Guión: Wataru Yoshizumi.
Dibujo: Wataru Yoshizumi.
Páginas: 192.
Precio: 9,95 euros.
Presentación: Rústica con sobrecubierta.
Publicación: Octubre 2015.
El mayor atractivo de Capuccino, shôjo de Wataru Yoshizumi, radica en que es una historia que genera emociones. Y el mérito recae en que esas emociones no son especialmente positivas. El motivo es simple, lo que cuenta Capuccino es qué le sucede a una joven pareja desde que deciden irse a vivir juntos, cuando surgen las dudas y los engaños. Sôsuke y Ari son una pareja encantadora, así la presenta Yoshizumi, pero deja ya desde el principio el camino abierto a la amargura. La que vamos a ver no es una historia feliz, contraste inmediato de la felicidad que sí desprenden las ilustraciones de la portada y de la contraportada, precisamente porque los dos personajes actúan de una forma que no está pensada para generar simpatía o empatía. Si acaso, realismo. Y es ahí donde Yoshizumi convence. Esas son las emociones que consigue. Las mismas que, probablemente, sienten algunos de los personajes secundarios, lo que crea un vínculo muy diferente con este manga. Sôsuke probablemente generará malestar por las decisiones que adopta y la forma en la que se comporta, y más teniendo en cuenta que el público al que se dirige esta historia es sobre todo el femenino, y Ari frustración por sus miedos y su indecisión. El final de la obra es lo que hará que los lectores acepten más o menos lo que han leído hasta ese punto, pero se puede decir que es tan realista como lógico.
Yoshizumi consigue solventar una de las deficiencias habituales del género haciendo creíble los universos personales de Sôsuke y Ari. Tienes amigos, trabajo y familia, y Capuccino no se limita a mostrar el universo cerrado de la pareja, como si nada más influyera en ella. De hecho, esto mismo acaba siendo uno de los motores del relato, como se evidencia en sus capítulos finales. Hasta llegar ahí, en lo que más acierta el autor es la cotidianidad que muestra, en que los pensamientos de los dos protagonistas que van guiando al lector son certeros y realistas. Aunque ambos tienen elementos atractivos que sustentan el amor con el que arrancan la historia, Capuccino no está pensada para enamorarse de ninguno de los dos. Es más bien al contrario. Aunque al principio lo pueda parecer, no estamos bien una relación perfecta, sino una que se va destruyendo lentamente, con gestos, miradas y comportamientos, y de esa manera consigue trazar un retrato bastante preciso del desamor. Es verdad que, en realidad, la historia es poco ambiciosa, se limita en realidad a un episodio algo alargado y que seguramente se podría haber contado en menos espacio, pero el final es lo suficientemente satisfactorio como para perdonar ese defecto. A fin de cuentas, no todos los relatos tienen que ser ambiciosos en su escala y hay cabida también para pequeños instantes fugaces como este.
Eso sí, convence más en lo visual que en su trama. Yoshizumi dibuja figuras muy bellas, compensando precisamente esa falta de empatía que generan los comportamientos de Sôsuke y Ari. Verles es quererles. Su imagen sí es la de una pareja perfecta. Y es a través de las miradas como Yoshizumi va destruyendo ese aspecto ideal de su noviazgo, con dudas y con tristezas. Todo eso se ve en sus personajes, y por eso el devenir de la historia es tan natural y realista. No hay nada forzado, ni siquiera la irrupción (o la reaparición) en la historia de Masaki, la estudiante de Sôsuke que abre el conflicto en la pareja. El autor juega bastante bien con la composición de la página, e incluso convence con algunas viñetas en las que prescinde de los personajes para que todo el espacio lo ocupen los diálogos, sobre fondos urbanos o incluso sobre mezclas de formas que denotan estados de ánimo. Capuccino es una obra interesante precisamente porque parte de algo cotidiano, incluso intrascendente si se quiere, pero dándole una forma mucho más compleja. De nuevo hay que insistir en que buena parte del éxito reside en la forma en la que el lector abrace su final. O incluso en los recuerdos de historias vividas que pueda despertar en cada persona que se asome a esta historia que combina, como la vida misma, momentos de felicidad y de dolor.
Shueisha publicó originalmente Il Capuccino entre 2008 y 2009 en la revista Chorus y posteriormente, en junio de 2009, la recopiló en un tomo. El volumen no tiene contenido extra.