Guión: Cullen Bunn.
Dibujo: Vanesa R. Del Rey.
Páginas: 160.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2017.
Terminar El hombre vacío es comprobar que no siempre una buena idea, ni siquiera un buen desarrollo, acaba por dejar las mejores sensaciones. El de Cullen Bunn y Vanesa R. Del Rey es un buen tebeo de género, mezcla hábilmente el policiaco y lo sobrenatural, cuenta con buenos personajes y, efectivamente, un punto de partido muy interesante. Pero se queda en la promesa de lo que está por venir. Bunn aseguraba que esta miniserie, por mucho que no se indique por ningún lado, era la primera parte de una historia por desarrollar. Pero eso no vale. No se puede vivir de una promesa. Y El hombre vacío se queda ahí, con su final abierto, con la necesidad de que aparezca algo más en la historia que no va a aparecer y que ya, tres años después de que acabara esta serie, no da la sensación de que lleguemos a ver algún día. Y es una pena, porque lo que se despliega sí merece la pena, incluso aunque le falta algo más, una promesa más clara de lo que podríamos haber visto o, al menos, un poco más de historia. Porque al final quedan tantos interrogantes que nos quedamos a medias. No vacíos como el hombre del título pero sí con la sensación de que faltan demasiadas cosas. O quizá que la historia va prometiendo tanto que no es fácil asimilar un final tan abierto que da más sensación de ser una serie cancelada que una finalizada o que llega a un punto y aparte.
La cuestión es que Bunn entra con mucha fuerza. Si hubiéramos leído El hombre vacío por entregas mensuales, su primer número habría recibido muy buena nota, despierta muchas expectativas, juega bien con los miedos y con los misterios. El segundo frena algo la sutileza por la larga escena en la que se desvela la naturaleza del adversario al que hacen frente los dos agentes del FBI que parten del arquetipo y que Bunn desarrolla con acierto, pero su final es un nuevo espaldarazo para que la historia crezca. Pero ahí queda todo. Llegamos a esa altura y no hay más. Avanzan las páginas y nos mantienen enganchados, pero no llegamos a ver nada que satisfaga todo lo que nos propone. La lectura de El hombre vacío es agradable, no se puede decir tampoco lo contrario, pero es lo que no obtenemos lo que acaba provocando algo de frustración. Quizá incluso se puede decir que algo más de ambigüedad, que en el fondo es el juego que propone la narración doble, presente y pasada, le habría sentado mejor al resultado final. Solo esa doble línea hace pensar que, efectivamente, Bunn tenía marcado el final del sexto número como el final de la historia. Pero si la quería continuar y no lo hemos visto, es que le faltaban muchas cosas por decir, y eso se nota demasiado cuando se pone en una balanza todo lo que ofrece el relato.
En lo visual, El hombre vacío resulta mucho más satisfactoria, porque ahí no hay promesas a medio cumplir. Vanesa R. Del Rey establece un estilo muy apropiado para esta historia, juega con mucha habilidad con ciertos artificios narrativos en la composición de página, con viñetas geométricas y en pico, que acentúan sensaciones que intensifican lo que estamos viendo, y a la hora de mostrar de forma explícita los misterios que esconde la historia lo hace con mucha eficacia. Además, sus personajes tienen el carisma necesario, y juega muy bien con las sombras, haciendo que el color de Michael Garland luzca tal y como sirve a los propósitos del relato. El esfuerzo de Del Rey no basta para compensar todos los vacíos de la historia, pero no para equilibrarla del todo. Y no es que El hombre vacío falle, como decíamos al principio. O, al menos, no lo hace como historia. Sí como publicación, porque en estos seis números no está todo. Bunn pone toda la carne en el asador para convencernos, pero no lo hace para retenernos en este mundo, y cuando se acaba la historia deja en el aire al lector, al que el escritor no ha dado todo lo que necesitaba para que la historia calara en lugar de quedar colgando. Aún así, parece que hay cosas buenas que merecen una segunda lectura. Pero sin continuación parece que se van a descubrir más buenos detalles entre medias pero no al final.
El volumen incluye los seis números de The Empty Man, publicados originalmente por Boom! entre junio y diciembre de 2014. El único contenido extra son las cubiertas originales de Vanesa R. Del Rey, Goñi Montes y Joëlle Jones.
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