CÓMIC PARA TODOS

‘Archangel’, de William Gibson y Butch Guice

Editorial: Medusa.

Guión: William Gibson y Michael St. John Smith.

Dibujo: Butch Guice, Alejandro Barrionuevo y Wagner Reis.

Páginas: 144.

Precio: 17 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Noviembre 2017.

Hay dos maneras de analizar Archangel, obra que nace de la imaginación de William Gibson que él mismo escribe junto a Michael St. John Smith y que sobre todo está dibujada por Butch Guice. La primera es la obvia, la que nos lleva a una formidable aventura de ciencia ficción, de viajes en el tiempo para cambiar un pasado y así perpetuar una dictadura en el presente. Desde este punto de vista es un entretenimiento de primer nivel, con espléndido ritmo y muy buenos personajes. Pero hay una segunda manera de ver este cómic, y el deseo de no reventar su contenido hace que sea imposible de desgranar aquí. La base, en todo caso, es su final, uno que hace que nos replanteemos todo lo que hemos leído. ¿Ciencia ficción? Igual no. La sensación que deja esa página final, digna de la mítica serie de En los límites de la realidad o de los mejores episodios de los Cuentos asombrosos de Steven Spielberg, obliga a entender las dobles lecturas que Gibson ha ido dejando en las páginas anteriores, cebos que pueden entenderse o no y que arrojan una interpretación mucho más madura y compleja de lo que su factura de blockbuster hollywoodiense puede dejar entrever. Por eso Archangel es tan buena. Porque está muy bien pensada y mejor ejecutada para que ambos niveles se fusionen de una manera casi inmejorable.

Gibson juega bien sus cartas. Muestra las que quiere y se guarda una, fundamental, para el final, y eso hace que su historia sea francamente buena. Acierta en el escenario que propone, mucho más en cómo lo va desarrollando para ir metiéndonos esas pinceladas de ciencia ficción tan agradecidas, y sobre todo acierta con los personajes, con un pasado que no necesita explicar pero que se siente, y quizá algo menos con el presente, porque cae en algunos tópicos. Los hace funcionar, eso sí, empezando por los dos personajes más llamativos de la historia, por un lado el piloto sin nombre al que seguimos y por otro la teniente Naomi Givens. No son los únicos, porque Gibson compone un cuadro muy atractivo. Puede que lo más reprochable es que no hay apenas choque cultural entre los personajes de las dos épocas tan distintas y distantes que nos muestra, y que ahí se centra en lo visual (los tatuajes), pero el autor lo compensa con una buena contraposición de nacionalidades. Ahí sí que consigue unas relaciones personales sumamente sugerentes que, además, enriquecen el contenido político de la historia. Porque lo tiene. No es solo ciencia ficción, ni siquiera una suerte de ucronía. Ni mucho menos acción. Archangel va sumando elementos que le dan peso y que explotan con su brillante resolución, sorprendente pero, en el fondo, muy lejos de ser inesperada.

La clásica factura de su dibujo hace que esta historia sume enteros. Una lástima que, incluso siendo una historia tan corta de tan solo cinco números, no podamos disfrutar del trabajo de un solo  ilustrador. Porque ese toque tan atemporal que tiene Archangel es mérito de Butch Guice, espectacular en el diseño de los escenarios y tremendamente hábil para manejar a sus personajes. Pero ya en el cuarto número cuenta con el apoyo de Al Barrionuevo y en el último, no por casualidad el más flojo de la historia, y es una pena siendo un clímax tan potente, queda en manos de Wagner Reis. No hay nada fallido, y de hecho el salto de uno a otro ilustrador exige una mirada atenta, pero sí que es verdad que lo que en los primeros números fluye en cuanto al movimiento corporal, en el último resulta algo más forzado. Es quizá el único detalle a lamentar de una serie que deslumbra por su propuesta, por su puesta en escena, por lo que muestra y por lo que sugiere. Lo que está claro es que Archangel es una de esas historias que no merece pasar desapercibidas, que apela a públicos muy distintos y que tiene un valor bastante alto para ser la primera novela gráfica del novelista Gibson. Su nominación al Eisner es un buen reclamo, pero es mucho más interesante olvidarse de premios y menciones y disfrutar de un espléndido cómic con la mente limpia.

El volumen incluye los cinco números de Archangel, publicados originalmente por  IDW entre mayo de 2016 y junio de 2017. El contenido extra lo forman un epílogo de William Gibson, las portadas originales de Tula Lotay y las alternativas y otras ilustraciones de Butch Guice, Davide Fabbri, James Biggie, Alejandro Barrionuevo y Wagner Reis, y un portafolio comentado con diseños de los personajes.

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