Guión: Ricardo Cavolo.
Dibujo: Ricardo Cavolo.
Páginas: 240.
Precio: 19,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2017.
Hay tres razones fundamentales para acercarse a un libro como 100 artistas sin los que no podría vivir. La primera, lógicamente, es la música. Si eres un melómano de esos que gustan de saber qué piensan otros melómanos, este libro te va a gustar. La segunda, el autor. Si te gusta cómo dibuja Ricardo Cavolo y además te apetece conocerle algo mejor precisamente a través de sus gustos musicales, este volumen te va a hacer pasar un buen rato. Y la tercera está en su título no es la Historia ilustrada de la música que Cavolo tacha sin pudor y con sinceridad, sino una recolección de 100 artistas sin los que no podría vivir el autor de este volumen y con cuya música aprendió, trabajó, se divirtió y vivió mil y una sensaciones que, por supuesto, explica en los textos que acompañan a cada ilustración. Si además te acercas a este libro por más de una de las tres razones citadas, miel sobre hojuelas. Se agradece la cercanía que desprende el libro y, sobre todo, el ánimo participativo que despierta. Lo dice Cavolo en las notas iniciales, y lo deja más que claro al incluir unas páginas finales en blanco para que cada uno de los lectores amplíe el trabajo con esos artistas sin los que no podría vivir. De eso se trata, de sumar, de conocer y de descubrir. No de obtener conocimientos eruditos o irrefutables, sino experiencias vitales y sensoriales.
Cavolo es un dibujante muy claro. Los suyos son retratos exagerados, en forma y color, pero también en los detalles que completan cada dibujo. Pero seguramente de donde más detalles y satisfacciones se pueden sacar no es de las láminas que acompañan a Wolfgang Amadeus Mozart, Elvis Presley, Dolly Parton, Chuck Berry, Bob Dylan, Frank Sinatra, The Beach Boys, Sex Pistols, Nirvana o Sepultura, solo uno pocos de esos cien artistas que componen esta recolección de talento musical, sino en el marco que acompaña al texto que explica las sensaciones que cada uno de ellos le provoca al autor del libro. Son pequeñas ilustraciones, simbólicas, oníricas, plasmación absoluta de lo que realmente pretende Cavolo con esta obra. Es ahí donde la música se convierte en otra cosa, en la manifestación de las razones por las que se ha animado a escribir y dibujar este libro, rotulado además de una forma tan personal que solo puede considerarse como el “diario musical ilustrado” que el mismo Cavolo defiende. No es un libro de texto, sino una catarsis, una explosión emocional y artística que se puede leer de muchas maneras diferentes, algunas entendiendo a su creador como tal y otras simplemente como un colega con el que hablamos de música. Y el caso es que funciona, que al cerrar el libro, incluso al pasar cada página, el impulso es el de escuchar música. Así da gusto.
El libro no tiene contenido extra.
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