CÓMIC PARA TODOS

‘El final de todos los agostos’, de Alfonso Casas

Editorial: Lunwerg.

Guión: Alfonso Casas.

Dibujo: Alfonso Casas.

Páginas: 152.

Precio: 19,95 euros.

Presentación: Cartoné con sobrecubierta.

Publicación: Septiembre 2017.

Si hay algo que llama la atención enseguida del último trabajo de Alfonso Casas es la manera en la que ha superpuesto el presente y el pasado. Lo hace ya desde la misma ilustración de cubierta, diseñada en dos niveles, como algunas de sus páginas interiores. Si quitamos la sobrecubierta, desaparecen los personajes del pasado y queda el escenario del presente. Pero muchas veces el pasado y el presente no coinciden, sino que chocan. De eso va El final de todos los agostos, de decisiones personales, de pasados que no seguimos, de recuerdos y de sus consecuencias. ¿Quién no ha pensado alguna vez, y más antes de que las redes sociales se convirtieran en el mejor aliado en esta búsqueda, qué ha sido de aquel amigo que tuvimos en la infancia o en la adolescencia y del que nunca volvimos a saber? Casas nos ofrece un viaje, un viaje físico al lugar donde el protagonista, Dani, pasó los veranos antes de convertirse en adulto, pero también uno interior, uno que pide cerrar aquellos caminos del pasado antes de lanzarse al futuro. Suena tópico, pero eso no se lleva por delante la frescura porque el autor se acerca con mucho cuidado y sin sentenciar a todos los terrenos pantanosos que pueda tener el relato, que nos recuerda que a casi todos nos ha deparado la vida situaciones como esta, las hayamos resuelto o no haciendo ese viaje.

“De todos los caminos que no recorrí… el tuyo es por el que más me pregunto”. Esa es la frase que escoge Casas para abrir su historia, es la que nos indica ya desde el principio el corazón emocional de la novela gráfica. Es un viaje al pasado pero que afecta al presente. Ese es el acierto. No es solo nostalgia, es tratar de entender por qué las decisiones de entonces pueden repercutir en el ahora, y eso es lo que resulta más interesante de El final de todos los agostos. Hay muchas historias que nos ofrecen el viaje al pasado. Muchas que nos cuentan infancias, despertares emocionales o sexuales, relatos de adolescencia de distinto signo. Pero no todos conectan tan bien con el presente. Es verdad que es una historia muy, digamos, pequeña y personal, y que eso obliga a sentir afinidad para llegar a su mismo corazón. Pero, como decíamos un poco más arriba, ¿quién no ha tenido algo parecido? Puede que no fuera en el lugar de veraneo, puede que fuera una persona del otro sexo, puede que el final llegara por otros motivos. Pero la historia es bastante universal, lo suficiente como para que todos la puedan comprender y, de esa manera, conectar con ella. Su división en capítulos es, además, bastante natural. Casas escribe de esa manera, lo que le permite ser un narrador muy fluido, que nunca deja que su relato se estanque, ni en el pasado ni en el presente.

Y a eso añade una inquietud visual que merece elogios. El cómic es un medio con muchos menos límites de los que nos imaginamos, y da gusto ver obras que los sobrepasan con tanta sencillez. Esas páginas translúcidas vienen a ser lo que en el cine sería un fundido simbólico, y que a Casas le sirven para conectar el pasado y el presente sin necesidad de pasar de viñeta. Sencillo y tremendamente eficaz. Como su estilo, en realidad, que modifica aquí de una manera visible con respecto a las tonalidades que venía usando en sus anteriores trabajos. Se trata de acercarnos a la realidad, y como su dibujo tiene toques personales que no reúnen esos requisitos (esas grandes orejas, esos ojos vistos como un pequeño punto), el color hace esa labor de una manera muy correcta. El final de todos los agostos es un tebeo sencillo en apariencia pero más profundo de lo que pueda parecer en su rápida lectura. Pero como es un viaje, esa rapidez es solo puntual, porque la historia se queda con nosotros, nos deja muchas preguntas y un número parecido de posibles respuestas. Es, en ese sentido, la captura en una novela gráfica de la vida misma, que pocas veces vienen a rescatarnos de nuestros propios dilemas. Casas resuelve el de Dani. Lo hace en su cabeza y deja que nosotros lo resolvamos por él. Por eso su historia perdura después de que hayamos cerrado el libro.

El volumen no tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 25 octubre, 2017 por en Alfonso Casas, Lunwerg y etiquetada con , .

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