Editorial: Dibbuks.
Guión: Adrián G. Huelva, Ana L. Cordero, Ana Hernández Carvajal, Antonio José Cuenca, Natsuki A., Carolina Álvarez, Klaux, Mimbrari, José Manuel Criado, Juanjo Rodríguez, Lucía Benavente, Luis Bajo Collados, Marina Saiz Wood, Nicolás Naranjo y Rodrigo Yborra.
Dibujo: Adrián G. Huelva, Ana L. Cordero, Ana Hernández Carvajal, Antonio José Cuenca, Natsuki A., Carolina Álvarez, Klaux, Mimbrari, José Manuel Criado, Juanjo Rodríguez, Lucía Benavente, Luis Bajo Collados, Marina Saiz Wood, Nicolás Naranjo y Rodrigo Yborra.
Páginas: 136.
Precio: 18 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Noviembre 2015.
La simple concepción de El Taller es una invitación al juicio apriorístico. Se trata de una obra que reúne a una serie de estudiantes de la ESDIP madrileña y les da la oportunidad de plantear en ocho páginas una historia más o menos cerrada que sirva como carta de presentación a un proyecto de cómic mucho más extenso. No es una antología de relatos cortos, es lo que estos estudiantes, a los que con este libro publicado habría que empezar a llamar con cierto respeto autores, quieren ser plasmando sus ideas en viñetas. Y sí, son estudiantes, y eso decantará muchos juicios. Los más negativos harán hincapié en que, siendo estudiantes, difícilmente dominará su talento hasta las últimas consecuencias, incluso invitando a pensar en este libro como un pequeño regalo que todavía no se habrían ganado. Las más positivas rezumarán ese cariño que todos tendríamos que sentir hacia quienes en el día de mañana pueden convertirse en los autores de alguno de nuestros cómics favoritos. Quizá, como en casi todo en la vida, el punto intermedio sea el mejor. Esta 3ª temporada de El Taller es un buen tebeo que sirve para conocer a quince autores que tienen mucho que decir. No sólo en el futuro, sino ya con las espléndidas ideas que se cuelan en este libro. Ojalá todos tuvieran la posibilidad de desarrollar su proyecto. Pero si no lo logran, aquí está su carta de presentación. No es poca cosa.
Demiurgo, de Adrián Huelva, es probablemente la introducción más fascinante de este libro a un proyecto de más recorrido, con una narrativa muy interesante. Ana Cordero consigue en El devorador de mariposas una historia atractiva, algo irregular en el dibujo, que pasa de la bestial página doble que rinde homenaje al título a viñetas algo menos conseguidas. Anomia, de Ana Hernández Carvajal, es ciencia ficción de la buena, con un escenario que juega con acierto con la humanidad de los androides. Antonio J. Cuenca parte de una buena idea en El pastor de drones para destacar por un dibujo, desenfadado, dinámico y que merecía un formato mayor para lucir completamente. Diabólika. Estudiante de intercambio es un simpatiquísimo manga de Natsuki A. que destaca por su personaje protagonista y el mucho juego que da en ocho páginas y puede dar en más. Si hay aventura ochentera en el libro, esa es la de Los estigmas del volcán, de Carolina Álvarez, un entretenimiento dinámico con buenos protagonistas. Klaux consigue que Zinzyde sea la historia más atrevida del libro, no por su escena de sexo con dos hombres como protagonistas sino por su arriesgada narrativa y el drama que esconde. La tipografía de Sacrilega Curiam es el mayor problema que hay en el libro por su difícil lectura, una pena porque Mimbrari crea una buena aventura fantástico muy llamativa en lo visual.
Los animales humanizados funcionan bastante bien en Nemeton, de José Manuel Criado, y también su altísimo ritmo, aunque quizá no tanto su color. El duelo de nunca acabar, de Juanjo Rodríguez, es la historia más original, divertida, con la fascinante osadía de incluir una secuencia musical. Nonstop, de Lucía Benavente, plantea un universo tan imaginativo como alocado, y esa mezcla, con un espléndido uso de los grises, consigue captar la atención con facilidad. Luis Bajo apuesta claramente por un estilo que encaja perfectamente en el actual cómic de superhéroes con I 14:12, un relato que destaca por su puesta en escena y por usar con acierto personajes y situaciones bastante arquetípicos. Triality, de Marina Saiz Wood, es una apuesta por lo visual impresionante, con unos saltos espléndidos entre un color sugerente y un intenso blanco y negro, y muy adecuada al relato de fantasía que propone. Trisquel. Una piedra rara… rara es, precisamente, lo más raro del libro, dicho eso con todo el cariño a la propuesta más divertida, una locura frenética y espléndida. Y cierra el libro Be Venus, el festival visual de Rodrigo Yborra, una historia con moralejas bien escondidas bajo un envoltorio divertido y juguetón. Y si falta algún argumento a favor de El Taller, no hay más que ver la salvaje variedad que esconde para saber que el entretenimiento está asegurado.
El contenido extra del libro lo forman sendas introducciones de Kenny Ruiz y Emilio Luján.
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