Título original: Batman: The Dark Knight Returns. Part 2.
Director: Jay Oliva.
Reparto: Peter Weller, Ariel Winter, David Selby, Mark Valley, Michael Emmerson, Michael Jackson, Maria Canals Barrera, Grey DeLisle, Michael McKean, Robin Atkin Downes, Tress McNeille, Jim Meskimen.
Guión: Bob Goodman.
Música: Christopher Drake.
Duración: 75 minutos.
Distribuidora: Warner.
Estreno: 29 de enero de 2013 (Estados Unidos, vídeo).
Si la primera parte de Batman. El regreso del Caballero Oscuro (aquí, su crítica) ya había dejado un sabor de boca inmejorable, esta segunda, dirigida como la primera por Jay Oliva, completa el cuadro y confirma que ésta es una de las grandes películas de dibujos animados protagonizada por el personaje, seguramente la más sobresaliente y satisfactoria de las producidas hasta la fecha de su estreno. Con una fidelidad notable a la novela gráfica de Frank Miller, una valentía inusual en el género a la hora de plasmar en imágenes lo que ya tenían las viñetas y unas piezas de acción formidables, el filme es, para los aficionados al cómic de superhéroes, un título imprescindible. Esta segunda parte adapta los volúmenes tres y cuatro de El regreso del Caballero Oscuro, la histórica novela gráfica publicada en 1986. Quien la conozca sabe que ahí están dos de los grandes platos fuertes de la violenta y rompedora visión de Frank Miller, el enfrentamiento final de Batman con el Joker y la confrontación contra Superman. El héroe contra su némesis y, más adelante, contra otro héroe que se sitúa en el lado opuesto del espectro de los vigilantes. La lucha contra la oscuridad y contra la luz. Ambas, indudables puntos fuertes de una película espléndida, tienen un carácter de definitivo, sobre el papel, en la novela gráfica y también a la hora de convertirlos en imágenes en movimiento.
En ellos está el verdadero triunfo del trabajo como director de Oliva, pero también del que lleva a cabo el guionista Bob Goodman. No es fácil adaptar la transgresora versión de Miller y ambos lo hacen con mucho éxito y manteniendo esa esencia tan característica del cómic de los años 80. Se mantiene todo lo que está en el corazón de El regreso del Caballero Oscuro y se pueden ver los grandes temas que escondía la novela gráfica: lo que significa ser un superhéroe y las diferentes formas de serlo, la dicotomía inevitable entre el héroe y el villano, y el análisis de una figura tan icónica como la de Batman. Si la primera entrega trataba de acercarse con sinceridad a los logros de Christopher Nolan en su trilogía sobre el personaje, la segunda busca y consigue una personalidad aún más propia. Lo hace incluso a pesar de que su arranque es algo más lento que el del primer filme, y que el momento climático por excelencia del filme, el de su frase más memorable, no esté a la altura del resto del filme. A pesar de que pronto asume un ritmo endiablado que llega hasta su epílogo, el comienzo reincide en la secuencia de introducción del Joker con la que se cerró la primera parte del díptico y la presencia constante de imágenes televisivas, marca indeleble de la novela gráfica. No termina de funcionar como rasgo distintivo de la película, pero se agradece ese nivel de fidelidad al cómic.
Y es que, aún manteniendo ese respeto a Miller, lo cierto es que la película explora nuevos territorios sin miedo a las consecuencias o a esa calificación PG-13 que acompaña la distribución de la película en Estados Unidos y que limita el acceso del público infantil. La brutalidad homicida del Joker encuentra aquí nuevas vías de exploración. Pero es que tampoco podría ser de otra manera siendo el Joker y en su acto final. Es en ese personaje, y en su relación con Batman (impresionante y muy intencionado el cambio de escenario donde se produce su pelea final) donde la película se toma las mayores libertades. También en el papel de James Gordon durante las revueltas que apacigua Batman, y aparcando la ironía que Miller le dio a Alfred, que en la película apenas tiene protagonismo hasta el final. La fidelidad al original está en el diseño de los personajes y algunas secuencias, que beben directamente del cómic (la explosión del misil nuclear y la resurrección de Superman gracias a la Madre Tierra), pero el gran mérito de Oliva y su equipo está en convertir escenas de acción de un par de páginas en grandes piezas de batalla que no palidecerían en una película de gran presupuesto. Impresiona ver a Superman en acción en la guerra de Corto Maltese, pero también la batalla final entre el Hombre de Acero y Batman, así como el enfrentamiento del Caballero Oscuro contra la Policía o, cómo no, su duelo final con el Joker.
La notable animación que tiene el filme para los medios de que dispone, no olvidemos que se trata de una producción para vídeo, acompaña al gran trabajo de las voces originales. Peter Weller mejora aquí lo que había hecho en la primera parte en algunos de los momentos más impactantes (no, hay que insistir en ello, en lo menos logrado del filme, el momento final del enfrentamiento entre Batman y Superman, pero el gran papel de esta continuación es el de Michael Emerson, que compone un Joker fascinante. Mark Valley es un Superman muy convincente, y en general es muy difícil encontrar voces que chirríen con el gran trabajo que habitualmente hace Andrea Romano en la dirección de doblaje de las películas basadas en el universo DC. En realidad, casi todo en la película roza un nivel sobresaliente y por eso es imposible no contar Batman. El regreso del Caballero Oscuro, como obra completa y en particular con esta segunda parte, como una de las grandes obras del género realizadas en dibujos animados. La película hace justicia al original y a la leyenda de Batman, a su interminable duelo contra el mal que representa el Joker y a la confrontación siempre latente que hay con la forma en la que Superman ve la justicia, radicalmente opuesta a las del guardián de Gotham. Todo eso está en la película, se ve, se siente y se disfruta. Por eso es una pequeña gran maravilla.