Título original: Thor: Ragnarok.
Director: Taika Waititi.
Reparto: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Mark Ruffalo, Idris Elba, Tessa Thompson, Jeff Goldblum, Karl Urban, Anthony Hopkins.
Guión: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost.
Música: Mark Mothersbaugh.
Duración: 130 minutos.
Distribuidora: Disney.
Estreno: 3 de noviembre de 2017 (Estados Unidos), 27 de octubre de 2017 (España).
El universo cinematográfico Marvel está a punto de cumplir diez años. Ese es el tiempo desde que, con sincera modestia, Jon Favreau hizo Iron Man (aquí, su crítica). Y parece mentira que esta suerte de historia compartida que alcanza ya los 17 filmes acabados y siete más en diferentes niveles de preparación haya crecido tanto en tan solo nueve años. Crecido, además, en todos los sentidos. Porque si algo demuestra Thor. Ragnarok, es que hay formas muy diversas de afrontar este tipo de películas, por mucho que mantengan una cohesión que, eso sí, no impide también un cierto grado de improvisación al calor del momento. Porque Ragnarok no tiene nada que ver con lo que Kenneth Branagh hizo en el primer Thor (aquí, su crítica) y sí mucho con lo que James Gunn ha hecho en sus dos entregas de Guardianes de la Galaxia (aquí y aquí, sus críticas), un tono psicodélico abrazado, incluso maximizado, a costa de dejar pasar el escenario que había dejado dispuesto Thor. El mundo oscuro (aquí, su crítica) y que se liquida con un par de gags y una aparición estelar ya anunciada en las escenas postcréditos de uno de los filmes precedentes. Pero el caso es que, por mucho que haya quien se rasgue las vestiduras, el tono encaja. No es una moda, aunque quizá sí llegue a la película de esa manera, sino una desenfadada y muy entretenida manera de entender al superhéroe.
Porque Ragnarok tiene tres influencias muy claras del cómic. La primera, la fundamental aunque haya otra que se ha publicitado más, es el Thor de Walter Simonson, presente en muchísimos aspectos, en lo más épico, en personajes como la villana de la función, una espléndida Cate Blanchett como Hera, pero también en el Verdugo de Karl Urban, e incluso en las habituales bromas que sazonan el universo Marvel, como la que hace referencia a la transformación de Thor en una rana. La segunda, la que se ha convertido en el principal reclamo del filme, Planeta Hulk. El gigante esmeralda es claro coprotagonista de la cinta, el escenario le pertenece, aunque no está desarrollado en toda la extensión del cómic. Qué lástima que el márketing sea tan fundamental a la hora de promocionar una película, porque habría sido impagable sentarse a ver Thor. Ragnarok sin saber que Hulk estaría presente, su irrupción habría sido un momento sencillamente antológico que, en la actual concepción del cine, es simplemente la confirmación de la satisfacción ya provocada por el tráiler. Y la tercera, aunque esa sí totalmente pasada por el prisma de la psicodelia a lo Guardianes que abraza el filme, Contienda de campeones, la serie que precedió a las Secret Wars en muchas cosas y que aquí cuenta con la introducción de un Jeff Goldblum cómicamente desatado.
Toda esta mezcla, que casi podría considerarse como un batiburrillo imposible de conjuntar, se acaba convirtiendo en un filme tan extraño como gozoso, en el que abundan los aciertos siempre y cuando se acepte el altísimo nivel de comedia que propone la película y que se cuela incluso en las escenas más épicas (como muestra, el mismo arranque del filme, que ya sienta las bases de lo que estamos a punto de ver). Es verdad que el mismo título, Ragnarok, la escala del escenario que se plantea y la presencia de personajes tan poderosos hace pensar en un nivel de épica que no termina de satisfacerse, porque por momentos da la sensación de que Asgard es un pequeño poblado en lugar de uno de los Nueve Reinos de la mitología nórdica. Taika Waititi se ha volcado tanto en el universo que quería mostrar, lo que hace con una contundencia, una psicodelia colorista y un gusto nostálgico por los 80 que resultan encomiables, que a veces se le ha olvidado el propio mensaje que quiere transmitir la película, mucho más cercano y cálido. Da la sensación de que podría haber montado una odisea cósmica que tener los niveles de épica nunca visto desde que Peter Jackson deslumbrara con El Señor de los Anillos, pero se conforma con dar un envoltorio suficiente en el que quepa su historia y su tono desenfadado.
No cuesta imaginarse algo más, pero tampoco se puede decir que Waititi se quede corto. De hecho, sorprende lo fácil que hace que muchas cosas brillen a un nivel que era hasta difícil de esperar. Si alguien todavía recuerda la ya habitual polémica por el cambio de raza de un personaje que se recuperó con la elección de Tessa Thompson para interpretar a Valkiria, eso queda totalmente enterrado en cuanto la actriz aparece en la pantalla, convirtiéndose en otro de esos personajes femeninos que clama al cielo por más tiempo de pantalla en un universo de héroes y, cómo no, por su propia película, aunque por desgracia su aparición suponga la salida al menos momentánea de la Sif de Jaimie Alexander. Y no nos olvidemos del protagonista. No hay que dejar de lado que Chris Hemsworth ha alcanzado una madurez espléndida como Thor, no es ya simplemente un actor que quede bien como el tipo musculoso que interpreta a un superhéroe, sino que en este tono a medio camino entre lo épico y lo cómico se encuentra tremendamente a gusto. Este es el mejor Thor que hemos visto en todos los sentidos, y él también tiene parte de responsabilidad. Puede ser una sorpresa bastante grande, pero Ragnarok pide a gritos mente abierta para disfrutar de la inmensa locura colorista que supone, cameo de Stan Lee y dos escenas postcréditos incluidos. Como tiene que ser en Marvel.
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