Guión: Grant Morrison.
Dibujo: Phil Jiménez, Tommy Lee Edwards, Paul Johnson, Steve Yeowell y Mark Buckingham.
Páginas: 248.
Precio: 24 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Junio 2015.
Siempre que se revisa la obra de Grant Morrison se puede llegar a nuevas conclusiones, pero hay una que es difícil cambiar: las conclusiones es mejor sacarlas al final. Por supuesto, eso no exime a una serie, sea Los Invisibles o cualquier otra, de tener que satisfacer unas necesidades inmediatas. El gran cuadro puede ser brillante, pero cada una de las imágenes que lo forman ha de proporcionar un mínimo entretenimiento para que el conjunto brille. En este tercer volumen de Los Invisibles Morrison se mueve por esa frontera. Por momentos, la fascinación que produce la serie es absoluta pero hay otros pasajes en los que la sensación de desconcierto es tan grave que el mensaje que recibe el lector es de un elitismo exagerado que aleja al destinatario de los objetivos del autor. Es verdad que lo primero actúa con más fuerza que lo segundo, también porque el británico se rodea de un grupo de magníficos ilustradores que dan rienda suelta a su talento para que las imágenes que surgen de la cabeza de Morrison cobren vida, pero sigue quedando esa sensación de que las piezas del rompecabezas no están siempre al alcance, bien porque su ofrecimiento haya sido demasiado sutil o porque la clave para conectarlo todo está aún por llegar. Eso, con el conjunto completado, puede acercarse a la genialidad. Pero en este punto también roza la intrascendencia.
Más que una valoración, eso último es una advertencia: Morrison exige. Y si lo hace con sus historias de superhéroes, mucho más cuando se adentra en terrenos más complejos y, a priori, adultos. Si se acepta el reto del escritor, sus series siempre dejan detalles fascinantes. En este volumen, Los Invisibles cierra una primera fase. Lo hace con un final pausado y mucho más lento de lo que cabía esperar viendo el punto en el que finalizaba en el segundo libro (aquí, su reseña), incluso con un interludio de por medio para contar el origen de unos de los integrantes de este singular grupo. En ese sentido, es lícito sentir cierta dispersión en ese ritmo. Puede que no la haya en realidad, pero se siente. Eso sí, cuando el brutal interrogatorio al que se somete a King Mob alcanza sus puntos álgidos o con el regreso a la trama de Dane McGowan, todo vuelve a conectar y sentirse como en el arranque de la serie. No con todas las explicaciones ni con todos los elementos necesarios para comprender todavía la verdadera dimensión de las pretensiones de Morrison, pero sí enganchando con facilidad, ahí sí, con su forma de ver y contar las cosas. Eso sí, por mucho que sea el fin de una etapa, es evidente que a Morrison no le gustan las cosas fáciles ni los cierres contundentes, como evidencia no sólo el instante final sino también el número que sirve de epílogo.
Con el dibujo, Los Invisibles termina de convencer, incluso cuando los guiones de Morrison bordean la perplejidad desinformada del lector. Phil Jiménez es el primero en prestar sus lápices en este volumen, y probablemente el que mejor resultado saca a la imaginativa historia que recibe. Steve Yeowell, que cierra la historia principal con un número similar de páginas al que tiene Jiménez, también brilla con su trabajo. Entre medias, Tommy Lee Edwards firma el mencionado interludio con un estilo más oscuro y menos definido que se aleja del trabajo de sus colegas, algo necesario precisamente por el tono y el tiempo de la historia de la que se ocupa difieren bastante. Con algún instante de brillantez, quizá el menos llamativo de todos sea el trabajo de Paul Johnson, mientras que Mark Buckinghgam cierra el libro con un epílogo en el que se muestra eficaz pero menos brillante que en su espléndido trabajo posterior para Fábulas. Por muchas pegas que se le puedan sacar a Los Invisibles en alguno de sus tramos, lo cierto es que el nombre de Grant Morrison sigue teniendo el tirón necesario como para que cualquiera de sus obras llame, al menos la atención. Y sí, Morrison siempre se las arregla para que algo esté a la altura de las expectativas, aunque cantar victoria con el conjunto siempre exija más que la media o esperar hasta el cierre de sus historias.
El volumen contiene los números 17 a 25 de The Invisibles, publicados originalmente por DC Comics a través de su sello Vertigo entre febrero y octubre de 1996. El contenido extra lo forman las cubiertas originales de Sean Phillips, Jill Thomson y brian Bolland, así como textos y bocetos de Grant Morrison sobre la serie y los personajes.