Guión: Agustín Ferrer Casas.
Dibujo: Agustín Ferrer Casas.
Páginas: 136.
Precio: 17 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Octubre 2017.
Casi siempre es divertido imaginar una historia de ficción a partir de un hecho real. Lo que Agustín Ferrer Casas hace en Arde Cuba es coger el viaje que, efectivamente, hizo Errol Flynn al país caribeño en 1958 con el objetivo de entrevistarse con Fidel Castro, cuando era el revolucionario que quería arrebatarle el poder a Fulgencio Batista. De la leyenda, el autor coge solo lo que le interesa, e incluso nos hace un requiebro al negarle a Flynn el protagonismo que podría imponer su estatus de estrella de Hollywood y el carisma que tan bien captura en el primer tercio del cómic, y nos convierte Arde Cuba en un viaje completamente diferente, el de Frank Spellman, el fotógrafo que acompañó al mejor Robin Hood de la historia del cine en esta odisea, y que en realidad no se llamaba así. Ferrer Casas consigue así una radiografía bastante precisa de la Cuba precastrista, en lo narrativo y también en lo visual, que se mueve bastante bien entre la comedia, el drama, la política y la aventura, que respeta la historia, o al menos nos llega de una forma que parece hacerlo, pero que no duda en rellenar los huecos que necesita. Porque esta no es la historia de la entrevista de Flynn con Castro, ni mucho menos, sino un relato mucho más complejo e interesante que coge lo que necesita pero que no se siente esclavo de nada.
Lo que Ferrer Casas consigue es que Cuba sea la protagonista de su historia. Es Errol Flynn quien nos lleva a la isla, es Frank Spellman quien nos conduce a través de ella y es Cienfuegos el que nos explica su situación, pero siempre es Cuba la que nos domina. Y los personajes se adaptan a su realidad de una manera muy fluida. Por eso no afectan negativamente a la historia los vaivenes de la misma, los cambios de protagonismo o incluso de tono, por lo que se inicia casi como una comedia de aventuras se convierte en una intriga política de corte más o menos amable y deviene sin problema en un relato revolucionario con buenas dosis de drama. Y más mérito tiene el trabajo de Ferrer Casas, porque no eterniza nada, encuentra el tiempo perfecta para cada secuencia, para cada diálogo e incluso para cada fase de su historia en un tebeo que apenas supera las cien páginas, nada exagerado para el tamaño de lo que está contando. Ese es el otro aspecto destacable de Arde Cuba, y es que se trata de una obra más ambiciosa de lo que parece. No es fácil contar la historia, menos aún cuando se prescinde del tono documental, y sin embargo estamos ante uno de los cómics que mejor ha sabido retratar la Cuba de finales de los años 50. La presencia de hombres ilustres y conocidos sirve de guiño para morder un anzuelo francamente sabroso.
A nivel visual, Ferrer Casas conjuga una aparente sencillez en su trazo con un muy acertado sentido de la ambientación. Si se trata de que nos sintamos en Cuba, no podía ser de otra manera, y el autor no necesita más que una doble página con ocho viñetas para que así se perciba. Antes ya había dejado sentado el carisma de los dos primeros protagonistas, Flynn y Spellman, y a partir de ahí desarrolla un trabajo bastante completo en el que solo hay algo que quizá no gustará a todo el mundo y es el tamaño y el diseño de los bocadillos, que en muchas ocasiones ocupan buena parte de las viñetas y se come algo de esa magnífica ambientación que logra el autor. Pero al margen de eso, y siendo además un detalle que no tiene demasiada entidad en la historia, se lee francamente bien. Con el dibujo se entiende muy bien el cambio de tono que va proponiendo la historia y se disfruta con la caricatura de los personajes reales que utiliza. Arde Cuba no será una novela gráfica que se utilice en los colegios para explicar la revolución que cambió el país en aquella época, pero sí que se convierte en un apoyo muy recomendable por lo bien que captura el espíritu de la época, vista además desde un prisma local pero también desde el estadounidense, y que se muestra a través de una aventura deliciosa y muy bien escrita.
El único contenido extra son unas notas finales sobre la mezcla de realidad y ficción de la obra.
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