015. El contenido extra lo forman las portadas originales de Kano, Cafu, Andrew Dalhouse, Scot Eaton, Wayne Foucher, Clyaton Henry, Elmer Santos y Philip Tan y un portafolio de páginas a lápiz y entintadas.
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