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Cine – ‘La Sombra’, de Russell Mulcahy

La Sombra-Título original: The Shadow.

Director: Russell Mulcahy.

Reparto: Alec Baldwin, Penelope Ann Miller, John Lone, Peter Boyle, Ian McKellen, Tim Curry, Jonathan Winters, Sab Shimono.

Guión: David Koepp.

Música: Jery Goldsmith.

Duración: 108 minutos.

Distribuidora: Universal.

Estreno: 1 de julio de 1994 (Estados Unidos), 8 de noviembre de 1994 (España).

Sería un juego fácil de palabras decir que la sombra del Batman de Tim Burton (aquí, su crítica) fue muy alargada durante algunos años en Hollwyood para hablar de la intentona de Russell Mulcahy de hacer justicia cinematográfica a La Sombra, el mítico personaje pulp creado por Walter B. Gibson. Pero al mismo tiempo sería algo totalmente adecuado a la verdad. La Sombra es un intento claro de aprovechar el tirón de Batman. A falta de un mundo editorial de superhéroes propios del que tirar, como Warner con DC, Universal apostó por otro tipo de personajes. Y la Sombra fue uno de los primeros. No se puede decir que la película sea memorable, ni tan siquiera que sea la versión definitiva del personaje. De hecho, fue tan mal en taquilla que las pretensiones de convertir el filme en una saga se quedaron en nada y nadie se ha atrevido a tocar la franquicia desde entonces, y ya han pasado más de veinte años de aquello. Y sin embargo, es una película que, precisamente con el paso de los años, ha ido ganando adeptos gracias a esa nostalgia que siempre pesa entre los aficionados. Sus defectos siguen ahí, pero sus virtudes pasaron demasiado desapercibidas. Ganan los primeros, sobre todo porque la película en su conjunto acaba resultando bastante sosa, pero sería injusto despreciarla por completo.

Si hay algo que todavía hoy sigue muy vigente en La Sombra es su aspecto visual. Russell Mulcahy nunca fue un gran director, pero el prestigio que le dio Los inmortales bastó para que llegara a aquel punto con una posición cómoda en el Hollywood de acción. Lo que hizo en La Sombra fue un trabajo de aliño bastante funcional para que su película luciera en pantalla. Así, tuvo la habilidad de saber mezclar efectos deudores sobre todo de El secreto de la pirámide (que se estrenó casi una década antes) y una ambientación que bebía descaradamente de la ya mencionada Batman, sobre todo en el aspecto del personaje principal y en su escenario eminentemente nocturno, y de Dick Tracy, sobre todo en la recreación del entorno urbano, en este caso una Nueva York con un inagotable encanto retro. E incluso aunque no fuera lo que esperaban los aficionados más clásicos del personaje, lo que Mulcahy consiguió es que la Sombra funcionara en pantalla, que se sintiera ese poder de mantenerse invisible ante los malhechores salvo por su sombra. Con un hábil juego de luces y de efectos visuales, el personaje cobraba vida. De hecho, no es nada descabellado decir que la mejor escena de la película es la primera aparición de la Sombra. Lástima que el resto de la película no acompañara igual de bien.

El problema de La Sombra está en que mezcla una ambición sobre el papel con una economía de recursos bastante alarmante. Es una película que quiere acercarse a los orígenes asiáticos del personaje y encontrarle un villano desde ese espectro, el último descendiente de Genghis Khan, que busca conseguir lo que el mítico conquistador no hizo, dominar el mundo. Pero esos dos aspectos quedan realmente pobres en la película. Es más, en ellos domina una ingenuidad que lastra bastante la película, porque un pequeño plano no basta para explicar el pasado sangriento de Lamont Cranston ni la simple presencia de un Khan justifica un villano tan poco desarrollado y protagonista de momentos bastante ridículos y que se saltan a la torera la continuidad de la película. Tampoco hay un acierto en la elección del reparto. A mediados de los 90 y a pesar de algún papel destacado en películas como Bitelchús o La caza del Octubre Rojo, Alec Baldwin era más popular por su relación con Kim Basinger. El carisma que ha ido ganando con los años no lo tenía entonces y su Lamont Cranston es aburrido y poco interesante. John Lone tampoco consigue que su villano sea memorable, y eso, en una película de héroes enmascarados, es otro lastre difícil de superar.

En realidad, sobre todo a Lone le pesa que el guión de la película, a pesar de estar firmado por David Koepp (que, adentrándose en el género de superhéroes dejaría un trabajo mucho más redondo en el primer Spider-Man de Sam Raimi, aquí su crítica), no termina de explotar. Lo mismo sucede con la chica de la historia, la Margo Lane que interpreta Penelope Ann Miller y que casi se queda en un elemento decorativo, o incluso al tibio papel que le queda a un actorazo como Ian McKellen. Todos parecen algo desaprovechados, y el único que sí parece estar en su salsa es un desatado Tim Curry. Pero el interés de la película, y el de Mulcahy, está en lo visual, y ahí La Sombra mantiene intacto su encanto. Se nota el paso del tiempo, por supuesto, pero hay una dirección imaginativa y consecuente con el origen pulp del personaje, al que sí se ve lucir en pantalla, aunque sea poco tiempo por la obligación que siente Hollywood de mostrar el rostro de sus estrellas durante demasiadas escenas cuando interpretan a personajes enmascarados (el clímax, de hecho, muestra a Alec Baldwin sin su máscara y sin la transformación física que comporta la Sombra y que es otro de los aciertos del filme). La Sombra tiene muchos defectos, pero mantiene un pequeño encanto que hace que revisarla merezca la pena.

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Esta entrada fue publicada en 16 octubre, 2015 por en Cine, Universal y etiquetada con , , , , , , .

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