Guión: Naranjalidad.
Dibujo: Naranjalidad.
Páginas: 192.
Precio: 21,90 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2017.
Trópicos es vida. Podríamos definirlo de muchas maneras. Podríamos enfatizar el poder cautivador que tienen sus imágenes, la manera en la que nos miran esos bellísimos ojos (¿tristes, melancólicos… o simplemente vivos?) que dibuja Naranjalidad, pseudónimo detrás del que se oculta Beatriz Ramo, casi como si ella misma fuera de las emociones que se desbordan en cada instante de su libro. Podríamos pensar que se trata de un viaje, físico y emocional a la vez, como lo son casi todos los que de verdad nos importan, que vemos cómo empiezan en un aeropuerto que donde han comenzado en realidad es en el interior de nuestro corazón. O podríamos quedarnos con la fusión de esas ilustraciones con los pequeños textos que las acompañan, textos que no quieren ser versos pero que no reniegan de su carácter poético, sobre todo cuando van creando formas ante los ojos del lector. Trópicos ha de ser, y seguramente así lo afrontarán casi todos los lectores, en una experiencia que mezcla todo lo anterior y a la que cada uno aportará su propia mochila. La autora, que ha construido su relato de manera parcialmente biográfica, lleva la suya, pero ha dejado espacio suficiente para que nos sumemos al viaje de una manera muy personal. Y eso, dejar que las sensaciones, propias y ajenas, superer el ego del artista, no es nada fácil.
Por eso es tan fácil perderse en Trópicos. Por eso se puede abrir el libro al azar y sentirse en medio del viaje de su autora. Por eso se puede leer de principio a fin y, sin saber siquiera si el texto precedió a la imagen o si fue a la inversa, o incluso si no hay relación creativa o narrativa, entender que algo se está moviendo en casa instante, en cada capítulo y en cada página. Sí que da la sensación de que es más completo el trabajo de la ilustradora que el de la narradora, quizá porque cada ilustración parece mirarnos directamente a los ojos y retarnos a que le sostengamos la mirada, a que encontremos el alma de cada uno de los rostros que vemos, a que disfrutemos con todos esos detalles que pueblan cada dibujo, línea, formas, colores que aportan la poesía de la que nos priva la ausencia de métrica. El subtítulo del libro es una muy buena pista para entenderlo todo, es El principio al final del viaje, y eso tiene un significado interno y externo, porque es el viaje lo que motiva las emociones en la mirada de su cambiante protagonista y al mismo tiempo es la primera obra de su autora, que se nos está presentando de la mejor manera que sabe, desnuda, humana y emocional. Nada mala esa manera de dar un golpe sobre la mesa y declarar con fuerza que sus ilustraciones pueden conmover a cualquiera, que sus detalles hablan de una autora muy completa y sincera.
No tiene contenido extra.
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