Editorial: Dolmen.
Guión: Enrique V. Vegas.
Dibujo: Enrique V. Vegas.
Páginas: 104.
Precio: 15 euros.
Presentación: Cartoné con sobrecubierta.
Publicación: Octubre 2015.
Si se menciona a Enrique Vegas, probablemente la amplia mayoría de lectores responderá inmediatamente que se trata del autor de las parodias de los personajes cabezones. Y es obvio que no le faltará razón a quien piense en El Cabezón de los Anillos (aquí, su reseña), en Cabezones reunidos (aquí, su reseña) o en Los Cabezones de la Galaxia en cuanto el nombre de este autor se ponga encima de la mesa. Vegas domina tanto este terreno, y ha dejado diseños y gags referenciales tan divertidos, que verle fuera de este escenario resulta extraño. Lo es, pero sólo antes de coger un volumen que no sea una derivación de una película de éxito o de un cómic de superhéroes. Y es que Vegas tiene muchas cosas que contar fuera de ese entorno en el que tan a gusto se mueve. Así lo atestigua Dulces sueños, un ejemplo perfecto de la capacidad del autor para acercarse a terrenos alejados de la parodia, probablemente el mejor que haya realizado hasta la fecha. Vegas tiene la habilidad de colocarse en una posición sin demasiadas pretensiones de partida y, de esa manera, consigue que el lector se encariñe de sus personajes y de su mundo con una facilidad extraordinaria. Y lo hace, lo cual tiene incluso más mérito, sin romper el estilo de dibujo que ha hecho populares sus parodias de cabezones.
Lo que encandila de Dulces sueños, aparte de su más que sugerente título, es el escenario de cuento que escoge Vegas. Y un cuento, además, en el que la protagonista principal es una niña, una que tiene miedo a las pesadillas y las intenta combatir desde el poder de la lectura de, precisamente, cuentos e historias de aventuras. El punto de partida es tan delicioso como sencillo, una formidable interpretación de un mundo onírico que nace de la inocencia infantil de Lili. La pequeña tiene miedo a dormir porque en sus sueños encuentra unas grotescas criaturas y porque se sienta sola ante ellas. Pero Lili acabará descubriendo que la fuerza para responder a sus pesadillas no llega de fuera, sino de ella misma. La moraleja de la historia, a pesar de su aparente sencillez, es preciosa, una lección que sirve para que el tebeo sea perfecto para los más pequeños, y no sólo por el indudable encanto de sus personajes, pero también para los adultos que todavía sepan apreciar la belleza de una historia sencilla. Vegas, de hecho, se maneja muy bien en un universo controlado, en una anécdota aparentemente modesta y con pocos personajes en liza. No necesita más para contar una historia que tiene en la concreción y en la síntesis poderosos aliados para que su mensaje cale con facilidad en lectores de todas las edades.
Siempre dentro de la sencillez visual y respetando el estilo que ha hecho popular el trazado de Vegas, el hecho de aparcar la parodia hace que el autor sea algo más detallista en todas las ilustraciones, únicamente relaja el trazo en pocos personajes que aparecen al fondo de alguna viñeta. Pero Vegas sabe que el triunfo de su dibujo está en lo conocido. Lili, Nube y los demás personajes mantienen el encanto acostumbrado en el autor, son personajes adorables a primera vista. Siendo la pequeña Lili la protagonista, eso acaba resultando esencial para que la historia conmueva incluso con más facilidad, y esa misma sencillez es la que hace que funcionen con la misma eficacia los monstruos del sueño de la pequeña. Dulces sueños es sobre todo un libro que busca generar sensaciones inmediatas. La inocencia de Lili, la planta de Nube, el miedo que generan los monstruos… Siendo todo tan directo, es normal que el estilo de Vegas encaje tan bien en esta historia. O al revés, que la historia encaje tan bien en el estilo de su autor. Al final, es una simbiosis tan hermosa entre el fondo y la forma la que consigue Vegas que se aparca con facilidad el deseo que puede tener cualquier lector apasionado de la fantasía de que este pequeño cuento se realizara con un estilo más realista y espectacular. Y es que es delicioso ver que algo tan pequeño alcanza una escala tan grande.
El contenido extra es un portafolio de bocetos.