Guión: Xulia Vicente, Lorenzo Montatore, Nuria Tamarit, Fran Collado, Alex Giménez, Evan M. Cohen, John F. Malta, Ana Oncina, Genie Espinosa, Kensauge, Ana Galvañ, Coke Navarro, Antonio Hitos, Alexis Nolla y Aroha Travé.
Dibujo: Xulia Vicente, Lorenzo Montatore, Nuria Tamarit, Fran Collado, Alex Giménez, Evan M. Cohen, John F. Malta, Ana Oncina, Genie Espinosa, Kensauge, Ana Galvañ, Coke Navarro, Antonio Hitos, Alexis Nolla y Aroha Travé.
Páginas: 132.
Precio: 12 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2017.
Qué rabia da que los proyectos interesantes acaben. O, al menos, que puede que vayan que acabar. El tercer número de Voltio es, en teoría, el último. Nadie se sorprenderá de que una revista de cómic eche el cierre, puesto que parece un nicho maldito, cuya prosperidad forma parte del pasado aunque no dejen de surgir iniciativas que buscan recuperar esta forma de publicar viñetas. Pero sí, da rabia que el barco comandado por Alex Giménez y Ana Oncina acabe de esta manera. Al menos les ha dado tiempo a despedirse, a contarnos la verdad, lo difícil que es mantener y coordinar un proyecto de esta naturaleza si se quiere compaginar con otros trabajos. Nos lo cuentan con una historieta del primero y con un texto de despedida en el que nos confirman que esto seguramente es un adiós. Voltio se despide con la misma sensación de frescura con la que llegó, dejando quizá el aire de una obra incompleta y demasiado efímera para lo que prometía. Pero así es el cómic en España, en el que no hay segundas oportunidad, en el que todo es el aquí y el ahora porque probablemente no haya un mañana, sea por la razón que sea. El final (¿seguro?) es una buena ocasión para volver a revisar la efímera historia de la revista y confirmar unos cuantos nombres que hay que subrayar con rojo para el futuro.
Kenasuge abre el fuego para este número final con Dos grandes amigos, una peculiar historia lo fácil que se rompen las amistades cuando hay interferencias externas. Lorenzo Montatore aporta dos historias, un primer gag que refleja bien la sociedad actual con una simple frase que se puede entender como carne de las redes sociales, y una segunda con una singular paradoja temporal. Entre ambas, Antonio Hitos vuelve a mostrarnos el extrañísimo universo de colores chillones que ha creado. Fran Collado muestra en Bill una versión atrevida y divertida de Bigfoot. Xulia Vicente vuelve a demostrar que es una excelente ilustradora con unas páginas y una protagonista que piden a gritos una historia más larga. Coke Navarro nos deja una anécdota convertida en thriller, que juega con una espléndida ambientación, con un coloreado muy sugerente y con una manera muy inteligente de usar el sonido y las onomatopeyas. Living Land, de John F. Malta, es probablemente el segmento más surrealista de esta tercera entrega de Voltio, y no solo por su particular y casi alucinógeno colorido sino por su misma historia, un diálogo existencialista entre un hombre y un perro antropomórfico que juegan al baloncesto. Despierta, de Evan M. Cohen, es una pieza onírica, de una fantasía muy especial y con un sentido visual muy agudo.
Ana Oncina nos muestra el último capítulo de Alicia, que, aunque coronado por un “Fin”, deja la sensación de ser algo que tiene que dar todavía mucho más de sí. ¿Quizá como cómic independiente? El tiempo lo dirá. Nuria Tamarit tampoco se queda corta a la hora de sumar elementos a los relatos oníricos que hay en Voltio, con su particular estilo como ilustradora. Ana Galvañ aporta la píldora más inquietante de todo el volumen con Hotline to Death, una historia sin sonido pero en la que resuenan los gritos de terror, lo que habla muy bien de su narrativa. Genie Espinosa profundiza en el mundo de una chica con cabeza de aguacate que vive en un entorno crítico (¿puede ser de otra manera?) en las redes sociales y en un mundo hostil y raro. Alexis Nolla con YT y Aroha Travé en Corvis dan las últimas pinceladas a sus universos personales, que también dejan la impresión de que podrían haber tenido tanta continuidad como ellos hubieran querido. Y es Álex Giménez quien pone el punto, y aparte o final según quiera pensar el lector, con una historia que precisamente sirve para cerrar la revista. Lo que se consigue así, y no es poco, es que la despedida sea alegre, con una sonrisa en la cara, con la satisfacción de un deber cumplido y de un ánimo feliz, a pesar de la tristeza de saber que no habrá número 4.
El volumen no tiene contenido extra.
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