Guión: Jordan Crane.
Dibujo: Jordan Crane.
Páginas: 84.
Precio: 8,50 euros.
Presentación: Rústica con solapas.
Publicación: Julio 2016.
Lo pequeño y breve, a veces engaña. Último sábado de soledad es pequeño y breve. Coqueto incluso, gracias a un formato muy reducido, a su modesta composición de página con dos viñetas rectangulares por página, y a su historia íntima y personal, circunscrita a la vida de un único personaje, el que aparece en la portada con un ramo de flores en la mano y unas cartas dirigidas a una tal Eleanore tiradas en el suelo. Lo mejor que uno puede hacer antes de entrar en Último sábado de soledad es no conocer nada más de la vida de este hombre. No sólo no es necesario, sino que además predispone, cosa que no tendría que sufrir ninguna obra de ficción que tenga tantas ganas de sorprender como esta. Lo que sí se puede dejar claro es que estamos ante el primer trabajo importante de Jordan Crane, publicado originalmente hace ya una década. Y siendo una obra primeriza es una de gran elegancia, gracias a que opta por un desarrollo prácticamente en silencio, lo que acerca mucho al lector y al protagonista, y a un trazo que acerca mucho el trabajo de Crane a la marca que le patrocina, la de Fantagraphics. Desde esa perspectiva se entiende muy bien la sencilla osadía que hay en la historia, incluso con el debate interno que genera en el lector el final que escoge el autor, que impide dilucidar si estamos ante una historia de una belleza infinita o ante una un tanto más complicada.
La parte complicada de analizar Último sábado de soledad es porque la forma en la que Crane finaliza su historia es clave para poder entenderla. Es ahí donde va a conseguir que el lector salga entusiasmado o donde cree una barrera de, al menos, duda. Y de eso no se debe hablar precisamente para no arruinar la sorpresa. Lo que sí está claro es que Crane tiene una sensibilidad muy apreciable, como narrador y como dibujante y que Último sábado de soledad es una historia muy pequeña pero a la vez mucho más ambiciosa de lo que parece. Mezcla lo cotidiano, lo romántico, lo hermoso, incluso lo más reflexivo sobre el paso de los años o la durabilidad del amor, y lo plasma con una belleza visual muy interesante. A Crane no le interesa el realismo en sus dibujos y sus figuras enamoran desde el primer vistazo. Ese es el primer punto a favor. Su maravillosa y emotiva narrativa prácticamente muda, el segundo. Y un personaje brillante en una situación fácilmente identificable, la tercera. El resto es lo que abre el debate. Y si abre debate, no puede ser un mal cómic en absoluto, porque utiliza un abanico de sensaciones y sentimientos espléndido para las pocas viñetas que ofrece. Es, en ese sentido, una pequeña rareza que se lee con mucha facilidad para que pide a gritos una o más revisiones para decidir si es un rotundo triunfo o un camino extraño.
Fantagrpahics publicó originalmente The Last Lonely Saturday en septiembre de 2006. El libro no tiene contenido extra.
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