Guión: Richard Marazano.
Dibujo: Guilhem.
Páginas: 48.
Precio: 15,95 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2017.
La figura de Nikola Tesla es un caballo ganador. Su carácter excéntrico y su vinculación a prácticas a medio camino entre la ciencia y la fantasía le convierten en una figura ideal para todo tipo de relatos, como demostró de una manera evidente Christopher Nolan al darle el rostro y el magnetismo de David Bowie en El truco final (El prestigio) hace ya algo más de una década. Con este primer álbum de Los tres fantasmas de Tesla, primero de tres, Richard Marazano y Guilhem se apuntan un buen tanto en la construcción de este retrato lleno de misticismo del científico e inventor de origen serbio. Lo hacen, en realidad, creando un relato sin su presencia, con el caramelo para el lector de El misterio Shtokaviano, título del primer álbum, para el lector que supone su mención en el título y convirtiéndole casi de manera inadvertida en el centro de un thriller peculiar e imaginativo, desarrollado en dos líneas paralelas, una plagada de interrogantes, con una tecnología que nos lleva de lleno al terreno de la ucronía (¡y qué bien funciona eso casi siempre!), y la otra como una historia cotidiana, sacada de la realidad norteamericana de los años 40 y con un niño como protagonista. Un gran cuadro y uno más pequeño que van convergiendo en sus detalles y que anuncian una continuación bastante imprevisible para una historia que arranca francamente bien.
Marazano tira de manual para dar forma a este primer acto. Una presentación intrigante, un acercamiento más pausado al que está llamado a ser el personaje principal del relato, el joven Travis, un escenario tan conocido como Manhattan para dar a la historia un marco reconocible, la conocida historia del hombre viejo cargado de misterios y un final que se convierte en un auténtico cliffhanger. Todo está en los libros sobre cómo construir un buen relato de ficción. Ese puede ser el principal enemigo de este arranque de Los tres fantasmas de Tesla, que no hay sorpresas en su estructura, pero tampoco se puede negar que esta funciona a las mil maravillas y cumple con todos los objetivos que se pueden contemplar a la hora de preparar este primer tercio de una historia. Marazano, en todo caso, sabe aprovechar todo lo que se pueda considerar arquetípico, incluso tópico (hasta la madre soltera del protagonista por la que se interesa un agente que aparece de manera casual en la vida de Travis) para insuflar vida al misterio por diferentes vías. De alguna manera, todo atrae en El misterio Shtokaviano, uno de esos álbumes que se podrían desmontar por más de un sitio pero que a la vez convence por todos ellos. ¿O acaso no genera cada situación un ansia de saber cómo va a continuar, por mucho que en algunos casos sí se pueda imaginar con facilidad?
El dibujo de Guilhem es parte decisiva para que estas sensaciones se vayan multiplicando con el paso de las páginas. Es verdad que la secuencia inicial es un gancho perfecto, en la que el ilustrador puede lucirse con los elementos ucrónicos, con el paisaje neoyorquino de los años 40 y unas máquinas de aspecto steampunk. Y eso es lo bueno de lo que hace Guilhem, que conjuga realidad y fantasía casi sin esfuerzo. Convencen tanto la épica que denotan la primera y la última escenas de este primer álbum como la naturalidad con la que Travis se relaciona con sus nuevos amigos, con su madre o con ese anciano vecino que es mucho más de lo que aparenta. Sin grandes alardes, pero con mucha eficacia, el ilustrador firma un buen trabajo. Puede que su punto débil esté en una cierta frialdad en el conjunto, probablemente producto de su pretensión de realismo, pero no supone nada grave, porque Los tres fantasmas de Tesla tiene un aspecto muy atractivo. Y es, o al menos promete ser, más que un simple homenaje a Tesla. El misterio Shtokaviano es, desde luego, un muy prometedor arranque. Su fidelidad a un camino marcado invita a pensar en que el segundo álbum tiene que confirmar estas sensaciones para que no se derrumbe el castillo de naipes. Pero construir una figura con cartas también tiene su encanto. Esta, de momento, no va nada mal.
Lombard publicó originalmente el primer álbum de Les trois fantômes de Tesla, Le mystère Chtokavien en agosto de 2016. No tiene contenido extra.
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