Título original: Batman: Bad Blood.
Director: Jay Oliva.
Reparto: Jason O’Mara, Yvonne Strahovski, Stuart Allan, Sean Maher, Morena Baccarin, Steven Blum, Gaius Charles, John DiMaggio, Robin Atkin Downes, James Garrett, Ernie Hudson.
Guión: J. M. DeMatteis.
Música: Frederick Wiedmann.
Duración: 72 minutos.
Estreno: 20 de enero de 2016 (Estados Unidos).
Si hay algo que han conseguido los cómics de Batman en los últimos años, y en especial después de la singular etapa en ellos de Grant Morrison, ha sido la recuperación de la Batfamilia en todo su esplendor. Es un concepto que nunca ha dejado de utilizarse, pero la forma en la que se abierto si es bastante inédita. Mala sangre es, en ese sentido, heredera directa de esas sensaciones. Esa es la parte buena de una película que deja sensaciones encontradas. Ver a Batman trabajando, quiera o no, con Batwoman, Nightwing, Robin y Batwing es algo gozoso para muchos aficionados. Lidiar con el hecho de que Dick Grayson pueda heredar el manto del murciélago, todavía más. Pero aún admitiendo que hay elementos muy interesantes en Mala sangre, la película es un batiburrillo extraño que paga las consecuencias de algunas decisiones previas adoptadas en El hijo de Batman (aquí, su crítica) y Batman contra Robin, sobre todo en lo que se refiere a los dos principales personajes femeninos, Batwoman y Talia. Ambas se muestran planas y sin la profundidad que el cómic sí ha sabido darles, de la primera se devora su conflicto familiar con un flashback casi desganado y a la segunda se le priva de motivaciones reales para urdir su gran plan con el que… no sé sabe muy bien qué quiere conseguir.
Porque, claro, la propuesta de un relato de esta envergadura pasa por el hecho de que haya una amenaza real, y no termina de verse. Talia y sus esbirros, sus múltiples, eclécticos y muy aleatorios esbirros, no tienen entidad en la película y arrastran casi todo lo que tocan. Pero en el lado de los héroes sucede algo parecido. Hay un elemento que sí brilla. Con Batman fuera del cuadro, por razones no demasiado bien explicadas en la coronación de un prólogo que sí hace pensar que vamos a ver una película brillante, el tema central pasa por ser cómo Dick asume el papel de su mentor, ese rol que nunca quiso pero ante el que siempre se ha sentido obligado. Ver a un Batman diferente, en su trato con Robin pero también por ejemplo con Batwoman, es algo bastante notable. Pero a su lado, casi todo palidece. Ya se ha mencionado la rebaja emocional que hay en el personaje de Batwoman, pero también cabe mencionar la facilidad con la que se incorpora a Batwing. Incluso el menor carácter de un Robin que sí había tenido un papel esencial en las dos anteriores películas de este microuniverso continuado que Warner ha montado con estos tres filmes, que ojalá, viendo la escena final que no vamos a desvelar, pudiera continuar con una cuarta. La película falla en su historia, porque no convence el reto más allá de la desaparición de Batman, y falla en los personajes.
¿Dónde acierta? Además de en los aspectos psicológicos de Grayson, esencialmente en lo visual. Empezar viendo a Batwoman en acción, su primera participación en una película animada, es ya toda una declaración de intenciones. Incluso en su pelea final con Talia (por mucho que el fan lo disfrute, ¿es necesario que siempre que haya dos personajes femeninos antagónicos tengan que pelear entre ellas y solo entre ellas, como si no pudieran hacer frente a enemigos masculinos?) corona la delicia de verla en acción. Eso se extiende a casi todos los personajes. Hay siempre unas buenas coreografías de combate, aunque en el clímax de la película parezcan desmadrarse un poco para tratar de superar el anterior momento álgido, en el primero en el que todos los héroes combaten juntos y que acaba siendo muy superior al que sirve para resolver la trama. Hasta se aceptan con mucha facilidad, y a pesar de que realmente no cuenten mucho, las versiones revisadas y, digamos, adultas, de personajes que no siempre se han tratado de esa forma, como el Sombrerero Loco. Batman, de hecho, es quizá el personaje menos logrado, aunque mantiene el estilo de los dos filmes precedentes, y el hecho de ver dos versiones del Caballero Oscuro, la de Bruce Wayne y la de Dick Grayson, contribuye a que haya poco que reprochar al aspecto de la película.
En términos generales, y aunque sea una película que se deja ver por su buen ritmo y por los elementos en los que sí se consiguen los objetivos propuestos, se puede considerar Mala sangre como una oportunidad perdida. Y esto es así por muchas razones, pero sobre todo porque quiere abarcar demasiado, y aprieta demasiado poco. La disputa interna de Dick al asumir la capucha exige más tiempo. La forma en que Damian Wayne asimila el cambio, también. Y qué decir del personaje de Batwoman, sensacionalmente desarrollado en el cómic por Greg Rucka y J. H. Williams III y que aquí se simplifica de una manera bastante decepcionante. No hacía falta mezclar tanto y gastar balas para hacer películas que sí hagan justicia a estos temas. De esta forma, la película es una expectativa constante. Hay mucho que merece la pena, incluso la adaptación de parte de algunos de los pasajes más osados que Morrison escribió para el cómic, elementos que dan pie a la ilusión, y que finalmente no terminan de explotar más que en su forma más literal. Hay cosas que explotan, personajes a los que no se termina de entender y, eso sí, un dinamismo que sí se agradece mucho. Lástima que no se terminara de dar con un guion mucho más completo y complejo para todos los personajes que aparecen y que hiciera justicia a un bastan te buen trabajo de animación.
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En general estoy de acuerdo con lo que dices. Se queda algo coja, y mezcla demasiadas cosas. La animación muy bien. Un aprobadillo justo.
Un saludo