CÓMIC PARA TODOS

‘QRN en Bretzelburg’, de André Franquin

Editorial: Dibbuks.

Guión: André Franquin y Greg.

Dibujo: André Franquin.

Páginas: 136.

Precio: 25 euros.

Presentación: Cartoné con sobrecubierta.

Publicación: Julio 2017.

No son muchas las ocasiones en las que tenemos la oportunidad de leer un cómic sabiendo exactamente cómo se fue desarrollando. Esta edición y comentada de QRN en Bretzelburg, como ya sucediera con la de La máscara (aquí, su reseña), es un lujo que no se puede dejar pasar. Ver cómo encaraba André Franquin la creación de un álbum de Spirou y Fantasio es algo que merece la pena desde cualquier punto de vista. Franquin es uno de los autores esenciales de quienes son, por derecho propio, personajes fundamentales del cómic francobelga del siglo XX, con la que las explicaciones de Hugues Dayez sobre cómo dio forma a esta aventura, a veces con un nivel de improvisación salvaje, son un pequeño tesoro que complementa a la joya en viñetas que tenemos entre manos. Ojalá hubiera muchos más cómics que llegaran a nuestras manos de esta manera, porque a su valor narrativo hay que sumar uno didáctico de incalculable valor. Si vemos cómo empieza la historia, con un problema tecnológico derivado de que una radio acabe atrapada en la nariz del marsupilami, y cómo acaba, con una revolución política en un pequeño país europeo, nos daremos cuenta de lo importante que es ir leyendo las notas al tiempo que se pasan las viñetas. Franquin era un genio. A veces, incluso sin darse cuenta. Y que nos lo expliquen con hechos y declaraciones es una gozada.

Es verdad que el valor de QRN en Bretzelburg va más allá de las propias viñetas. Es un relato de 65 páginas, que Franquin sumó sin darse cuenta y que excedían las 64 del álbum original, por lo que tuvo que recortarla tras su aparición en la revista Spirou para dar el salto a ese formato. Y es igualmente importante el hecho de que le diera forma en medio de una enfermedad, que incluso detuvo la publicación de las tiras durante un tiempo, lo que hizo por un lado que Greg se sumara como coguionista y salvador, aunque solo fuera en presencia en algunos momentos y no por ideas, de un Franquin agotado y atascado, y por otro que la publicación originalmente se dilatara hasta los dos años. La historia combina casi todo lo que hace grande el Spirou de Franquin. El uso de los animales, el marsupilami y Spip, la separación en dos líneas de la aventura de Spirou y Fantasio, tipos de humor muy diferente para cada momento del relato, una trama política que el autor siempre negó pero que impregna el fondo del relato y una espléndida documentación, tanto para los diálogos y las situaciones como para el dibujo. Franquin era un auténtico genio, capaz de llevar a Spirou hasta cualquier rincón del planeta, hasta cualquier tipo de situación (¡sabe sacar partido hasta de la tortura en un álbum de esta naturaleza!), con lo que parece imposible no pasar un buen rayo leyendo este libro.

Imposible también parece no valorar con rotundidad al Franquin ilustrador. Ni enfermo, ni cansado, no hay manera de no ver y adorar mil y un detalles en su trazo, en su forma de componer la viñeta, en los artificios técnicos que utiliza para crear la historia, en lo bien que maneja a los personajes y hasta en la manera en la que oculta lo que no sabe dibujar, cosas que siempre deja para que sea el lector el que termine de imaginar la secuencia. Cuesta creer que Franquin no se considerara un dibujante humorístico, porque es francamente difícil contener la risa, al menos la sonrisa, ante cada gag visual que explora en sus ilustraciones. Su sentido del ritmo es igualmente brillante, y eso es lo que permite que el lector no perciba como un problema el cambiante tono y escenario que va creando en su improvisación narrativa. Y qué decir del diseño de personajes. Si alguno puede parecer arquetípico desde una mirada contemporánea puede ser incluso porque Franquin ayudara a construir ese arquetipo con su trabajo. QRN en Bretzelburg es una auténtica delicia que luce igual de bien en blanco y negro, situación que hasta permite apreciar un poco mejor sus lápices y sus tintas.  Si se busca la esencia de Spirou, este álbum, y más aún en esta magnífica edición, no parece en absoluto un mal lugar para empezar a buscarla. Pero nada malo.

QRN sur Bretzelburg apareció originalmente en la revista Spirou en 1963. Dupuis la recopiló en un álbum en 1966. Esta edición de lujo apareció por primera vez en 2015. El único contenido extra es el comentario en cada página de Hugues Dayez.

Podéis ver imágenes de este título aquí y aquí. Y en nuestra galería de Facebook podéis acceder a todas las páginas que mostramos de todos los títulos que comentamos.

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Esta entrada fue publicada en 30 noviembre, 2017 por en André Franquin, Dibbuks, Dupuis, Greg, Spirou y etiquetada con , , , , .

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