Guión: Víctor Santos.
Dibujo: Víctor Santos.
Páginas: 168.
Precio: 19,50 euros.
Presentación: Cartoné con sobrecubierta.
Publicación: Marzo 2017.
El propio Víctor Santos ha explicado en más de una ocasión (por ejemplo, en esta entrevista en Cómic para todos) que Polar fue para él un reto narrativo, una ocasión de experimentar de una manera que el mundo editorial no le permite, ni a él ni a nadie. Sin piedad para la hermana María, tercer volumen de la serie y último por el momento, viene a confirmar que ese objetivo, loable y necesario para cualquier autor que quiera seguir creciendo y no acomodarse, casa perfectamente con el mercado si se tiene la valentía de apostar por el talento. La experimentación, en este caso, viene dada más por el aspecto visual, por una apuesta llena de colores primarios con sentido narrativo que marcan una clara diferencia con respecto a los dos primeros volúmenes de Polar, Surgido del frío (aquí, su reseña) y Ojo por ojo (aquí, su reseña), que por la historia, que resulta la menos compleja de las tres. Santos, en este caso, simplemente quiere divertirse. Y, ojo, que eso no es cosa menor, porque para ofrecer un entretenimiento de nivel hay que tener más talento del que exigimos. Santos es, en ese sentido, un autor sobresaliente. Sabe escribir. Sabe dibujar. Sabe crear personajes. Sabe volvernos locos con una sola imagen y con una narrativa bestial. Aquí añade, sin salirse de la zona de confort de la serie, un homenaje al western, al spaghetti western sobre todo.
Es verdad que en Sin piedad para la hermana María no hay tantos matices intimistas, personales y psicológicos como sí tenían los dos volúmenes anteriores, y que la historia es mucho más sencilla. Pero en el fondo da igual. No es más que un deseo de ofrecer algo diferente a lo anterior y que satisfaga por igual al fan y al autor que es Santos. Mezclamos la violencia de las películas de Tarantino, el gusto por las historias de espías, la violencia salvaje del cine asiático de artes marciales y una ambientación en la que a nadie podría extrañar ver al Hombre sin Nombre de Sergio Leone y Clint Eastwood, y acaba resultando imposible no devorar esta traca final de Polar. Son fuegos artificiales, pero de los de calidad, de concurso internacional y no de feria de pueblo. Ni siquiera el hecho de que la versión impresa tenga unos diálogos solicitados por Dark Horse para complementar la narrativa muda que, no obstante, sigue sobresaliendo en muchos momentos, frena los muchos aciertos que hay en la historia, una presentación de personajes estrafalarios y violentos que acaban chocando entre sí como si fueran Los inmortales para hacerse con el premio, la joven esposa de un jefe de la mafia. La excusa para este carrusel de violencia y desenfreno es tópica, y aún así funciona a la perfección porque se ofrece con absoluta sinceridad, sin pretensiones de ser lo que no es.
Lo que sí es, costaría desde luego oponerse a esa apreciación, es una maravilla visual y narrativa. Santos apabulla desde la primera página, desplegando tal cantidad de artificios narrativos que casi convierte Sin piedad para la hermana María, en realidad todo Polar, es un auténtico libro de texto. Hay tantas lecciones en sus páginas que el disfrute es absoluto. Como se ha comentado, el color es la gran novedad de esta entrega, porque Santos multiplica la paleta de su bitono. Y no se puede decir que le sale mal el experimento. En todo lo demás, en su demoledora narrativa, en la forma en la que construye las peleas cuerpo a cuerpo, en la manera en la que destaca detalles trascendentes de cada página, seguimos en el mismo maravilloso punto que ya nos había proporcionado Polar hasta este punto. Hay más dependencia del color y menos de la sombra, como hasta ahora, pero sigue habiendo de todo en estas páginas. No se pierde en absoluto la esencia de la serie, Santos simplemente da un paso en esta experimentación que preside su obra desde siempre. Y sigue habiendo tantos momentos inolvidables, desde la reaparición de Black Kaiser hasta la silueta en bikini de un carnal cuerpo de mujer sobre el agua, que el deleite es absoluto. Polar culmina así de manera inmejorable, confirmando que es una obra superlativa se mire como se mire.
Este tercer volumen de Polar se publicó originalmente como webcomic entre septiembre de 2014 y mayo de 2015. Dark Horse lo recopiló en un tomo en agosto de 2016. El único contenido extra es un portafolio de bocetos y diseños de Víctor Santos.
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