CÓMIC PARA TODOS

‘Hellblazer: Brian Azzarello’

hellblazer_azzarelloEditorial: ECC.

Guión: Brian Azzarello.

Dibujo: Richard Corben, Marcelo Frusin, Steve Dillon, Guy Davis, Giuseppe Camuncoli, Rafael Grampá y Dave Taylor.

Páginas: 696.

Precio: 45 euros.

Presentación: Cartoné.

Publicación: Julio 2015.

Siendo tan notables los escritores que dirigieron los designios de John Constantine en Hellblazer, es más un ejercicio de fan que de crítico el decidir qué etapa es más auténtica o más lograda. A la hora de evaluar la de Brian Azzarello, se pueden trazar paralelismos con la de Alan Moore, por aquello de que describe un viaje a través de los Estados Unidos más escondidos y menos urbanos, pero realmente no es necesario. Hay mucho de Azzarello en estos dos años que se recopilan en este volumen, hasta el punto de que en ocasiones se pueden ver trazas de algunos de sus trabajos más destacados, por supuesto de 100 balas (aquí, reseñas de los diez volúmenes de su última edición), y eso lleva a convertir a Constantine en un tipo con todos los ases en la manga, seguro de sí mismo incluso en situaciones límite, como durante su estancia en prisión por un asesinato que no ha cometido y del que no sabemos grandes detalles cuando arranca la historia o en un bar perdido en el que se producen situaciones tensas. Esa encarnación cautiva y es indudable el esfuerzo de Azzarello por sorprender a través de pequeñas historias que van conduciendo un relato más largo y ambicioso, magníficamente ilustrado siguiendo esos mismos cortes narrativos por una brillante colección de dibujantes.

El mundo de Constantine según Azzarello es menos mágico, aunque sigue habiendo claros elementos sobrenaturales que utiliza poco pero bastante bien, y más turbio desde un punto de vista realista. Por eso no es nada de extrañar el arranque carcelario en Entre rejas, el magnífico viaje en autostop con el que arranca Buenas intenciones o ese ambiente opresivo en una taberna incomunicada por la nieve en el que se desarrolla otro de los momentos cumbre de este volumen, El infierno helado. Tan a gusto se siente Azzarello reinventando a Constantine que incluso se lanza a narrar en Ingleses y perros falderos un episodio de su juventud que bucea en la faceta más socarrona y divertida del personaje, además de permitirle una mirada hacia su futuro enigmático y fascinante, un regalo que dejó para otros guionistas y que él no quiso o no pudo explorar. Como en 100 balas, Azzarello muestra un dominio formidable del pequeño y del gran relato, pero de alguna manera se muestra más a gusto en lo primero, aunque no necesariamente en números autoconclusivos, sino en esas historias ya mencionadas, que van desde los dos hasta los seis números. Y aunque su Constantine sea menos vulnerable de lo que seguramente sería deseable y apenas tenga dudas en sus decisiones, el resultado es sobresaliente.

Es difícil resistirse a entrar en una nueva interpretación de un personaje, que es lo que ofrece Azzarello, si la puerta de entrada a ese mundo la dibuja Richard Corben, un auténtico clásico del que se disfruta en cualquier situación y que borda el relato carcelario que le ofrece el guionista. Corben es sólo la primera muestra de un magnífico repertorio de artistas. Marcelo Frusin, en Buenas intenciones, en El infierno helado, en Highwater y en Cenizas y polvo en la ciudad de ángeles, es probablemente el que mejor entiende la naturaleza socarrona y la seguridad en sí mismo que tiene este Constantine, probablemente logrando que estos cuatro relatos se conviertan no sólo en el grueso del volumen sino también en las joyas del libro por su espléndido uso tanto de la expresividad de los personajes como de los escenarios en que acontece el relato. No podía faltar Steve Dillon, quien trae a la memoria del lector más avezado en el universo de Vertigo el recuerdo de Predicador (aquí, reseña de su primer volumen). Guy Davis, con Ingleses y perros falderos se suma a un estilo más desenfadado, aprovechando que Azzarello le da a Constantine joven. Giuseppe Camuncoli, antes de ser un fantástico ilustrador de Spiderman, ya apuntaba maneras con su Hellblazer y Rafael Grampá y Dave Taylor cierran el capítulo de ilustradores para un volumen espléndido.

El volumen incluye los números 146 a 174 de Hellblazer, publicados originalmente por DC Comics a través de su sello Vertigo entre marzo de 2000 y agosto de 2002, el número 250 de la misma serie, de febrero de 2009, y material de Vertigo Secret Files: Hellblazer, de agosto de 2000. El único contenido extra lo forman las portadas originales de Tim Bradstreet, Lee Bermejo y Phil Hale.

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