Guión: Sylvain Cordurié.
Dibujo: Vladimir Krstic-Laci.
Páginas: 96.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Septiembre 2017.
Se han escrito ya tantas historias de Sherlock Holmes fuera del canon de Sir Arthur Conan Doyle que resulta difícil imaginar algo que no se haya hecho. La propuesta de Sylvain Cordurié en Sherlock Holmes y los viajeros del tiempo, culminación de todo el trabajo que ha dedicado el escritor al detective más famoso de la literatura, es fusionarlo con las historias de H. G. Wells. No es, en sentido literal, una adaptación de La máquina del tiempo en la que se nos cuele Holmes como gancho para otro tipo de lectores, pero sí que hay en estas páginas mucho del espíritu de la mencionada novela, incluyendo la visión de un futuro apocalíptico aunque muy diferente del imaginado por Wells. Cordurié, con un buen dibujo de Vladimir Kristic-Laci, ofrece una aventura con mucha acción y con más ideas propuestas que resueltas. Es una historia que, en ese sentido, va claramente de menos a más. No engancha tanto en la puesta en escena, probablemente porque en el fondo Sherlock Holmes es menos necesario en la historia de lo que tendría que ser, como sí lo hace en la forma en la que va cerrando tramas y aportando las necesarias explicaciones para que todo llegue a conclusiones aceptables, y por eso el segundo álbum, Fugit irreparabile tempus, resulta mucho más atractivo que el primero, La trama.
Los grandes aciertos de Cordurié están, de hecho, antes incluso de ponerse a escribir. A Holmes le encaja bastante bien el tipo de historia que se plantea, un misterio con el tiempo como elemento clave. La forma en la que esos viajes le permiten a Holmes desplegar sus aptitudes detectivescas es notable, y la intriga política que imagina es de primer nivel, algo que podría haber sido la base por si sola del relato. Pero hay dos detalles que no terminan de convencer de la misma manera. Por un lado, el grupo de aventureros que acompaña a Holmes no termina de funcionar igual de bien y de manera homogénea. Hay personajes que sí, sobre todo Aaron McBride, el viajero en el tiempo que desencadena la historia, un científico bien escrito, pero otros como Lynn Redstone acaban pareciendo algo que, con la capacidad de funcionar muy bien en otros contextos, aquí se antoja como algo demasiado fantasioso. Y por otro lado, el villano de la historia. Demasiado oculto durante demasiado tiempo, no acaba de lograr la entidad que necesita la historia. Holmes necesita un Moriarty y aquí no lo tiene. El marco está, pero falta una némesis a la altura. No son lastres demasiado imponentes en la lectura, que se acomete con bastante facilidad, pero sí dejan la sensación de que no se alcanzan todas las posibilidades que daba la propuesta.
Donde sí se fusionan francamente bien todos los elementos que pone Cordurié sobre la mesa es en el dibujo de Kristic-Laci. Su dibujo, clásico en muchos aspectos, rinde precisamente por ello la fidelidad debida a un personaje que se mueve muy bien en su época, en el Londres de finales del siglo XIX. En ese sentido, escenarios, ropajes, incluso la forma de comportarse de los personajes llega a la página de una manera muy acertada y la inmersión es absoluta, a la altura de las mejores revisiones en cómic de Sherlock Holmes. Y tampoco lucen nada mal los demás elementos que conforman este tebeo, desde el efecto del viaje en el tiempo, sencillo y eficaz, hasta el misterio y la fantasía con los que juegan para presentar al villano. El combate es lo que menos llama la atención en el trabajo de Kristic-Laci, porque al final queda confinado a viñetas demasiado pequeñas como para que luzca como sí consigue el ilustrador que brille la ambientación (formidable la splash page, ese recurso tan raro en el cómic francobelga, en la que se ve el futuro). Sherlock Holmes y los viajeros del tiempo es una más que aceptable forma de interpretar al personaje desde una óptica que busca la originalidad y el respeto a los logros literarios del propio Holmes pero también de la literatura que se enmarca en su misma época. Podría haber tenido más ambición, pero el resultado es bueno.
El volumen incluye los dos álbumes de Sherlock Holmes & Les voyageurs du temps, La trame y Fugit Irreparabile Tempus, publicados originalmente por Soleil en abril de 2014 y mayo de 2016. El único contenido extra son las portadas originales de Jean-Sébastien Rossbach y Bertrand Benoît.
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