Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Chris Burnham.
Páginas: 192.
Precio: 22 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2017.
Batman y Robin unieron los destinos de Grant Morrison y Chris Burnham y Nameless los ha llevado a otro nivel. Lejos de los superhéroes, los autores nos muestran algo completamente diferente en todo, empezando por la temática pero continuando con la narrativa. ¿Qué es exactamente Nameless? Puede que lo mejor sea no saberlo antes de adentrarse en sus páginas, sobre todo por su psicodélico primer número, que es el que finaliza con la presentación del tema que, en teoría, centrará el relato: un meteorito va a impactar contra la Tierra y se reúne un equipo para evitar la catástrofe. ¿Suena demasiado a superproducción hollywoodiense? Repasemos de nuevo el nombre de los autores, Morrison y Burham. ¿No queda así totalmente claro que vamos a encontrarnos algo totalmente distinto? Si la respuesta es que no, vamos a la cubierta del volumen. Solo con ese brutal diseño que contemplamos queda claro que esto no un relato heroico y plano. Hay mucho más. Hay espacio y monstruos, como quería Burnham, pero hay ocultismo, mitología y terror, como le gusta a Morrison. ¿El resultado? Una auténtica gozada. Una, demás, que invita a una segunda lectura, y puede que a una tercera, porque es una historia inteligente, compleja y retorcida, que tiene muchos elementos en su interior, y no todos a simple vista, como para dar por zanjada la experiencia al cerrar el libro.
A Morrison se le da muy bien mezclar elementos aparentemente dispares, y Nameless es otra nueva prueba de esa capacidad. Lo que resulta difícil es evaluar su trabajo sin incurrir en revelaciones del contenido, y eso no lo vamos a hacer. Se podría citar una película de los años 90 que no contó con demasiada repercusión en su momento y que ha ido adquiriendo una categoría de película de culto, pero sería dar demasiadas pistas. Basta con decir que no hay nada en Nameless que se mantenga intacto de principio a fin. La clave está en la realidad. ¿Qué es real de todo lo que nos cuenta Morrison? ¿De ese viaje que emprende al espacio un personaje Sin Nombre, que así se le llama de hecho, para unirse a un grupo de científicos aunque él no lo es? ¿Qué hay detrás de ese misterioso benefactor que crea esa misión de salvamento? ¿Y cómo encaja todo esto en una narrativa tan chocante que elude cualquier lenguaje cinematográfico? Todo eso hay que descubrirlo en el interior. Morrison plantea una construcción fascinante, que juega en la frontera de la realidad, moviéndose a uno y otro lado de la misma con mucha habilidad y sabiendo, conscientemente, de que no todo queda claro cuando llegamos a la última página. Nameless forma parte de esos tebeos en los que la confusión es imprescindible para comprender su genialidad.
Y Burnham añade lo suyo. El dibujo es impresionante porque recoge con mucha inteligencia las diferentes influencias que tiene la obra. Como el ilustrador quería espacio y monstruos, es el primer lugar en el que podemos juzgarle. Y la evaluación es de sobresaliente desde la primera página. La apuesta narrativa es fascinante, el juego de color en el que colabora el formidable Nathan Fairbairn es hipnótico, la ambientación es soberbia y el diseño de todo lo que vemos a lo largo de la historia pone sobre la mesa una meticulosidad importante. Desde siempre se ha dicho que Frank Quitely es el ilustrador que mejor interpreta las locuras que propone Morrison en sus guiones, pero Burnham lleva ya tiempo postulándose para amenazar esa posición. Lo que hizo con Morrison en Batman Inc. (aquí, reseña de su primer volumen) ya le colocó en una posición de salida importante, y Nameless no hace más que confirmar que forman un equipo creativo formidable, intuyéndose una conexión sobresaliente desde las primeras etapas del cómic hasta su configuración definitiva. Si importante es dejarse atrapar por la labor de Morrison sin saber demasiado, lo mismo se puede decir del dibujo de Burnham. Ese es el nivel de empatía que han alcanzado los dos creadores, y por eso estamos ante un trabajo brillante de los que merece la pena leer y, sobre todo, dejarse llevar.
El volumen incluye los seis números de Nameless, publicados originalmente por Image entre febrero y diciembre de 2015. El contenido extra lo forman las portadas originales de Chris Burnham, Jordie Bellaire, Tony Moore y James Flames, un artículo de Grant Morrison con claves para entender la obra, un dossier sobre la elaboración de la portada comentado por Nathan Fairbairn y algunas páginas a lápiza de Burnham.
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