CÓMIC PARA TODOS

‘Spirou. La mascarada’, de Makyo, Toldac y Tehem

Editorial: Dibbuks.

Guión: Makyo y Toldac.

Dibujo: Tehem.

Páginas: 72.

Precio: 16 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Septiembre 2017.

Es apasionante ver la manera en la que Spirou traspasa los límites que normalmente constriñen a cualquier personaje. En la misma continuidad del personaje se han vivido atrevidos intentos, como el de Fabien Vehlmann y Yoann en La trampa viperina (aquí, su reseña), pero la línea de Una aventura de Spirou por… es la que realmente está expandiendo el mundo del botones más famosa del cómic francobelga hasta extremos insospechados. Makyo y Toldac, guionistas de La mascarada, se han atrevido con lo que en otras franquicias se consideraría territorio prohibido, y es que usar a André Franquin como referencia es todo un reto. La  mascarada parte de La máscara (aquí, su reseña) y QRN en Bretzelburg. Y quizá ahí arranque el principal problema al que se enfrenta este álbum, y es que siempre da la sensación de tratar de abarcar más de lo que le permite el espacio y el ritmo cómico por el que optan. Porque La mascarada es, obvio, una aventura de Spirou y Fantasio, y tiene que demostrarlo en sus páginas. También es, como se ha dicho, un homenaje al maestro Franquin. Pero es que también quiere ser una denuncia del mundo del famoseo y de la parte más cínica del mundo del espectáculo. Y, además, una denuncia del totalitarismo político y militar que todavía, en pleno siglo XXI, seguimos viendo en tantos sitios.

Con una apuesta tan ambiciosa, y a pesar de que la comedia funciona siempre de una manera muy notable, es normal que Makyo y Toldan no lleguen a equilibrar todo lo que quieren contar con precisión. Se nota ya desde las primeras páginas, desde el divertido gag inicial, que extienden nada menos que durante tres páginas. Eso, por fuerza, acaba devorando espacio que se habría necesitado para otros menesteres y provoca la sensación de que no todo lo expuesto está bien rematado. Aún así, la parte que homenajea a La máscara es lo más atractivo y es precisamente como arranca este álbum. Fantasio escribe un libro sobre esa aventura pero, claro está, tergiversando ligeramente los hechos para parecer el héroe que en realidad fue Spirou. El tiro, claro está, le sale por la culata, y eso entronca con el siguiente paso de la historia, la sátira sobre la fama, que abre un camino muy interesante y es el enfrentamiento abierto por celos entre Spirou y Fantasio. Hasta ahí la cosa va más o menos bien, pero se dispersa en cuanto que Bretzelburg entra en juego. Unos buenos diálogos evitan problemas mayores, pero se nota el salto entre escenarios y temas, por ejemplo en la aparición de Champignac, divertidísima por si sola precisamente por las certeras frases de los personajes, pero que en realidad tiene un propósito demasiado evidente en la historia.

En cuanto al dibujo, también se aprecia riesgo. Tehem no sigue, ni mucho menos, el estilo más tradicional asociado a Spirou. O, más bien, los estilos, porque en el fondo no hay una única guía para dibujar al personaje. Pero sí que es cierto y palpable que el camino de Tehem es bastante fresco en ese sentido. Y aunque Spirou se diferencia con más claridad de su modelo más habitual, algo que también pide la historia de alguna manera, el protagonismo que adquiere Fantasio hace que el rediseño de Tehem destaque. Cuando hay cambios, la clave está en que no afecten a la forma en la que el lector habitual entra en la historia, y en este caso, pese a las diferencias, no hay problema alguno. Tehem sale más airoso de su apuesta que Makyo y Toldac, aunque todos ellos merecen aplauso por su atrevimiento. Por mucho que no sea uno de los mejores álbumes de esta línea, un personaje como Spirou se enriquece precisamente por proyectos como este. Obviemos las odiosas comparaciones y no busquemos que este álbum se aproxime a los míticos logros de Franquin. Ni es el objetivo de La mascarada ni tendría que ser el de los lectores al afrontar el relato, porque como homenaje funciona y como comedia también. No tanto como historia, ya que los saltos de tiempo y espacio no están del todo bien medidos, pero es un buen entretenimiento.

Dupuis publicó La grosse tête en marzo de 2015. No tiene contenido extra.

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Esta entrada fue publicada en 27 septiembre, 2017 por en Dibbuks, Dupuis, Makyo, Spirou, Tehem, Toldac y etiquetada con , , , , .

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