Guión: Chester Brown.
Dibujo: Chester Brown.
Páginas: 268.
Precio: 22,50 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Junio 2017.
Evaluar Ed, el payaso feliz exige un esfuerzo de contextualización importante. Chester Brown tenía poco más de 20 años cuando parió esta historia, porque esta historia no se hace, se pare. Es decir, no estamos ante el autor maduro que se atrevió a reflexionar de su propia biografía, algo que hizo años después en El playboy (aquí, su reseña) o, sobre todo, en Pagando por ello (aquí, su reseña). En Ed, el payaso feliz, que ni parece un payaso ni mucho menos se le ve feliz, la apuesta era por una experimentación narrativa rara incluso para quienes ya crean que Chester Brown es raro. Y, sin embargo, es un tebeo que va enganchando a medida que van pasando las páginas. Al principio asombra, choca, puede que incluso repela. Porque no es fácil saber qué es exactamente lo que nos está contando el autor, si simplemente busca provocarnos una reacción visceral o si realmente hay algo planificado detrás de semejante delirio, el que forman las que el propio Brown califica como Piezas introductorias. Pero poco a poco, cuando todo se va uniendo, cuando Brown se pone a jugar con el tiempo y el espacio a través de sus personajes y los encuentros entre unos y otros, la cosa se pone interesante. Rara, eso siempre, pero cada vez más interesante. No deja de ser un Chester Brown algo primerizo, pero con mucha genialidad escondida tras su carcasa provocadora e incluso escatológica.
No se puede obviar que estamos ante una historia que se desencadena por un portal dimensional que abre un tipo que no puede parar de defecar o que uno de los personajes acaba convertido en la cabeza del pene de otro. Así, tal cual. Chester Brown en un rompedor estado puro. Pero la mezcla que hace de cinismo realista, que no deja de ser el que acabó desembocando en sus agrias revisiones autobiográficas, y de situaciones abiertamente fantásticas va creciendo en interés. Y se confirma como una genialidad tremendamente divertida cuando va tejiendo la red que conecta a todos sus personajes, por imposible que parezca que lleguen a encontrarse de forma coherente. Ed, el payaso feliz es, por todo ello, una locura difícilmente clasificable, que juega con temas bastante contundentes, incluso con la muerte, con la política y con la religión. Y lo hace, además, desde posiciones bastante irreverentes. No se puede esperar otra cosa de un autor tan poco complaciente como Brown, eso está claro. Pero quien le conozca por su corte autobiográfico desde luego se va a llevar una sorpresa con esta obra, por mucho que poco a poco vaya encontrando nexos de unión que le identifican como el autor de la misma. Como viaje, desde luego, es alucinante. Y es consciente de serlo, porque busca impacto continuo en el lector.
En su estilo como dibujante, es fácil reconocer a Brown, aunque aquí ilustra de una manera algo más recargada de lo que después ha ido haciendo. Volvemos de nuevo al ejercicio de contextualización. Chester Brown ha ido estilizándose, encontrando una sencillez que siempre ha estado ahí, tanto en el trazo como en la composición de la página, pero que aquí era todavía un poco menos evidente. Una vez marcado el estilo, no obstante, el tipo de dibujo no es lo que condiciona la genialidad de Brown como autor. Él es más vehicular, sabe que tiene que dibujar lo que imagina pero lo que tiene en la cabeza es, con diferencia, lo más importante. No quiere decir eso que su dibujo sea descuidado, ni mucho menos, porque además hay momentos bastante brillantes en este sentido, tanto en el dibujo, donde destaca con facilidad el personaje de Josie o la tremenda revisión que hace de Ronald Reagan, como en la narrativa, sabiendo sacar todo el partido posible tanto al blanco y negro como a la aparentemente clásica colocación de las viñetas. Ed, el payaso feliz es una de esas rarezas imposibles de encasillar o comparar con las que el lector más habituado a los códigos del underground se lo va a pasar en grande. Puede que en los demás predomine el asombro, pero la genialidad está ahí detrás. Solo hay que saber encontrarla.
Ed The Happy Clown se publicó originalmente desde 1983 en la revista Yummy Fair. Drawn and Quarterly la recopiló por primera vez en un volumen en 1989. El único contenido extra de un complejo apéndice de notas.
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