Título original: Justice League.
Director: Zack Snyder.
Reparto: Ben Affleck, Gal Gadot, Henry Cavill, Ezra Miller, Jason Momoa, Ray Fisher, Amy Adams, Jeremy Irons, Diane Lane, Ciarán Hinds, J. K. Simmons, Connie Nielsen, Joe Morton, Amber Heard, Billy Crudup.
Guión: Chris Terrio y Joss Whedon.
Duración: 120 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 17 de noviembre de 2017 (Estados Unidos y España).
Cada vez resulta más complicado entender a ese inmenso y nunca homogéneo conglomerado que forman los aficionados al cómic. Nada distinto de la sociedad en general, para qué nos vamos a engañar. Pero este sector en concreto parece que estamos deseosos de que aparezcan productos para machacarlos. O, al menos, para vivir de detalles que poco tienen que ver con la experiencia real. Todo esto viene a cuento del estreno de Liga de la Justicia, quinta película del universo cinematográfico de DC y piedra angular sobre la que construir su futuro. Nos hemos pasado meses debatiendo sobre cuestiones que, al final, resultan triviales en lo que acabamos viendo en la gran pantalla. Hemos hablado del bigote de Henry Cavill, del uso del CGI para recrear al villano de la función, de la salida de Zack Snyder por dramáticas circunstanciales personales y de la llegada de Joss Whedon para acabar sin firmar la película, de la intención de Ben Affleck de dejar de ser Batman y del tono que debe (nunca que gustaría sino que debe) tener la película. Y nos olvidamos de que esto es un producto pensado para entretener sin prejuicios ni verdades absolutas. Liga de la Justicia es una película de superhéroes como durante mucho tiempo hemos entendido a los superheroes. Es, por mucho que se pueda decir, puro DC.
No quiere decir esto que sea una película perfecta, porque indudablemente no lo es, pero su primer análisis merece un reconocimiento al nivel de diversión y entretenimiento que ofrece, que es muchísimo. La cuestión es que contamos con un puñado de héroes que tienen que salvar el mundo. Nada nuevo en el horizonte, eso está claro, pero es también algo que nos gusta ver. Y pensemos ¿Los héroes funcionan? Desde luego. ¿La amenaza es creíble? Sí, aunque desde un cierto prisma de simpleza y, por qué no decirlo, una ingenuidad que en el mundo del cómic ha funcionado durante mucho tiempo. ¿El escenario es el adecuado? Pues sí, lo es, porque la película acepta lo anterior pero amoldándose a un tono diferente. Si en algún momento hemos olvidado que estos personajes son no solo admisibles sino disfrutables tanto desde su gravedad como desde su luminosidad, Liga de la Justicia nos demuestra nuestro error. No hay dogmas de fe, no hay una única forma de entender a estos personajes y su mundo ¿Realmente importa tanto para vivir la película como el gozoso evento fan que es conocer al dedillo lo que ha aportado Snyder y lo que obedece a los propósitos de Whedon? La cuestión es que la mezcla agitada entre guion, rodaje, reshoots y montaje es más que adecuada, vibrante y entretenida.
Firme quien firme, el gran acierto de este montaje de Liga de la Justicia tiene el mérito de ser una transición modélica. La oscuridad de Batman v Superman (aquí su crítica) queda atrás, sus problemas narrativos también pese a la necesidad de cambios sobre la marcha en este siguiente capítulo, y en cierto modo volvemos al Superman de Richard Donner y Christopher reeve y a lo que habría sido un buen Batman de Joel Schumacher si no se hubiera emborrachado de colores y cierto grado de estupidez, sumándole el optimismo y el carisma de Wonder Woman (aquí, su crítica) y apostando por un megaespectáculo del que Jack Kirby estaría satisfecho. Desde la brillante secuencia inicial en Gotham para confirmar que Affleck entiende al personaje, la película sabe recoger el material previo (hasta lo hecho mucho antes, con bromas de Alfred sobre pingüinos), sabe cómo hacer que todo tenga sentido, incluso saltándose algunos elementos (ese plano final de Batman v Superman), y crear un cómic viviente de dos horas, que no necesita más para convencer aunque sí da la sensación de que se habría recibido con el mismo agrado de haber durado algo más. Pero contiene lo que tiene que contener. Amazonas, atlantes, superhéroes, nuevos dioses, cajas madre, todo lo que tiene que tener un superespectáculo con muchas y buenas escenas de acción.
Liga de la Justicia no provoca el mismo efecto que la justamente alabada Los Vengadores (aquí, su crítica) porque su cocción no ha sido tan brillante como la que hizo Marvel, no sin dudas, pero en realidad tampoco queda tan lejos. Snyder (¿y Whedon aunque no firme?) demuestra un conocimiento de los personajes más que suficiente para darles vida y dejarnos momentos memorables de cada uno de ellos, detalles que harán que el fan del cómic babee (el flashback que explica el origen del conflicto que amenaza con destruir la Tierra o la primera de las dos escenas postcréditos), muy buena acción incluso con el abuso de la cámara lenta, la algo rutinaria música de Danny Elfman o el exceso de humor juvenil de Flash y un reparto tan carismático, porque al final comparar resulta inevitable, como el de Marvel, en el que una vez más hay que alabar la presencia de Gal Gadot o las justas píldoras de cinismo de Jeremy Irons. Durante muchos años, Liga de la Justicia era una película con la que soñábamos, como con la de cualquier superhéroe, y que no podíamos tener. Ahora las tenemos y da la impresión de que no las disfrutamos tanto como podríamos. Su sentido de la épica, el espectáculo y la diversión merece que nos lo pasemos bien con ella. No hacerlo, por desgracia, puede tener más que ver con la forma en que percibimos hoy el cine que con lo que ofrece el propio filme.
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