Jean-Yves Ferri y Didier Conrad encaran en Astérix. El papiro del César su segundo álbum con las aventuras de los irreductibles galos. Y como cada nuevo título de Astérix es un acontecimiento mundial, los autores están de gira por toda Europa para hablar de su nuevo trabajo. Esta semana han estado en Madrid, y gracias a Salvat, la editorial que publica estos cómics en España, han compartido su tiempo con una docena de periodistas y blogueros entre los que tuvimos la enorme fortuna de estar. La animada charla que mantuvimos con Ferri y Conrad tuvo lugar en Bocadillo de Jamón y Champán, un escenario perfecto porque su gastronomía reúne lo mejor de la comida española y de la francesa.
Siendo ya el segundo álbum, parecía obligado preguntar a los autores cómo se van sintiendo. Conrad confesó que se han sentido más libres en este segundo porque «en el primero teníamos mucha presión, era más esperado». La libertad, en todo caso, la tuvieron desde el principio, ya que no recibieron consignas ni consejos ni de Albert Uderzo, cocreador de la serie, ni de Anne Goscinny, heredera del otro autor («ese es el problema, que no recibimos consignas», dijo entre risas Ferri). Incluso las tornas han cambiado, porque cuando se anunció que tomaban las riendas del personaje Uderzo era el que no quería y la familia de Goscinny sí era partidaria, y ahora «Uderzo lo ha vivido mejor y Goscinny un poco peor». Los álbumes de Astérix, añade Ferri, son «cuentos atemporales que podrían empezar con la frase Érase una vez«.
Dado que tardan año y medio en desarrollar cada álbum, se supone que cada dos años podría haber en las librerías una nueva historia de Astérix («si se lo preguntas a los lectores dirán que cada año», dijo Conrad), pero los autores confiesan que «no hay un plan a largo plazo» y que «lo más importante es la idea» antes de ponerse a trabajar. Astérix y los pictos (aquí, su reseña) tuvo a Ferri trabajando como guionista por su cuenta, ya que Conrad no había entrado todavía en el proyecto, pero ahora, ya conociéndose, ambos se han adentrado en la labor del otro. Y de una forma peculiar, porque Conrad vive en Austin, en Texas, mientras que Ferri lo hace en la frontera francesa con España, con lo que la comunicación era más bien difícil, cuando uno se despertaba veía lo que el otro le comentaba. «No hay conflicto», admitió Ferri entre risas para demostrar el buen rollo existente entre ambos.
Ferri y Conrad huyen de toda polémica. Creen que no la hay por la representación humorística de los númidas, ya que según los autores «el sistema de Astérix es burlarse de los estereotipos» y además esos personajes juegan «un papel importante positivo y clave en la historia», ni tampoco por el hecho de que uno de los personajes de El papiro del César esté basado en Julien Assange («al revés», afirman). Esa crítica al periodismo y a la comunicación fue una invitación a que Ferri y Conrad reflexionaran sobre el tono de este álbum es comparación con los clásicos. ¿Más cómico o más satírico? Según dijeron, «esos álbumes antiguos ahora parecen comedia pero antes eran sátira», y puso como ejemplo La Residencia de los Dioses (aquí, su reseña).
Los dos autores presumieron de que las críticas que han recibido tanto Astérix y los pictos como El papiro del César han sido «muy buenas», aunque saben que hay que estar pendientes de ellas. «Hace 30 años no se recibía Astérix como ahora, ahora lo reciben lectores de todas las edades, críticos y público», explican. A la hora de trabajar, se aíslan de todos los comentarios, pero una vez terminan el álbum, «ya deja de ser tuyo», según explicó Ferri. De las críticas del primero de sus álbumes, por ejemplo, sacaron la necesidad de dar más presencia a Ideáfix. Ferri y Conrad recuerdan que. antes que autores, han sido lectores, algo de lo que no pueden presumir sus creadores. «Goscinny nunca ha leído un Astérix como lector y Uderzo lleva dos nada más. Para nosotros, el periodo de formación sí que ha sido cuando éramos lectores de Astérix», dicen.
Conrad explicó su forma de trabajar. «La concepción de la viñeta la hago a mi estilo y luego la adapto al de Uderzo», confesó. Lo más difícil de esa tarea, explicó, es conseguir una paleta de expresiones tan rica y numerosa como la de Uderzo. «Tengo que ver las expresiones para luego traducirlas al dibujo», continuó. Lo que está claro es que en la historia los personajes van a ir cobrando protagonismo en función de que los autores encuentren «nuevas facetas» que no se hayan tratado en los álbumes anteriores, como en El papiro del César sucede con la juventud de Panorámix, algo que surge del estudio de los personajes precisamente porque ellos no son sus creadores, pero sin regirse por criterios de cuotas de edades, sexo o categorías.
No quisieron mojarse sobre sus planes de futuro, y sobre todo tienen claro que después de tantos años y tantos álbumes, y aunque no se lo quieren tomar como una obligación, quieren mantener esa tradición de alternar historias en las que Astérix esté en la aldea y en las que salga de ella. Incluso aunque ya no haya muchos países que visitar, volver a Egipto y encontrarse de nuevo con Cleopatra sería una posibilidad para próximas aventuras. Lo que sí tienen claro es que quieren tocar temas de actualidad como en El papiro del César, porque «va más con nosotros» y porque tienen los últimos treinta años para sacar temas interesantes.
Les gustaría algún día que hubiera una adaptación al cine de este álbum, como la ha habido de La Residencia de los Dioses (aquí, su crítica), la que consideran un muy buen trabajo, porque eso permitiría «desarrollar más cosas que ya tenían en la historia pero que no han utilizado» porque «es un álbum denso y hemos tenido que comprimirlo mucho». Y ya que Astérix ha encontrado nuevos autores, quizá sea Tintín el último gran personaje del cómic francobelga que no tiene herederos directos. ¿Se atreverían a coger las riendas de las aventuras del más famoso reportero de las viñetas europeas? «Sin problema, yo lo hago cuando sea», afirmó Ferri para concluir el encuentro.