Guión: Christophe Chabouté.
Dibujo: Christophe Chabouté.
Páginas: 256.
Precio: 28 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Abril 2015.
Desde que Un poco de madera y acero (aquí, su reseña) mostrara la maestría con la que Christophe Chabouté domina el silencio, lanzarse de cabeza a la adaptación de una obra tan majestuosa y sensorial como Moby Dick se antoja un reto excepcional. Y el resultado es imponente. Por un lado, la misma historia escrita por Herman Melville es un poderosísimo argumento para zambullirse en este volumen, pero por otro es su gran peligro. Incorporar elementos propios que hagan valorar el trabajo del autor es, efectivamente, un desafío. Pero Chabouté sale mucho más que airoso del trance, en primer lugar porque su Moby Dick prácticamente coincidió en el mercado con otro, el de Olivier Jouvray y Pierre Alary (aquí, su reseña), uno que además se vendía como una adaptación libre, lo que, de forma casi inconsciente, obligaba también a Chabouté a hacer algo diferente. Lo hace porque, con la lección aprendida de Un poco de madera y acero, consigue que el silencio juegue a su favor en las descripciones, que su versión de Ahab sea terrorífica y obsesionada, exactamente igual que se percibe en las páginas de Melville, y porque su meticuloso y detallista dibujo en blanco y negro es deslumbrante. Quizá la pega sea justo la mencionada, que Moby Dick ya ha tenido muchas versiones. Pero esta es fascinante y así ha de reconocerse.
Es evidente que no hay sorpresas argumentales en una historia mil y una veces contada, y Chabouté elude golpes de efecto innecesarios en ese sentido. Por eso, la fuerza está en lo sensorial, en la impresión que produce cada escenario, cada personaje, cada acción y cada diálogo al otro lado de la página. Y eso lo logra con el sonido y con el silencio, aspecto que Chabouté domina en cada escena, desde el lento caminar de Ismael hasta Nantucket hasta las casi misteriosas irrupciones de la gran ballena blanca desde el fondo del mar, pasando por los imponentes discursos motivadores de Ahab, las absorbentes descripciones del trabajo en el Pequod o los efectos del tiempo en la travesía del barco y en la misma locura de su capitán. Lo que Chabouté consigue en su mirada a Moby Dick es, adaptándolo al lenguaje del cómic, que lo mejor de su trabajo sea lo mismo que en el de Melville: las descripciones. La resolución, poética y dramática a partes iguales, es obviamente importante, pero no es lo más importante. En el Moby Dick de Chabouté, desde luego, no lo es. Es ahí donde más arriesga el autor y, de hecho, se puede decir que donde menos triunfa. Pero es tan impresionante el desarrollo y la inmersión en el mundo del Pequod, en una travesía de pesadilla y destinada a tener un final terrible, que ese mismo final ya se ha sentido antes incluso de que llegue.
Retomando de nuevo la maestría de Chabouté en la gestión de los silencios, es algo esencial a la hora de evaluar su dibujo. Porque, aunque haya mucho diálogo en la obra, cada escena se puede valorar de un vistazo con la misma facilidad. Las expresiones, la puesta en escena, el encuadre y, por supuesto, el sensacional juego de luces y sombras que le permite el blanco y negro son esenciales para la inmersión emocional que plantea la obra. Viendo la escena en la que Starbuck entra en el camarote de Ahab, le encuentra dormido y vacila, sin saber si actuar con responsabilidad para poner fin a la alocada caza de la gran ballena blanca o actuar como el segundo de a bordo fiel que todo capitán desea. En esa escena está la clave para entender la forma en la que Chabouté cuenta sus historias, si es que no se ha caído ya antes en sus garras de extraordinario narrador. Moby Dick tiene tal fuerza desde su original literario que cada adaptación merece un respeto, aunque sea por la osadía de atreverse a encontrar ángulos nuevos a una novela tan excepcional. Este no puede ser menos, pero al mismo tiempo merece más atención que la que deriva de la obra de Melville. Chabouté merece esa atención como narrador de primer nivel, incluso aunque el clímax de su Moby Dick no sea el duelo final entre el hombre y la ballena, sino que está en las emociones que desembocan en ese momento.
El volumen incluye los dos libros de Moby Dick, publicados por Vents D’Ouest original y respectivamente en enero y noviembre de 2014. El libro no tiene contenido extra.