Guión: Sam Kieth.
Dibujo: Sam Kieth.
Páginas: 96.
Precio: 12,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Julio 2017.
Se podrá criticar a Sam Kieth por muchas cosas, pero desde luego no por ser convencional. Su acercamiento a Batman en Fantasmas es una buena prueba de ello. Y no solo por su exageradísimo estilo como dibujante, retando constantemente las leyes de la anatomía, de la física o de la realidad con su trazo nervioso y sus figuras imposibles, sino también por la historia. Que nadie espere ver aquí una interpretación clásica del Caballero Oscuro, porque no la hay. Y, de hecho, hay muchísimo riesgo en lo que plantea por muchas razones, incluso aunque beba de la vertiente más detectivesca, esa que, de hecho, fue con la que nació el personaje allá por el año 1939. La revisión de Keith no es fácil. Probablemente, no gustará a algunos de los aficionados más puristas, por lo que Batman hace, por lo que dice, por lo que siente y por lo que no ve. Porque siendo un relato de apariencia noir con toques fantásticos, al final acaba siendo poco más o menos que una historia de amor muy poco convencional, tanto por el propio Batman como por la otra parte, una asistencia social ciega que se aleja del canon de belleza propio del cómic de superhéroes. Nada en contra de que aparezcan personajes de este estilo, al contrario, pero no da la sensación de que haya más mensaje de Keith en esa decisión que buscar un escenario extraño.
En realidad, Keith deja sensaciones un tanto peculiar con Fantasmas. Casi siempre da la sensación de que es una historia que está a punto de romper, de estallar, de llevar a terrenos originales y atrevidos. Pero, al final, esa sensación no termina de cristalizar. Es difícil imaginar que este Batman es el que conocemos, y de hecho Ketih lo pone aún más complicado en la primera secuencia cuando le deja en una absoluta indefinición con respecto al uso de las armas. No es el único momento dudoso en lo que se refiere al retrato del protector de Gotham, y dado que el comisario Gordon no actúa más que como refuerzo, como actor necesario para que Batman tenga con quien hablar, el foco de interés se traslada a los otros dos elementos de la serie. Por un lado, el villano. Ahí, el éxito de Keith no es rotundo. No hay más que terminar de leer Fantasmas y pensar en él. ¿Cuál es la conclusión? Que importa mucho menos que la misma casualidad de algunos acontecimientos que narra el autor. Nos queda Callie, de largo lo más interesante, pero no necesariamente parte de una historia que tenga que protagonizar Batman. Puede, incluso, que Callie merezca una historia sin él, porque así habría ganado un protagonismo que merece. La mezcla de todo esto acaba siendo una historia algo irregular, demasiado como para perdurar en la memoria.
El dibujo de Keith, no obstante, le da al relato mucho más alma de lo que queda con lo que el mismo autor escribe. Hay que aceptar sus reglas, porque resulta evidente que su forma de entender el mundo, en sus elementos realistas y en los que no lo son, no es apta para todas las sensibilidades y desde luego chocará a quienes imaginen el mundo del superhéroe como derivado de los modelos de José Luis García-López que durante mucho tiempo fueron la imagen oficial de Batman y compañía. Keith es algo completamente diferente, pero eso es algo que sabemos desde antes de tener este libro en las mano. Hay en sus acuarelas algo magnético, hipnótico y turbio. Lo que resulta algo más difícil es encontrar la hermosa que quiere colocar en una segunda capa y que solo se aprecia con claridad en los recuerdos de Callie, gracias también a unos contundentes fondos blancos sobre los que las figuras del ilustrador destacan todavía más que en el universo retorcido y oscuro de Batman. Fantasmas es, en todo caso, una obra que abre debates, que quiere incorporar detalles diferentes a la mitología del héroe y que se lee con mucha rapidez, porque Keith no necesita una profusión de texto para darse a entender. Otra cosa es que lo que propone convenza al aficionado. Eso no es una tarea sencilla. Pero tiene osadía proponer algunas cosas de las que hay en este cómic.
El volumen incluye los números 40 a 43 de Batman Confidential entre enero y abril de 2010. El contenido extra lo forman una introducción de Jorge García y las portadas originales de Sam Kieth.
Leí esta obra, y como bien dices es concisa. Personalmente me gustó, pero si tirar cohetes. El dibujo me parece cojonudo, arriesgado y loco a más no poder
Un saludo
Riesgo tiene y mucho. Por aquí nos gusta más el dibujo que la historia, pero desde luego animamos a leerla para que cada uno saque sus conclusiones. ¡Gracias una vez más por tu opinión! Saludos.